Anda feliz estos días Vicente Molina Foix (Valencia, 1946), enredado en mil asuntos: además de la novela que lanza Anagrama el 28 de mayo, acude casi diariamente a los ensayos del Antonio y Cleopatra de Shakespeare que ha traducido para la Compañía Nacional de Teatro Clásico, una producción encabezada por Ana Belén y Lluís Homar que se estrenará en el Festival de Almagro, y acaba de recibir la segunda dosis de la vacuna Pfizer contra la Covid.

Y sí, derrocha esperanza, a pesar incluso de unos vecinos raperos que se instalaron “para mi desdicha” en el piso de arriba y le han obligado a escribir durante la noche y no en los dos turnos habituales de trabajo, “entre las 15 y las 18, y de madrugada, desde medianoche hasta las 4 o las 5, según esté la musa ese día”, apostilla. Por eso, le ilusiona tanto que Las hermanas Gourmet aparezca al fin en papel. Porque, innovando de nuevo, el audiolibro vio la luz en 2020.

“Sí, escribí la novela sabiendo que tendría una primera vida en audio, pero sin que eso afectara a la escritura; de hecho Las hermanas Gourmet forma parte de una ‘biblioteca audio’ de Molina Foix dentro de Storytel, en la que han sido grabadas también El abrecartas, El invitado amargo, El joven sin alma, Kubrick en casa… Para la edición de Anagrama, que doy como definitiva, he hecho cambios de estructura y formato y también ‘peiné’ algún pasaje, pero no de modo distinto a como cualquier autor revisa, al cabo de un tiempo (en este caso, 10 meses) su manuscrito”.

Pregunta. El libro, que narra la historia de cuatro hermanas consagradas a la alta gastronomía, juega con muchos tipos de novela. ¿Sigue concibiendo la ficción como juego, descree de los géneros, o es que disfruta rompiendo las reglas?

"Es una novela hecha sin recetas, como todas las mías, pero me he permitido acicates que me llevan a tenerla en mi altar central"

Respuesta. Jugar, romper, provocar, son, junto con el reflexivo divertirse, actividades recomendables que siempre me han atraído. Nunca he tenido una visión “ginecológica” de la literatura; la obstetricia es fundamental en la vida humana, pero las criaturas narrativas que hago crecer dentro de mí, entre mimos, mucho desvelo y alguna que otra patadita, me producen gestaciones excitantes pero indoloras, y cuando salen al mundo procuro ser buen padre de todas, aunque como es ley de vida, voy prefiriendo a unas, las recién llegadas, por encima de las anteriores. A los escritores que hablan en las entrevistas del terrible esfuerzo y la angustia que les produce escribir, nunca me los he tomado en serio.

P. ¿Con esta obra se ha divertido tanto como parece?

R. Es una novela hecha sin recetas, como todas las mías, pero me he permitido acicates que me llevan a tenerla, al menos por un tiempo, en mi altar central. Divertirme lo hago siempre, como ya he dicho, pero en esta ocasión, entre otras novedades, he hablado por boca de una mujer, a la que he imaginado, conocido y dado voz personal (que no es la mía, claro), en una novela que de ese modo es, para mí al menos, nada documental, sino más bien experimental en tanto que “relato de relatos” que van saliendo unos de otros, como las muñecas rusas, cada uno con su propia ficción y paisaje y todos entrelazados por unas “vidas paralelas” que cuentan a su vez vidas soñadas posiblemente reales.

Testigo sufridor

P. Sin embargo, en la novela hay varias cargas de profundidad, como el batallón de los niños de las pateras, o las alusiones a esos países borrados del corazón de Europa… ¿El dolor, el mal, sigue siendo el mejor argumento del arte?

R. El mal y el dolor, al igual que la risa y sus escapes, son sempiternos, como acabamos de comprobar en el último año todos los mortales, al mismo tiempo. Y habrá, ya la hay de hecho, una escritura del coronavirus, aunque no creo que yo la desarrolle en libro. Ahora bien, al ser un escritor que escribe en prensa semanalmente, ahí sí que ha quedado mi testimonio de “testigo sufridor”. Muchas de las cosas más profundas y conmovedoras sobre la pandemia las he leído en periódicos.

P. ¿A cuál de las hermanas Gourmet le ha prestado más de sí mismo, de sus gustos, de su idea del amor o del placer?

R. Mi favorita es Julia, la narradora, aunque también me gustan las hermanas mayores, que son cautas y han vivido tanto, casi tanto como yo. Pero, sin hacer ningún spoiler, no conviene olvidarse de las otras mujeres de gran edad que van apareciendo, fuera del restaurante, para llevar la “voz contante” del libro.

Homenajes de fábula

P. Muchos personajes (El Niño Pobre Hermoso, el Caballero Negro, las Ramas Doradas) parecen salidos de los relatos de Boccaccio. ¿Es esta obra una suerte de sueño de invierno, un homenaje nada velado a Calvino, a Borges o a Wilde?

R. Hay un homenaje por vía jocosa a Boccaccio, en efecto, Calvino podría haber estado pero en su lugar está Tabucchi, al lado de Oscar Wilde. De estos dos excelentes autores me concedo un refrito: escribo a mi manera un sueño del italiano sobre Pantagruel, y dos historias que nunca escribió Wilde pero sí contó; esos cuentos o improvisaciones wildeanas en vivo fueron reconstruidos, por no decir “recalentados”, una vez muerto él, y publicados como apócrifos. Llegaron a mí en libro años más tarde y ahora yo he escrito cada una de sus palabras, prestándoselas, como apócrifo suyo, a quien lo narra, Franciska, un personaje clave de mi novela. A Borges le he sacado de su Manual, dos o tres figurantes de mi zoo fantástico.

P. Pero esos no son los únicos guiños metaliterarios del libro, en el que se narra la cena de los cuatro escritores, dos novelistas multipremiados y dos poetas malditos que deben autoeditar sus versos satánicos. ¿Cómo se cocina, cómo cocina usted, el arte de la ficción?

R. Yo cocino de oídas en los fogones, ya que no sé cocinar más que tres platos, y no de los difíciles: el salmorejo cordobés con huevo, el shepherd pie británico de carne picada y puré, y un arroz que mis amigos ingleses llamaban “Molina’s rice” y era una falsa paella mixta, como la que se inventa en la novela Silvina, ella con mucho arte. En la comida soy el príncipe del precocinado y la congelación de calidad; las latas las trabajo menos. Pero eso no lo recomiendo en la literatura, donde los productos frescos son preferibles, sin excluir de vez en cuando salsas o aliños.

"Yo confío en los barceloneses, y no en sus dirigentes. ¿Nos merecemos los políticos que tenemos? ¿Y qué hacemos, si la respuesta es sí?"

P. Volviendo a la novela, una de las imágenes más potentes del libro es el de esas mujeres, víctimas de una guerra que las deja sin patria, que convierten el miedo en dulces y pasteles… pero ¿no cree que cuando tres cuartas partes de la humanidad pasa hambre, la obsesión actual por la gastronomía gourmet tiene algo de obsceno?

R. Claro que lo creo: “el museo de los nuevos alimentos”, instalaciones artísticas, sin duda exquisitas, pero a precios prohibidos y a satisfacción de los curators. Era un problema moral que se me presentó, ya que yo no quería, o no podía, odiar a mis hermanas, haciéndolas altivas y aprovechadas. Tienen un punto esnob de orgullo artístico, porque sin duda crean obras maestras del paladar. Pero, dado su pasado, que no conviene aquí revelar, también las hice herederas de una “conciencia del alimento” repartido, y de un respeto al animal, pues ellas saben que si se sienten atacados o humillados, los animales desfilan como un ejército armado y se rebelan.

Ni pandémicos ni celestes

P. Fue uno de los Novísimos de los años 70 que revolucionaron nuestra poesía. ¿Cree que el tiempo les ha hecho justicia, se reconoce en alguno de los ciberpoetas que hoy copan las listas de los más vendidos, le gustan, los lee?

R. Los Novísimos son ya historia, aunque sigamos vivos y en activo al menos cinco de nosotros, cada uno a su altura y en su lugar. He escrito dos poemas no pandémicos (ni celestes) durante la pandemia, leo poesía, un poco cada día, y la sigo todo lo que puedo: un joven que me ha llamado la atención es el ganador del Loewe Joven, Mario Obrero, que debe de tener 18 años.

P. Usted que conoció bien aquella Barcelona de los años del boom, ¿reconoce hoy la ciudad cosmopolita que fue a pesar de la crispación nacionalista? ¿También en eso, como diría Goytisolo, hemos ido a menos?

R. La ciudad sigue siendo bella, pero con una extraña capa o sayo de época, de época antigua, que no le queda nada bien siendo ella, por esencia, moderna. Yo confío en los barceloneses, y no en sus dirigentes, pero esas desconfianzas se hacen, por desgracia, cada vez más frecuentes por todas partes. ¿Nos merecemos los políticos que tenemos? ¿Y qué hacemos, si la respuesta es sí?

La voz de la razón

P. ¿Comprende el silencio de tantos cuando alguien como Cercas se declara antinacionalista, o cuando se tacha a Trapiello de revisionista sin haberlo leído? ¿Qué es más peligroso, lo políticamente correcto, la autocensura, el miedo?

"Estamos ahora de nuevo en una época en la que al abrir los ojos del sueño cada mañana, el gran reptil, el dinosaurio del enfrentamiento, sigue allí"

R. Aún recuerdo un eslogan situacionista que se veía en los años 1980 pintado en las calles de Madrid: “El silencio de Amedo está sobrevalorado”. ¿Se acuerda alguien de Amedo? ¿Y de su silencio? España ha sido una bella durmiente olvidadiza en largas fases de su historia, pero cuando el ogro murió el despertar fue vibrante y dulce. Estamos ahora de nuevo en una época en la que al abrir los ojos del sueño cada mañana, el gran reptil, el dinosaurio del enfrentamiento, sigue allí. Como soy optimista pese a todo, mi confianza es que se llegue a un punto en que, hartos de los que vociferan y dividen, produzcamos entre la inmensa mayoría, y oigamos todos, sin denominación de origen, la voz de la razón y de la concordia

P. Está preparando el estreno de su nueva traducción shakespeareana para la CNTC: ¿por qué no deberíamos perdérnoslo en estos desolados tiempos de pandemia?

R. Se trata de la obra suya que más me gusta y más me dice, Antonio y Cleopatra, la tragedia sexual de unas desenfrenadas noches egipcias en las que mientras el Imperio romano se desmorona los enamorados se desean, se aman, se traicionan, pero están dispuestos a dar la vida el uno por el otro. Es una obra política e intimista, una “tragicomedia de situación” que refleja el hoy y podría estar escrita hoy con las mismas palabras. La he traducido en verso irregular castellano, respetando los seis únicos versos rimados que tiene y tratando de ponerme en mi lengua, si eso es posible, a la altura del genio, respetándole. Apenas se ha hecho en teatro aquí en los últimos 50 años, y con un reparto excepcional y la dirección escénica de un shakesperiano tan acreditado como José Carlos Plaza, estoy convencido de que será un descubrimiento para los públicos actuales.

@nmazancot