Image: Francesc Ruiz, todo el amarillo

Image: Francesc Ruiz, todo el amarillo

Exposiciones

Francesc Ruiz, todo el amarillo

Correos

22 enero, 2016 01:00

Vista de la instalación Correos

García Galería. Doctor Fourquet, 8. Madrid. Hasta el 5 de marzo. De 2.000 a 15.000€

En 1977, José María Cruz Novillo (Cuenca, 1936) renovó el símbolo del servicio de correos y telégrafos español. En esos años de la Transición, se hizo urgente rehacer las identidades gráficas de la mayoría de las instituciones públicas estatales, tan asociadas a la dictadura, e intentar construir una nueva imagen del país, una imagen de modernidad que se alejase de la del régimen anterior. Cruz Novillo recuperó un símbolo tradicional del correo, la cornamusa que llevaban los jinetes de posta para avisar de su llegada, y lo asoció a un color, el amarillo, al que se ha buscado una genealogía aristocrática, la de la propia historia de este servicio, vinculada a una familia nobiliaria y a la realeza, a los Thurn und Tassis y Carlos I. De ahí seguramente viene el añadido de la corona, que incorpora otros relatos, ignorados, que tienen que ver con las políticas para el control de los territorios y los intereses económicos y comerciales.

Se trata de un sistema de comunicación institucionalizado cuya normalización no fue en absoluto ingenua y de cuya imagen, tampoco inocente, se apropia ahora Francesc Ruiz (Barcelona, 1971) en las obras que presenta en su segunda individual en García Galería de Madrid para evidenciar qué es lo que oculta ese amarillo que puede llegar a cubrirlo todo. Un tono que se convierte en oro en The Touch of Midas, una historieta publicada por Correos en 1999 que sigue el recorrido de una carta hasta su destino para explicar el funcionamiento interno de este organismo, en la que Ruiz ha sustituido el texto original por el de la leyenda de ese rey que convertía en joya lo que tocaba y que ha impreso en azul sobre amarillo, utilizando los colores corporativos.

Esta reflexión de Francesc Ruiz continúa su investigación sobre los modos de distribución que hasta ahora se había concentrado en formas alternativas de circulación, relacionadas sobre todo con el mundo del cómic. Así ocurría en proyectos anteriores como Soy Sauce (2004), en el que era la narrativa de las historietas que iba publicando la que indicaba el lugar en el que conseguir el siguiente ejemplar, o en uno de los que llevó a cabo para el pabellón español en la última Bienal de Venecia, en el que revisaba los fumetti de contenido gay editados por Rolando del Fico. Ruiz llevó a algunos de los protagonistas de estas tiras pornográficas al contexto de los Giardini y también a las propias publicaciones, en una operación que tenía algo de cruising y bastante de azar, porque si se quería completar el relato, había que reconocer a aquellos que casi clandestinamente distribuían las publicaciones, disimulados entre la gente o perdidos en los senderos del parque en el que se celebra la Bienal. Obligaba así a alterar el ritmo de la visita a la gran exposición, introduciéndose en lo que tendría que haber sido lo normal para romperlo.

Páginas del cómic The Touch of Midas

Incluir lo cotidiano y resignificarlo es otra de las intenciones del artista aquí porque, sin saberlo, el cartero que reparte las cartas en esa calle y la furgoneta de correos que entrega los paquetes en esa zona formarán parte de la muestra, confundiéndose con esas pinturas monocromas que tapan sobres y envoltorios que a su vez encierran secretos, los de esos mensajes que se quedarán a la espera hasta que alguien se decida a abrirlos, si es que no están vacíos y son una trampa.

Son tramposos, quizás, como algunos de los objetos amarillos con toques de azul que se acumulan, desordenados, en uno de los lados de la sala como si fueran los restos de una fiesta que acabó demasiado bien y que provocan de nuevo la equivocación, demostrando cómo esos colores cargados simbólicamente han invadido los significados de lo que les es ajeno. Aunque puede que ese Correos que llena y da título a la individual, vaya más allá y enuncie otra cosa, que sea parte de un código que sólo unos pocos entendidos pueden comprender, únicamente hay que añadirle unos signos de exclamación y transformarlo en imperativo, dándole una vuelta más.

La exposición se cierra con unas impresiones en las que se estudian, casi siguiendo un método morelliano, otros diseños de Cruz Novillo, desde los logos de la Cope y Prisa, pasando por los del PASOC y el PSOE, hasta los antiguos billetes en pesetas. Estos catálogos de símbolos, similares a las Esses que presentó en febrero del año pasado en el IVAM de Valencia, demuestran la presencia de un estilo individual a la vez que subrayan la ausencia de ideología o de cualquier cuestionamiento en la aceptación y realización del encargo por parte del diseñador. Estas imágenes y la de correos participan de un lenguaje que ha dominado y configurado nuestro imaginario y que, asumidas como naturales, raramente se han puesto en crisis.