Nadal, tras su victoria en Indian Wells.

Nadal, tras su victoria en Indian Wells. Jayne Kamin-Oncea-USA TODAY Sports Reuters

Tenis Indian Wells

Nadal, de paliza en paliza

El español alcanza los cuartos de Indian Wells sin ceder un set derrotando 6-3 y 6-4 a Filip Krajinovic.

Ya llega, ya viene, ya está aquí. Por tercer partido consecutivo, Rafael Nadal logró una victoria contundente que proclama su candidatura a todo en Indian Wells. En octavos, el español acabó 6-3 y 6-4 con Filip Krajinovic y se metió en cuartos sin ceder un set en el torneo, una estadística que confirma lo bien que está jugando el número dos en el primer Masters 1000 de la temporada. A falta de medirse a un gran rival, algo que sucederá en la siguiente ronda contra Karen Khachanov (6-4 y 7-6 a John Isner), el balear solo emite señales de estar listo para lo que le venga, sea lo que sea. [Narración y estadísticas]

“Probablemente”, se arrancó Nadal después del triunfo, “he jugado un poco peor que ayer, quizás debido a las condiciones, a que hacía más viento”, añadió el español. “Pero en términos generales ha vuelto a ser una victoria positiva. Estoy feliz por la forma en la que he jugado”. 

La hora del partido, primer turno del día, obligó a Nadal a madrugar para cumplir todas las rutinas sin agobios. El español, que pocas veces en su carrera ha saltado a la pista con las puertas recién abiertas, se levantó a las seis y media de la mañana y comenzó su preparación desayunando, siguió con una entrada en calor suave, un calentamiento muy liviano con Jaume Munar, y terminó saliendo a competir a las 11 de la mañana, con el público buscando su asiento. Para el mallorquín, por supuesto, no supuso un trastorno. Acostumbrado a adaptarse a cualquier circunstancia, Nadal arrancó a pelear su pase a cuartos como si fuese mediodía, su franja favorita para jugar. 

Krajinovic, que en 2017 se destapó al alcanzar la final en París-Bercy, debería haberse medido a Nadal en los cuartos de ese torneo, pero el partido nunca se disputó porque el mallorquín abandonó horas antes de afrontarlo como consecuencia de una lesión en su rodilla derecha. Más de un año después, el serbio volvió a encontrarse con el español en una situación que bien podría recordar a la de entonces: con una mala posición en el ranking (113 del mundo, por el 77 de entonces), tras pasar la fase previa del torneo y con victorias de prestigio encima (David Goffin y Daniil Medvedev en Indian Wells, Sam Querrey y Nicolas Mahut en París). La combinación perfecta para despojarse de la inocencia del corderito y nutrirse del peligro del lobo. 

Con la bola en juego, Krajinovic buscó hacerle daño a Nadal sin pensárselo. Decidido a reventar la pelota, el serbio atacó, atacó y atacó sin darle un segundo de tregua al mallorquín. Por eso, y aunque comenzó perdiendo el partido (1-3), el aspirante se convirtió en el primer jugador en el torneo en arrebatarle un saque al campeón de 17 grandes (2-3), que reaccionó como si nada: le devolvió el break a Krajinovic inmediatamente (4-2) y siguió a lo suyo sin alterarse frente a los latigazos de su oponente, atinado para acertar en su búsqueda constante de las líneas. 

Aplicando una agresividad inteligente, Nadal volvió loco al serbio. Primero, le ganó la primera manga cuando más cerca estaba Krajinovic de poner el empate. Después, abrió brecha nada más comenzar la segunda (3-1) y lo que era una distancia de 100 metros pasó a ser una de un kilómetro. Y finalmente, el balear amarró otra victoria limpia, sin curvas ni momentos de presión. Eso, bien lo sabe Nadal, será difícil que se repita el viernes en cuartos ante Khachanov.