Image: Pausas para la conversación

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Arte

Pausas para la conversación

22 febrero, 2019 01:00

Jonathan Monk: The World without The World in Grey, 2014 (Dvir Gallery)

Las trece galerías seleccionadas por Agustín Pérez Rubio y Catalina Lozano dan la bienvenida al visitante nada más entrar en ARCO. Situadas en línea, a derecha e izquierda de los accesos principales a los pabellones 7 y 9, proponen 26 artistas para estos Diálogos, tratando de provocar sinergias entre creadores de dos generaciones diferentes y de distintos contextos geopolíticos.

Diálogos, la sección comisariada que propone en cada stand conversaciones entre dos artistas, es para mí uno de los recorridos de ARCO más apetecibles. Junto al de las publicaciones que realiza Arts Libris, son pausas dentro del bombardeo de información. Primer punto a favor, por tanto, su ritmo y concisión.

El programa de este año está a cargo de Catalina Lozano, comisaria asociada del Museo Jumex e investigadora independiente en México, y Agustín Pérez Rubio, uno de los comisarios de la próxima Bienal de Berlín y que ha dirigido el MALBA de Buenos Aires, y antes el MUSAC en León. Los números están en consonancia con las políticas actuales, tan necesarias en tiempos de conservadurismos exacerbados: el 65 % de los artistas son mujeres y el 46 % de las trece galerías son latinoamericanas. También lo están las narrativas de los artistas que, trabajando desde el lugar del otro, plantean una reflexión no normativa sobre los modos de hacer y vivir, como ciudadanos y en relación con nuestro planeta. El acento lo ponen en la mirada femenina, como factor de diferencia y marginalidad ante una historia del arte oficial hegemónica, pero también en las teorías de género y queer y en el compromiso de una lectura crítica postcolonial de los contextos socio-culturales. Y junto a todo ello, es loable que también se realize una autorreflexión sobre el propio hecho de producir desde el campo artístico, su pertinencia y sus relaciones con los otros ámbitos de la sociedad contemporánea.

Los números están en consonancia con los tiempos: el 65 % de los artistas son mujeres y el 46 % de las galerías, latinoamericanas

Entre los 26 nombres anunciados, hay que destacar el de dos mujeres increíblemente desconocidas en los circuitos globales: Valerie Brathwaite (Trinidad y Tobago, 1940), presentada por Abra Caracas. Afincada en Venezuela, y con el apoyo de Gego, desarrollará una singular producción invadida sensualmente por formas orgánicas, femeninas y telúricas. De la mano de Instituto de Visión, podremos ver la heterogénea producción de Ofelia Rodríguez (Colombia, 1946), y las formas y colores caribeños llevados al extremo como reivindicación de sus orígenes para la construcción de una identidad migrante. Junto a ellas, Ruth Wolf-Rehfeldt (Alemania, 1932) cuya experimentación tipográfica descubrimos en Documenta 14 -sus archivos se investigan desde la galería Chertlüdde- y la siempre sorprendente mezcla irreverente de arte, forma, apropiación y vida de Ana Jotta (Portugal, 1946) en Miguel Nabinho. Ya imprescindibles en las últimas citas curatoriales, Anna Maria Maiolino (Italia, 1942), cuyas series reconectan con los orígenes de su tierra adoptiva brasileña, traída por Luisa Strina, la pionera de la acción Cecilia Vicuña (Chile, 1948), recuperada en la última documenta en Atenas, y su reivindicación de saberes ancestrales, en Patricia Ready, y las omnipresentes Vivian Suter (Buenos Aires, 1949) y Elisabeth Wild (Austria, 1922), madre e hija que han elaborado un canon en continuo diálogo con la naturaleza en su retiro guatemalteco, representadas por Proyectos Ultravioleta.

Esta podría ser la espina dorsal del recorrido junto al trabajo de David Wojnarowicz (Estados Unidos, 1954-1992), comprometido y transgresor desde lo excesivo, e imprescindible para la visibilización del SIDA y la lucha por la no normativización de géneros, en la neoyorquina PPOW. A través de ellas se van filtrando las conversaciones con otros pares y generaciones atravesados por sensibilidades semejantes. Es central la construcción de una identidad diversa, como lo hace el artista yanomami Sheroanawë Hakihiiwë (Venezuela, 1971), en Abra Caracas, que documenta de manera sensible las cosmogonías de su comunidad amazónica, las fotografías de síntesis de la cultura afrocubana de Marta María Pérez (Cuba, 1959), en La Acacia, la investigación de Carmen Argote (México, 1981) sobre el cuerpo en migración, memoria y espacio arquitectónico que trae Instituto de Visión, o Carlos Motta (Colombia, 1978) en su recuperación de historias de represión sexual y étnica, también en PPOW.

Magdalena Jitrik: Cruz Rojo, 2007 (Galeria Luisa Strina)

La realidad de un continente heredero de las políticas colonialistas y de violencia está especialmente presente en los trabajos de Voluspa Jarpa (Chile, 1971), Alessandro Balteo-Yazbeck (Venezuela, 1972) -destacable su resumen en dos piezas de las articulaciones de poder y economía del ayer y hoy de Venezuela- y Magdalena Jitrik (Argentina, 1966), en Patricia Ready, Martin Janda y Luisa Strina respectivamente. La reflexión sobre la historia y el hacer del propio medio, se hace especialmente presente en las pinturas azules y rojas del pope danés Albert Mertz (Dinamarca, 1920-1990) en Andersen's, la ironía de Jonathan Monk (Reino Unido, 1969), traído por Dvir, y la investigación de sus pequeñas anécdotas y las relaciones de forma y fondo, figura y técnica de Rodrigo Hernández (México, 1983), en Chertlüdde.

En los pasillos de una feria podemos rastrear el pensamiento crítico y la lucha por visibilizar su presencia en la sociedad
Por último, dos nombres que despiertan mi curiosidad: las jóvenes Sarah Pichlkostner (Austria, 1988) y las relaciones afectivas no productivas que revela en sus objetos, en Annet Gelik, y Naama Tsabar (Israel, 1982) con sus escenas y objetos que exploran la sonoridad del material y su activación performática.

Hay un detalle que me gustaría hacer notar y que nos habla de las vicisitudes del mercado de arte, entendido como el campo en que nos movemos todos sus agentes, independientes, institucionales o comerciales. Muchas de las galerías invitadas comenzaron como iniciativas que buscaban viabilizar un espacio reflexivo y de exposición en coyunturas que carecían de la posibilidad, y a veces también de la libertad, para ello. Abra Caracas, donde Luis Romero continúa su labor, Instituto de Visión fundado por cuatro mujeres jóvenes y comprometidas con la actualización y revisión histórica de la escena colombiana, La Acacia, en la Habana, espacio expositivo desde los 60 y que sólo se convirtió en comercial en 1999, Martin Janda y Andersen's que comenzaron como espacios alternativos en Viena y Berlín, Miguel Nabinho desarrollador de proyectos junto a los artistas sin tener una sede fija, la neoyorquina PPOW, pionera en el compromiso y audacia para hablar de genero, sexualidad y raza, y Proyectos Ultravioleta plataforma dinamizadora de Guatemala, con Stefan Benchoan, que es también parte del NuMu, Nuevo Museo de Arte Contemporáneo.

Un año más, vamos a peregrinar a ARCO, analogía del templo moderno de una sociedad que tiene en la representación su máxima expresión y, en la más pesimista de sus hipótesis, en el comercio y espectacularización del objeto de arte su rito de sacralización. Por eso, poder rastrear en los pasillos de una feria el pensamiento crítico y la lucha por visibilizar su presencia en la sociedad, es un ejemplo de cómo desde nuestro hacer continuamos buscando espacios de negociación.