La profesora (Mia Wasikowska) en una clase con los alumnos de 'Club Zero', dirigida por Jessica Hausner

La profesora (Mia Wasikowska) en una clase con los alumnos de 'Club Zero', dirigida por Jessica Hausner

Cine

Sectas y anorexia en 'Club Zero', de Jessica Hausner: "Los bulos están matando a nuestros jóvenes"

La directora austriaca denuncia en su nueva película la precariedad de los maestros encargados de educar a los adultos del mañana.

22 marzo, 2024 01:42

A Jessica Hausner (Viena, Austria, 1972) le cabrea sobremanera el trato que reciben los profesionales dedicados al cuidado y ha decidido vaciarse de bilis en su última película, Club Zero.

Este drama gélido y alucinado, ambientado en un exclusivo instituto, plantea en nuestros cine a partir de este 22 de marzo la controversia de dejar a los hijos a cargo de profesionales sin supervisión y mal remunerados.

El título de su segunda incursión cinematográfica en inglés es el nombre de una secta liderada por una maestra que aboga por un mundo de ayuno en pos de una supuesta salvación del planeta.

Pregunta. ¿Tratamos bien al profesor en nuestra sociedad?

Respuesta. No se tiene en gran estima a los maestros. Ponemos en valor a las personas equivocadas. ¿Cómo podemos admirar a gente que se ha hecho millonaria transfiriendo dinero y no dar a las personas que educan a nuestros niños o trabajan en el hospital la relevancia que merecen? Que alguien me lo explique. Mi historia muestra los peligros de algo así. Los chavales son vulnerables y si no los guías ni ayudas, quizás alguien pueda utilizar esos momentos para manipularlos.

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P. La persona que interpreta a esa maestra manipuladora es Mia Wasikowska, que nos tiene acostumbrados a papeles desasosegantes. ¿Influyeron sus papeles pasados en su elección?

R. Tanto sus trabajos previos como su aspecto físico. Mia me fascina por su apariencia delicada, que da la sensación de que no podría matar una mosca, pero también porque parece que oculta en su interior algo oscuro.

Jessica Hausner. Foto: Karma Films

Jessica Hausner. Foto: Karma Films

P. ¿En qué medida es su película una crítica?

R. En la película coexisten diferentes posturas. La juventud está luchando de manera justa por su propio futuro. El cambio climático está teniendo efectos enormes en nuestro mundo. El tiempo corre en nuestra contra, así que comprendo perfectamente por qué se manifiestan e incluso las razones que les llevan a pasar a la acción. Una de las protagonistas de mi película realiza una declaración política en la que acusa a la industria alimentaria de destruir nuestros cuerpos y el planeta. Creo que tiene razón y su decisión no difiere de las huelgas de hambre que se han vivido.

P. ¿Cómo fue su adolescencia a este respecto?

R. La crisis climática ya había empezado, pero no formaba parte de nuestras conversaciones. En los ochenta, las preocupaciones eran la crisis de las vacas locas y la amenaza nuclear, porque vivimos el accidente de Chernóbil. Yo me estuve manifestando contra las centrales nucleares y siempre he sido muy activa en la lucha por la igualdad de género, porque como mujer me sentía totalmente ignorada.

P. ¿Qué peso tienen los males de este siglo en la concepción de su película?

R. Creo que comer es una parte importante de nuestra cultura y de nuestra vida social. Imagínese que le invitan a una cena y alguien rechaza comer, el resto sentiría extrañeza o incluso apuro u ofensa. También es un acto muy íntimo, porque es un acto por el que introduces algo en tu cuerpo. El ayuno, como así sucede en Club Zero, ha formado parte de muchas religiones. Puede constituir una experiencia espiritual.

P. ¿Desarrolló una historia de fondo para el Club Zero?

R. No soy fan de los trasfondos. No suelo desarrollar a los personajes de manera individual, sino que prefiero dar aspectos generales, describir los papeles que cada cual juega en la sociedad. De ahí que en mis películas nadie actúe o se comporte de una manera demasiado natural. Lo que intento mostrar es nuestro funcionamiento en la sociedad y cómo todos hacemos lo que se espera de nosotros. Por eso el estilo de mi cine tiene ese aspecto escénico un tanto extraño, porque trato de mostrar que la vida es un gran teatro donde cada cual interpreta su papel. Los que no se saben el guion son expulsados de la sociedad.

Demasiado en serio

P. Todas sus películas (Little Joe, Amour Fou, Lourdes...) tienen una paleta cromática muy determinada, una mirada fría y un humor amargo. ¿Cómo desarrolla esos universos?

R. Cada vez que pienso en una nueva película, el tono es muy importante. Para mí, ha de ser una mezcla entre la tragedia y lo ligeramente divertido, sin llegar a la carcajada. Es más bien una risa extraña, procedente del absurdo de la existencia humana y de reconocer que todos somos ridículos, de alguna manera. Nos tomamos demasiado en serio, cuando, invariablemente, vamos a morir.

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P. Está claro que ver a gente interactuando con móviles resulta aburrido en la pantalla, pero las redes sociales son fundamentales en la adolescencia. ¿Por qué las ha excluido en su película?

R. En Club Zero asistes a las consecuencias de la manipulación a la que los protagonistas están siendo sometidos, así que puedes extrapolar su situación al día a día de la juventud expuesta a internet. El guion te muestra, en último término, cómo los bulos están matando a nuestros chavales. Aunque no veamos móviles en pantalla, ese mensaje está en el largometraje. Para documentarme visité centros donde las familias adineradas llevan a sus hijos para recibir una buena educación, porque quieren formar parte de una élite, y muchas de esas instituciones no permiten el uso de teléfonos porque saben, como también sabemos todos nosotros, que mirar todo el día el móvil te vuelve tonto. Deben usar su tiempo para estudiar y mejorar sus habilidades. Es interesante comprobar cómo la gente que puede permitírselo no expone a sus hijos a internet.

P. La película destaca la importancia de la duda. ¿Qué opinión le merecen las personas aferradas a la certeza?

R. En Club Zero abordo una situación de extremismo, que implica la desaparición de toda duda, lo cual es pernicioso. El punto de partida de los chicos es, paradójicamente, bueno. Quieren salvar el planeta y mejorar su salud, pero optan por una alternativa radical para hacerlo, que implica infligirse daño. Ya que ha nombrado la palabra duda, le diré que cuestionarse a una misma es una práctica muy saludable.

P. Al mismo tiempo, parecemos estar desesperados por encontrar algo en lo que creer.

R. Siempre que creas conocer la verdad, quiere decir que estás equivocado. Es mucho más duro admitir que hemos de aceptar la contradicción y el caos.