Image: Calle a ras de calle, por Santiago B. Olmo

Image: Calle a ras de calle, por Santiago B. Olmo

Arte

Calle a ras de calle, por Santiago B. Olmo

PhotoEspaña 2005

2 junio, 2005 02:00

Miguel Trillo: Diosa. La Habana, 2000. Círculo de Bellas Artes

Abordar temáticamente la ciudad significa penetrar en el núcleo de nuestro tiempo, con todas sus grandezas y miserias. La ciudad es arquitectura pero sobre todo es un espacio de relaciones y de vida. PHotoEspaña ha enfocado esta edición poniendo de relieve una visión que refleje a ras de suelo el paisaje humano de la ciudad, como contraste con otra mirada que hace hincapié en la idea de paisaje urbano como una perspectiva de la arquitectura.

Ciudad y fotografía han crecido en paralelo como formulaciones de la modernidad en permanente transformación y evolución. Precisamente ha sido la fotografía el medio que más fielmente ha documentado el desarrollo urbano moderno, ha construido una poética y una estética de la ciudad, determinando a la vez metodologías de análisis en la representación de las formas de vida de la calle, en la cartografía a vista de pájaro o en el plano (ya clásico) desde la ventana. Cada uno indica un diferente nivel de atención y unas prioridades, que reflejan escalas de valores y cánones estéticos o narrativos de las sociedades que se retratan en sus propias ciudades.

La fotografía norteamericana entre los años cuarenta y setenta del siglo XX se vuelca sobre la realidad de una calle en transformación, para construir un espacio vital urbano que acapara la idea del mapa urbano total: desde la carretera que atraviesa el pueblo perdido, hasta la urbanización periférica, pasando por los centros dedicados a oficinas y comercios de las grandes ciudades. Si Helen Leavitt desarrolló un fresco de la vida de calle en los barrios populares de Nueva York, Walter Rosenblum retrata el ritmo entre adaptación y desarraigo de la emigración producida por la II Guerra Mundial. La fotografía norteamericana se vuelca hacia una documentación de la realidad de calle, Stephen Shore en clave de docu-ficción fotográfica desarrolla el guión de una road-movie. Bill Owens por su parte esboza la "gozosa" alienación del "american dream".

En Europa, más o menos en esos mismos años, la calle, a través de los fotógrafos italianos, franceses o españoles, como Catalá-Roca, Joan Colom, Pérez-Siquier o Gabriel Cualladó, se hace neorrealista "cinematográficamente": transformando un mundo vivo cargado de pasado en algo que desaparece para hacerse futuro u otra cosa. Todo esto refleja en cierto modo la idea esbozada por Pasolini de revolución antropológica: destrucción de todas las culturas populares para alumbrar una no-cultura del consumo masificado.

En aquella Europa de guerra fría Bernd y Hilla Becher desarrollan una idea de calle sobre tipologías de escaparates en una Alemania en crecimiento, antes de abordar el archivo arquitectónico e industrial que les consagra.

La vista de pájaro o la perspectiva aérea, que recrea la topografía y el callejero de la arquitectura, es un invento de la aviación. Se resuelve primero en la elevación que permite la ventana del rascacielos, catapultando a la mirada fotográfica hacia el cielo. Así ocurre en las imágenes de Alfred Stieglitz de los años 30, donde recoge alternativamente un Manhattan en construcción desde las alturas de su propia ventana, y las nubes del cielo en vertical, tras haber construido una poética del a ras de suelo en las calles de Nueva York, treinta años antes.

Pero es en esa mirada a ras de suelo y a ras de calle donde se percibe el olor de la vida, más allá del documento, más acá de la arquitectura.

La ciudad latinoamericana ha sido fotografiada esencialmente a ras de calle. Porque la ciudad es la calle, pero también puede ser un horizonte a vista de pájaro. Ciudades como São Paulo, Buenos Aires o México D.F. concentran densidades de población que se cuentan entre las más elevadas del mundo.

Sus horizontes, sus siluetas y sus planimetrías asumen dimensiones inabarcables para una sensibilidad europea, y eso también ocurre en ciudades "menores" como Santiago de Chile, Bogotá, Río, Lima o Caracas. Sin embargo esa idea de paisaje aéreo o arquitectónico es ahora cuando empieza a cuajar allí. Mientras tanto el paisaje es más humano que urbano.

La calle es escenario privilegiado de las dinámicas sociales, allí se desenvuelven los problemas y surgen los símbolos del desarrollo de la modernidad, pero también los síntomas del declive y de la decadencia económica. El trabajo de Fernell Franco sobre la ciudad portuaria de Buenaventura, situada en la costa colombiana del Pacífico, es un ejemplo muy claro de una metodología de trabajo: documentación a ras de calle, atravesada de razón poética y de soluciones arquitectónicas donde no hay arquitectura, a lo largo de varias décadas. El puerto de Buenaventura, que fue desde los años cuarenta una floreciente y activa entrada natural desde el Océano Pacífico hacia el interior de Colombia, muestra hoy las huellas de un irreparable deterioro urbano y social, causado por las constantes acciones de la guerrilla sobre la carretera que lo comunica con la vecina ciudad de Cali, en el interior. Las calles que recoge Fernell Franco muestran los puestos de venta ambulante atados y amarrados al modo de esculturas vivas, calles controladas por la mirada de grupos de jóvenes modernos de los años 70 que observan las aceras como si fueran gallos en celo.

Con otro significado y con otros sentidos ha encauzado desde esos mismos años 70 Miguel Trillo, fotografiando a pie de calle las tribus urbanas a la salida de los locales nocturnos de Madrid. Calle a ras de calle.