La pista central del torneo de Roma, durante el debut de Nadal.

La pista central del torneo de Roma, durante el debut de Nadal. Tony Gentile Reuters

Tenis Masters 1000 de Roma

En Roma también hay una Bombonera

La central del torneo italiano, con poco espacio a los lados y en los fondos, se caracteriza también por su grada vertical, que sumerge a los aficionados dentro del juego.

Roma (enviado especial)

El estadio Alberto J. Armando, popularmente conocido como La Bombonera, es la casa del Club Atlético Boca Juniors y uno de los campos de fútbol más famosos del planeta. Inaugurado en mayo de 1940, parte de la historia del balompié está irremediablemente unida a lo que ha sucedido entre esas paredes. La Bombonera, en cualquier caso, también es famosa por su estructura. Con forma de D, tres de sus lados ligeramente curvados y un cuarto completamente vertical, la sensación que tienen los aficionados al sentarse en las butacas es la de estar metidos dentro del terreno de juego porque la posición de las sillas les hace verse encima de los futbolistas. En Roma, donde estos días se pelea por uno de los títulos más prestigiosos del circuito tenístico, también hay otra Bombonera. La pista central del Foro Itálico tiene la misma disposición de butacas que el estadio argentino, y además cuenta con otra particularidad: a diferencia de otras grandes canchas, tiene muy poco espacio a los lados y en los fondos, condicionando irremediablemente el desarrollo de los partidos.

“Es una pista un poco diferente, las cosas pasan más rápido”, analizó Nadal, que este viernes se ganó una plaza en semifinales tras remontar a Fabio Fognini. “Personalmente, me gusta jugar en pistas que tengan el terreno de juego más grande porque visualmente tengo más tiempo para todo y normalmente a mis rivales también les cuesta más ganar metros y no ven el golpe ganador tan claro”, prosiguió el número dos mundial. “Madrid y Roma son los dos torneos más diferentes dentro de la temporada de tierra. Madrid por la altitud, que vuelve el juego más volátil, y Roma porque la pista es más pequeña que Montecarlo, Barcelona o Roland Garros, pero en cualquier caso la sensación de control es mayor que la semana pasada”.

“Es cierto que las cosas pasan más rápido”, coincidió Francis Roig, el entrenador que acompaña al mallorquín esta semana en el Foro Itálico. “A los lados es mucho más estrecha y la gente está más cerca. Visualmente se te hace una caja de cerillas”, continuó el técnico catalán. “Los organizadores tienen problemas para hacerla más ancha y saben que para ser una pista central es estrecha”, insistió Roig. “Por ejemplo, el miércoles cuando Thiem sacaba con kick [salto] a Fognini lo tiraba al lado del muro. La pista es muy vertical y la gente está muy encima. Incluso viendo el partido parece que estás metido dentro”, aseguró. “Todo esto provoca la sensación de que tienes menos espacio para correr. En su sitio más ancho parece que tienes más tiempo porque cuentas con la referencia de la gente mucho más separada de ti”, añadió. “En resumen, es más difícil defender y más fácil atacar”.

“Y yo creo”, opinó Nadal, “que la gente tan encima es bueno para el espectáculo, pero la gente podría estar igual de encima con un campo más largo y más ancho. Esto sería lo ideal, aunque el estadio me gusta”, afirmó el mallorquín. “Tener al público tan metido en la pista es una sensación bonita, pero es una pena que habiendo hecho el estadio nuevo hace tan poco no haya un poco más de espacio, más aún en una pista central tan importante como la de Roma”.

Según la Federación Internacional de Tenis (ITF, por sus siglas en inglés), una pista de tenis debe ser un rectángulo de 23,77m de largo por 8,23m de ancho para partidos individuales. A partir de ahí, el espacio que resta en los laterales y los fondos no está sujeto a ningún criterio, aunque los principales estadios de los mejores torneos del mundo suelen contar con metros más que suficientes, y ahí están los ejemplos del Abierto de Australia, Indian Wells, Miami, Montecarlo, Madrid, Roland Garros, Wimbledon o el Abierto de los Estados Unidos. 

Eso lleva a una pregunta evidente. ¿Ha ganado Nadal 11 veces en Montecarlo y Barcelona y otras 10 en Roland Garros porque esas pistas tienen unas dimensiones diferentes a las de Roma, donde ha conseguido siete títulos? Rotundamente no. ¿Ha influido? Seguramente sí. El español, ya se sabe, es de los mejores sacándole provecho a las grandes dimensiones.