Arte

Histórica y densa

Aragón, Reino y Corona

26 abril, 2000 02:00

Centro Cultural de la Villa. Pza de Colón.Jardines del Descubrimiento s/n. Madrid. Hasta el 21 de mayo

Dentro de ese modelo repetido de exposición institucional y enciclopédica, esplendorosa, densa y abrumadora, que ha de presentar unos fondos caudalosos con un montaje de aparato escenográfico y con cierta intención didáctica, se ha debido concebir y se desarrolla la exposición Aragón, Reino y Corona, con más de trescientas piezas. Está centrada en un tiempo aragonés especialmente brillante: el de los ocho siglos -del VIII hasta comienzos del XVI- que van desde su configuración política como condado y posteriormente reino y Corona extendida por el Mediterráneo, hasta su unión con Castilla y su contribución a la formación de España. Destacan los referentes a las funciones de los monasterios y otras entidades eclesiásticas, a las relaciones con Pamplona, Castilla y Barcelona, a la expansión territorial interior y mediterránea, a los fueros de Aragón, a los mudéjares y judíos, y a la figura de Fernando II de Aragón y V de Castilla. Sin embargo, la exposición de objetos, por sí misma, aquí no ayuda demasiado, no logra ser lo suficientemente clara y explícita sobre las respectivas ideas que debería documentar con puntualidad.

En arqueología y numismática, interesa el testimonio de la cerámica islámica de los siglos X y XI, con su utilización del blanco y del verde, colores distintivos respectivamente de la dinastía Omeya y del profeta Mahoma, así como las importantes acuñaciones de los argénteos dineros de vellón de Jaime I el Conquistador, y de los florines y reales de oro de Pedro IV el Ceremonioso, testigos de una fuerte competencia con las divisas francesas e italianas del XIII y XIV. En artes decorativas sobresalen objetos tan singulares como el esenciero en plata repujada, del XI, de la Taifa de Albarracín, en estilo islámico toledano, y el bote hispano-musulmán de Zaragoza, de finales del XIII, en marfil y plata, policromado y dorado, al gusto nazarí. Entre las esculturas, tres grandiosas y apuradas tallas de Cristo crucificado: románico el extraordinario de la catedral de Huesca; románico-gótico, de formas muy suaves, el de la colegiata de Alquézar; y gótico y brillante en su policromía el de Siresa. Y en el capítulo de la pintura, la iglesia del Salvador de Teruel ha prestado por primera vez para una exposición el retablo de San Jorge, con el que Gerónimo Martínez inició el Renacimiento turolense, y se ha reunido para esta ocasión el fastuoso conjunto de tablas que integraron el Altar Mayor del Monasterio de Sijena, cuyas pinturas, obra excepcional del Maestro de Sijena, andan dispersas por diferentes museos y colecciones.