Image: La excelencia también se dibuja

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Cine

La excelencia también se dibuja

10 abril, 2015 02:00

Jack y la mecánica del corazón

Para sorpresa de muchos, hay vida animada más allá de Pixar, Disney, Dreamworks y demás majors estadounidenses. Películas de animación que además resultan ser más inteligentes, arriesgadas y bellas. Ahora llega Jack y la mecánica del corazón, luego la nueva entrega de Kiriku, el niño africano creado por Michel Ocelot, y toda una serie de propuestas, entre ellas también españolas, que sitúan el género en una nueva dimensión.

El cine de animación es, a menudo, uno de los más difíciles de entender por el público y hasta por la crítica no especializada. Difícil de entender que la animación no es un género, sino una técnica, un medio que permite cultivar todos los géneros posibles y otros imposibles para la imagen real. Difícil de entender que pueda tratar temas adultos e incluso comprometidos, tanto estética como intelectualmente. Pero aunque sea difícil de comprender, no hay por ello que caer en una división artificial entre animación comercial para toda la familia, identificada con Hollywood y sus grandes productoras -Disney y Pixar, Amblin, Dreamworks, etc.-, y otra "artística", exquisita, compleja y exclusivamente dirigida al público adulto, procedente de Europa y otras cinematografías orientales o latinoamericanas.

Lo cierto es que, como demuestra la cartelera esta temporada, fuera de Hollywood existe una industria del cine animado para todos los públicos capaz de desafiar al gigante estadounidense, no solo igualando sus medios, a veces fuera de su alcance, sino, sobre todo, utilizando recursos estéticos y literarios propios. Acudiendo a la tradición no solo de la animación autóctona, sino de la literatura para niños de todas las edades, las leyendas y cuentos populares, con personajes y temas característicos. A un tratamiento del material, tanto a nivel formal como argumental, más sofisticado, arriesgado e ingenioso.

Jack y la mecánica del corazón

Todas estas virtudes se dan cita en Jack y la mecánica del corazón, de Mathias Malzieu y Stèphane Berla, una deliciosa fábula oscura, basada en el cuento homónimo del propio Malzieu y en el fabuloso disco conceptual La mecanique du coeur de su banda de rock Dionysos. La historia de un niño con un reloj por corazón, que no puede o, mejor dicho, no debe enamorarse para no hacer saltar sus resortes y morir, tiene claramente en Tim Burton uno de sus modelos -como Burton los tenía a su vez en la vieja Europa, desde Roald Dahl a la animación checa, pasando por el Expresionismo alemán-, pero más allá de un análisis superficial, su estética se nutre tanto del artista Benjamin Lacombe, ilustrador de muchos de los cuentos de Malzieu, como de los famosos niños góticos del belga Toon Hertz, mientras su historia nos trae obvios ecos de clásicos del fantástico europeo como Frankenstein, Pinocho o El hombre de arena y El cascanueces de Hoffmann. Además, esta animación 3D consigue también marcar diferencias con su tono agridulce, la aparición de personajes como Jack el Destripador -con la voz de Alain Bashung- o George Méliès, su ritmo imparable y cambios de registro, estéticos y técnicos, además de un final impensable en Hollywood. Sin olvidar las espléndidas canciones de Dionysos...

Jack y la mecánica del corazón es una producción de Europacorp, es decir, la respuesta de Luc Besson, hombre a reivindicar en la industria de Hollywood, que produjera también en 2010 otro excelente filme de animación tridimensional, que exploraba y explotaba la tradición popular francesa en clave familiar: Un monstruo en París, de Bibo Bergeron, revisión de El fantasma de la Ópera, La Bella y la Bestia, los folletines de la Belle Époque y la bande dessinée con música y canciones de Matthieu Chedid, Sean Lennon y Patrice Renson. Besson prosigue su empeño de responder y combatir el dominio hollywoodiense, con productos comerciales técnicamente perfectos, comparables en todo a los procedentes de Pixar o Dreamworks, pero con carácter definitivamente francés, europeo y personal. En esta oleada de cine animado para niños de todas las edades, Francia encabeza de lejos el fenómeno, como demuestra otro ejemplo: Minúsculos: El valle de las hormigas perdidas, de Hélène Giraud -hija de Jean Giraud, es decir, Moebius- y Thomas Szabo, largometraje basado en el concepto creado por sus directores para una larga y exitosa serie de animación televisiva, que muestra con humor y poesía la vida secreta de los insectos, utilizando una técnica mixta de imagen real y animación 3D, para contar aquí la odisea de unas simpáticas hormigas por apoderarse de una lata de azúcar, perseguidas por un ejército de guerreras rojas y acompañadas por una mariquita perdida. Todo con humor, efectos espectaculares, sensibilidad lírica y guiños a la saga de Star Wars.

La vuelta de Kiriku

La canción del mar

En los últimos años se habla, con justicia, de un auténtico renacer de la animación francesa, gracias a títulos como Le magasin des suicides, del mismísimo Patrice Leconte; El gato del rabino, de Delesvaux y Joann Sfar; El lienzo de Laguionie, Los cuentos de la noche, del veterano Michel Ocelot -quien estrenará en mayo Kiriku y los hombres y las mujeres, una nueva entrega de su querida criatura, que ya ha cumplido quince años-, El ilusionista de Chomet, y un largo etcétera, que utilizan tanto técnicas clásicas como novedosas, estilos tradicionales o arriesgados pero, sobre todo, materiales originales europeos.

Aunque resulta notable la ausencia de series de animación autóctonas, también España hace sus pinitos
Francia y Bélgica, como los países del Este de Europa, han sido siempre patria de grandes animadores, tanto artistas individuales como productoras especializadas, quizá por su querencia y respeto también hacia el cómic. Por desgracia, su difusión y estreno se ve condicionado por la omnipresencia y omnipotencia de la maquinaria de Hollywood. Pero Francia no está sola. La animación de las Islas Británicas, aunque menos prolífica, ofrece a su vez producciones tan estimables como la irlandesa La canción del mar, de Tomm Moore, triunfadora en la pasada edición del Festival de Gijón en su sección Animaficx, verdadero escaparate del mejor cine animado. Una exquisita fantasía inspirada en el acervo folclórico y mitológico celta, que deja de lado el 3D para articularse a través de un cuidado grafismo, en línea con la ilustración contemporánea británica, utilizando elementos geométricos y decorativos célticos, de inventiva visual imparable. Lo mismo que su anterior largometraje animado, El secreto del libro de Kells, nominado, como éste, para el Oscar. En otro registro, aunque no menos simpático, llega La oveja Shaun: la película, de Mark Burton y Richard Starzak, debut cinematográfico de la oveja más famosa de la historia animada, nacida como serie televisiva propia a partir de los no menos míticos Wallace y Gromit, de la productora inglesa Aardman Animation. Animación clásica utilizando la difícil y artesanal técnica de stop-motion, que nos recuerda que se puede animar sin recurrir constantemente al ordenador. Y muestra de cómo partiendo de formas, temas y características netamente british, una productora de animación fuera de Hollywood ha sido capaz no solo de exportar su estilo, sino de convertirlo en un fenómeno internacional, capaz de conquistar el mundo con su humor e imaginería.

Creaciones autóctonas

Un monstruo en París

Aunque resulta notable la ausencia en nuestro país de series de animación autóctonas, de creación propia, a diferencia de lo que ocurriera en tiempos pasados y no tan lejanos, también España hace sus pinitos: en coproducción con Cuba y Venezuela se estrena Meñique y el espejo mágico, de Ernesto Padrón, basada en un cuento de José Martí. Lástima que aquí las 3D, pixarizadas en exceso, jueguen en su contra, restándole carácter y originalidad, en contraste con el estilo personal del veterano Juan Padrón, hermano del director y creador del clásico Vampiros en La Habana y de personajes emblemáticos como Elpidio Valdés. El gran riesgo de la animación tridimensional computerizada -no digamos ya de la infográfica- es su tendencia a homogeneizar imagen y textura, creando una especie de animación globalizada, basada en los estándares fijados por talleres y productoras pioneras de Hollywood como Pixar o Dreamworks, que de este modo imponen unas formas, técnicas pero también narrativas, que se extienden viralmente, deglutiendo y fagocitando ferozmente las cualidades individuales o nacionales de cualquier producto animado.

Fundir y confundir

Pos eso

En los últimos años se habla de un auténtico renacer de la animación francesa

Esto ocurre, precisamente, en el caso de Meñique y tantos otros -véanse las aberraciones tridimensionales televisivas en que han devenido mitos de nuestra infancia europea como Calimero, Vickie el Vikingo o la Abeja Maya, y no bromeo-. La animación digital funde y confunde estilos y personalidades, y si antaño el riesgo era la frecuente disneyzación, contra la que lucharon siempre animadores europeos como los checos Trnka o Barta, el belga Servais, el francés René Laloux o los también belgas Estudios Belvisión, ahora el peligro es mucho mayor, puesto que va implícito no solo en el aspecto estilístico, sino en la técnica misma que se emplea, como un veneno invisible. Si a todo ello añadimos el estilo Spielberg a la narrativa se corre a menudo el riesgo de caer en la clonación del producto hollywoodense, con la mejor de las intenciones pero con el peor de los resultados.

Todo lo contrario ocurre en la delirante Pos eso, del valenciano Sam, con Pablo Llórens, máximo exponente de la animación de plastilina en stop-motion de nuestro país. Se trata de una irresistible sátira del mundo del corazón y el cotilleo cañí... Mezclada con El exorcista y guiños al cine de terror, repleta de gore gamberro y bien resuelta. Una invitación humilde e independiente a superar los peligros del 3D mal entendido y, sobre todo, a evitar la peor trampa de Hollywood. Que no es apoderarse de las pantallas, sino de la mente de los realizadores, colonizando su manera de hacer y su imaginación, como pasara en la muy olvidable, aunque tremendamente exitosa (conectó con los niños), Las aventuras de Tadeo Jones.