Image: Lecciones líricas en Barcelona y Sevilla

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Música

Lecciones líricas en Barcelona y Sevilla

18 marzo, 2004 01:00

Macbeth en el montaje de Phyllida Lloyd. Foto: Clive Barda

Dos obras maestras de la ópera, bien distintas entre sí, coinciden en los cartelloni de nuestro país. Nos referimos, en primer lugar, a Macbeth, uno de los primeros frutos importantes de Verdi. Pese a ciertas desigualdades, algunas explicables banalidades en la orquestación y aún en la temática, es una partitura llena de hallazgos en la que hay depositado mucho saber e intuición dramáticos; mucha capacidad para edificar una carpintería que, por derecho y sin tapujos, ni tampoco refinamientos, sirve muy dignamente, con efectos realmente tenebrosos, el original de Shakespeare. Hay bastantes originalidades en la construcción de un tejido fluido y ceñido, en la forma en la que se diseñan los dúos, en el uso del parlato, en los poderosos contrastes. Tengamos en cuenta que está fechada en 1847, aunque 18 años más tarde, para la ópera de París, el compositor realizara algunos cambios y redactara de nuevo ciertos pasajes. Carlos álvarez y Maria Guleghina cantan la obra a partir de mañana en el Liceo de Barcelona. El barítono malagueño parece encontrarse en un buen momento, con la voz en todo lo alto, densa, oscura, timbrada, como hemos tenido ocasión de comprobar en La Maestranza hace escasas semanas. Guleghina es una soprano poderosa, de amplia musculatura vocal, que ha dado forma ya varias veces la Lady.

Con ellos se alternan el excelente Joan Pons, un artista ya muy avisado, y Carolyn Sebron, hasta hace no mucho servidora de papeles de mezzo. Completan el reparto Marco Berti (voz tenoril a seguir) y Vicente Ombuena para MacDuff y Roberto Scandiuzzi y Stefano Palatchi para Banquo. Se exhibe una coproducción dirigida escénicamente por Phyllida Lloyd y musicalmente por el competente Bruno Campanella.

Fábula moral
La otra ópera es La zorrita astuta, una auténtica delicia en la que brilla como pocas veces el lenguaje tan característico de Janácek en una suerte de fábula moral protagonizada por animales redactada por el propio compositor sobre la novela de Rudolf Tesnohlídek Liske Bystrouska. La ópera se estrenó en Brno en 1924 y supone una visión muy positiva de la vida, aun encerrando en ella a la muerte. La técnica de trabajar sobre células breves, que aparecen y reaparecen de manera cíclica, lo caleidoscópico de la pintura, convierten a esta ópera en una singular obra maestra, que va poderse contemplar en una muy fiel producción de la ópera de Gales y que lleva la firma del siempre imaginativo y colorista David Pountney, trasladado a sonidos por Tomas Netopil. Los primeros papeles vienen defendidos por cantantes de origen checo. Las dos representaciones fuera de abono, el miércoles y viernes, se verán en el Maestranza.