Pablo Heras-Casado. Ilustración: Luis Parejo.

Titular de la Orquesta St. Luke's de Nueva York y principal director invitado del Real, Pablo Heras-Casado (Granada, 1977) dirigirá la ópera El Público, inspirada en la obra de García Lorca. ¿Las claves de su éxito? La autocrítica.

-¿Qué libro tiene entre manos?

-La guía oficial de la Alhambra. Hace un par de meses me di cuenta de que tenía que reciclarme en el conocimiento de la cultura y el arte de mis vecinos y antepasados. ¡Y en ello ando!



-¿Algún libro lo abandonó por imposible?

-Sí, bastantes... entre ellos una introducción al psicoanálisis y uno sobre la historia de España que no voy a nombrar.



-¿Hubo un concierto/un director/un compositor determinante en su decisión de dedicarse a la música?

-Ha habido muchos compositores y directores, y muy diferentes: Tomás Luis de Victoria, Bach, Monteverdi, Beethoven, Pierre Boulez, Harry Christophers, Carlos Kleiber, Maris Jansons...



-¿Qué receta expendería para que los jóvenes se sumen a la música clásica?

-Yo no creo que la tenga... pero tenemos que hacer que la música clásica encuentre el mismo prestigio social que ahora mismo tiene un poeta, un actor, un diseñador o un arquitecto. Conseguir que cualquier persona que se tenga por culta hable con la misma soltura de García Márquez o de Truman Capote que de Beethoven o Ginastera.



-¿Entiende, le emociona, el arte contemporáneo?

-Entiendo lo que la emoción me dicta. Lo he estudiado en la universidad, he compartido residencia y becas con artistas plásticos, soy socio de una galería, y siempre he buscado el diálogo con los artistas de mi tiempo, basado en la emoción. Pero la emoción puede ser un gozo puramente formal, o a veces físico, a veces intelectual. Entender comienza con querer entender. Me suele emocionar lo que menos entiendo.



-¿Qué tiene la Filarmónica de Berlín que no tengan las nuestras?

Tradición, historia y mucha disciplina.



-¿Le importa la crítica? ¿Le sirve para algo?

-Con la humildad y el criterio suficiente, se pueden sacar conclusiones. Pero no siempre, claro. La crítica más dura es la de uno mismo.



-¿Qué música escucha en casa? ¿Es de iPod o de vinilo?

-Muy poca, y casi siempre la que no dirijo: música de cámara de todas las épocas, y todo tipo de música actual con excepción del pop. En ¡iPod!



-¿Están los recortes desafinando las orquestas españolas?

- Bastante. Pero yo creo que la calidad y el compromiso individual y colectivo de los artistas en el escenario no debería verse afectado. En demasiadas ocasiones se encuentra uno con orquestas en las que, incluso cuando los tiempos y las finanzas han sido buenos, existen todo tipo de excusas para no asumir responsabilidades y dar el nivel. Hay que ser autocrítico y responsable para poder exigir. Después, son los responsables políticos los que tienen que estar a la altura. Y esto por desgracia no ocurre.



-¿Es usted de los que recelan del cine español?

-No recelo en absoluto y soy buen consumidor de cine español. Lo que pienso es que, como ocurre con el resto de las artes, tendría que generar sus propios recursos... al menos en parte. Pero para esto necesitamos leyes que propicien el mecenazgo. Las subvenciones indiscriminadas, a la larga, han hecho daño al mundo del arte.



-¿Cuál es la película que más veces ha visto?

-Creo que Qué bello es vivir.



-¿Qué libro debe leer urgentemente el presidente del Gobierno?

-Yo le pondría a escuchar a Bach.



-¿Le gusta España? Denos sus razones.

-Claro que me gusta y me siento orgulloso. Una parte esencial de mis valores están asentados en esta cultura y esta forma de entender la vida. Es algo que se hace cada vez más fuerte y que no entra en conflicto con otras influencias ni otros valores, ni siquiera entra en conflicto con los momentos en los que no me siento tan orgulloso de mi país.



-Regálenos una idea para mejorar nuestra situación cultural.

-Ojalá la tuviera. Yo sólo puedo hacer lo que hago de la mejor manera posible e intentar que tenga el mayor impacto. Pero podríamos empezar por reducir drásticamente el IVA cultural y equipararlo al de países como Francia o Alemania. ¡Quizá más políticos vendrían a los conciertos con entradas más baratas!