Image: Georges Braque, costillares bajo las rodillas de un pintor

Image: Georges Braque, costillares bajo las rodillas de un pintor

Exposiciones

Georges Braque, costillares bajo las rodillas de un pintor

13 junio, 2014 02:00

Guitarra y vaso, 1917 (detalle)

Es la retrospectiva más ambiciosa celebrada en España de Georges Braque, uno de los grandes artistas del siglo XX, inventor del collage y precursor del Cubismo junto a Picasso, del que se cumplen 50° años de su muerte. Organizada por el Museo Guggenheim de Bilbao en colaboración con el Centre Pompidou de París, y con el patrocinio de la Fundación BBVA, esta gran exposición reúne cerca de 250 de sus obras más aplaudidas junto a muchas sorpresas inéditas. Una revisión al gran tema que dominó toda su obra, la naturaleza muerta, hoy más viva que nunca.

En la noche del 3 de septiembre de 1963, tres días después de su muerte a los 81 años, se celebró delante de las columnatas del Louvre el funeral de Estado por el pintor Georges Braque. En el contenido discurso de André Malraux la República francesa rendía tributo solemne al artista: "Es tan legítima la presencia de Braque en el Louvre como la del ángel en la catedral de Reims". En el techo de la sala de Enrique II del Louvre se habían colocado diez años antes tres plafones de Braque, con su tema predilecto de entonces: los pájaros. Esos cuadros no entraron como simple parte de una colección inabarcable, sino que se crearon para ser enmarcados por los casetones de la propia arquitectura del museo. Las alas de las aves de Braque en el Louvre se vieron comparadas en el discurso fúnebre de 1963 con las del ángel protector de Reims. Del pájaro, del alado que se representa en imagen y palabra, señaló Saint John Perse un atributo que viene a cuento citar: "Es también el escándalo para el pintor y el poeta, ensambladores de estaciones en sus más altos lugares de intersección". Había muerto Braque después de trabajar en su última serie de litografías, las que se estampó en el libro en que dialogan con el poema de René Char Lettera amorosa, editado en Ginebra aquel año.

Pierre Reverdy y René Char fueron los poetas de Braque. En ese último ensamblaje de estaciones que realizó con René Char volvió Braque sobre una escultura que tituló Himen, obra inolvidable para quien la haya visto, en la que se enfrentan ya en silencio dos caras separadas cuyas miradas aún no confluyen del todo. En la Lettera amorosa decía expresamente el enamorado: "Río maravillosamente contigo. He aquí el lance único". Los temas de Braque estuvieron siempre informados por la poesía, a la que sometió a una sobriedad que tan pronto es fuerte como frágil, con un gusto extraordinario por la arquitectura del cuadro, generador, a su vez, de una realidad que lo desborda. "Amo la regla que corrige la emoción", señala una máxima del artista. Los cuadros de Braque soportan temas de figura, de bodegón, de interiores, de talleres, de billares, de paisajes, de pájaros y de mitos. Pero, sean estos de la naturaleza que sean, sus cuadros nunca olvidan ser soporte de una realidad más completa.

De la alianza cubista entre Picasso y Braque derivó "la" aventura de la pintura moderna

El Museo Guggenheim de Bilbao presenta la exposición más extensa de la obra de Braque que se ha realizado hasta ahora en España, con el motivo de que hace poco menos de un año se cumplió el 50 aniversario de su muerte. Ni más ni menos que doscientas cincuenta obras recomponen en Bilbao la trayectoria entera del pintor francés, incluso con piezas tan imprescindibles como el Gran desnudo de 1907, las Cenéforas de 1922 y tantas otras. Algunos cuadros han hecho célebre a un autor con una obra extensa, y también conocida mal en sus etapas más tardías, las que quedan más alejadas de la vanguardia heroica, que él mismo encarna. La exposición se ocupa incluso del Braque escenógrafo, quien en los años veinte trabajó para los Ballets Rusos de Diaghilev. Maquetas, figurines, dibujos de escenografías y el telón del ballet Salade, estrenado en 1924, muestran este importante aspecto. Desde la retrospectiva de Braque que se mostró en 2002 en el Museo Thyssen-Bornemisza no había regresado entre nosotros la ambición de enseñar tanto, aunque ahora se ha crecido con mucho lo que se abarca de su obra, en este proyecto comisariado por Brigitte Léal, directora adjunta del Centre Georges Pompidou, y producido en colaboración con este museo. El Beaubourg abre ahora una franquicia temporal en el Guggenheim y lleva a Bilbao un pedazo importante de sus colecciones, junto a muchas obras de otra procedencia.


Pájaro negro y pájaro blanco, 1960 (detalle)

Aunque en España escasean llamativamente las obras de Braque, es bien conocida la proximidad de éste a artistas españoles, mucho mejor representados entre nosotros. De la alianza cubista entre Picasso y Braque, iniciada a finales de 1907, derivó "la" aventura por excelencia de la pintura moderna. El pintor de Argenteuil estuvo también entre los privilegiados que trataron a Manolo Hugué. Mucho más estrecha fue después su relación con el trabajo de Juan Gris, e importantísimo su magisterio para un pintor de la calidad de Francisco Bores y para tantos compañeros de generación de este. Con Juan Gris compartió horas de trabajo, pero también el primado del método deductivo o idealista, cuyo modelo se identificó indistintamente con el arte negro y el arte egipcio. Juan Gris decía que su método de trabajo era deductivo por ir de lo general a lo particular, porque de las relaciones entre los elementos pictóricos puros (formas y colores) derivaba el tema del cuadro, porque desde la estructura abstracta del cuadro se fundaba, fabricaba y alumbraba el asunto particular que en el cuadro toma vida. El método deductivo se oponía al de la pintura que va de lo particular a lo general, que imita un aspecto de la realidad y lo idealiza en el cuadro. Braque lo expresó así: "No se debe imitar lo que se quiere crear. No se imita el aspecto: el aspecto es el resultado". En ese giro copernicano, expresado de tantas maneras, que da prioridad a la expresión sobre la imitación, se educó la sensibilidad que Braque contribuyó decisivamente a formar.

Siempre se ha insistido en la pertenencia de Braque a una tradición de fuerte impronta racionalista. Tan pronto se ha identificado ésta con las formas de hacer típicas de algunos de los grandes maestros holandeses, como con la herencia que Descartes, Jean-Philippe Rameau, Poussin y otros hicieron característica de la cultura francesa. Son grandes cuestiones que colocan el entendimiento de Braque en una esfera tan general como indistinta. Su trabajo, sin embargo, acusa orientaciones múltiples de una misma economía estética, que no es fácil reducir al mero racionalismo, a no ser que lo entendamos como un compromiso con la contención de los medios pictóricos. "En el arte -escribió Braque- el progreso no se basa en la dilatación, sino en el conocimiento de los límites".

Ni más ni menos que doscientas cincuenta obras recomponen en Bilbao la trayectoria entera del pintor francés
Las creaciones de Braque, en su inmensa variedad, revelan una y otra vez la recíproca dependencia entre dicha autolimitación racionalista y un fuerte vitalismo sensitivo que ésta tiene que sostener. Cómo se expresa en sus naturalezas fauves del Midi en torno a 1906 y en los sentenciosos paisajes del final de su vida es, empero, muy diferente. Asimismo, son radicalmente distintos sus bodegones, instrumentos y musicantes que emplearon el lenguaje analítico del cubismo hacia 1910 de las naturalezas muertas e interiores de la década de 1940, en los que el arabesco orgánico y el gusto del color se vuelcan en la celebración no analítica de lo sensitivo. Y nos asomamos también a dos órbitas diferentes si contemplamos sus papiers collés de antes de la I Gran Guerra y a renglón seguido la estatuaria neohomérica que ensayó muy posteriormente en obras como Los trabajos y los días. Los grandes referentes de Braque, que fueron Cézanne, Picasso y Matisse, y los grandes temas del pintor se presentan en síntesis siempre reflexivas y siempre renovadas que dejaron un reguero de cuadros, collages, estampas, dibujos y esculturas verdaderamente asombroso.

Hay un pasaje en los Elogios de Saint de John Perse, que dice del cabalgar lo siguiente: "yo prensaba las lunas de sus costillares bajo mis rodillas de niño". Poco más o menos podrían presuponerse al pintor exigencias comparables al jinete, y algún parecido entre el dominio del pincel, la paleta y el lienzo del que pinta, con las ayudas del tacto en las riendas, la silla y las espuelas del que monta. No hubo un Georges Braque jinete, aunque sí un pintor que de la presión medida del pincel, la paleta y el lienzo, del conocimiento de los límites, tomó impulso, como un jinete con sus ayudas, para desplazarse. Ni en el desplazamiento ni en la pintura hay progreso que no dependa de ese tacto de los límites del que nos hablaba Braque en el aforismo citado. Sin duda esa presión de los instrumentos pictóricos procuró a su mano formada de pintor-decorador un trayecto progresivo. Este fue desde una pintura que dio aspecto sensible a contenidos tan intelectuales como la visión humana y alcanzó hasta el encuentro de otra pintura en la que la naturaleza quiere parecerse al lienzo.