Nadal, celebrando un punto ante Cuevas.

Nadal, celebrando un punto ante Cuevas. Charles Platiau Reuters

Tenis Masters 1000 de París-Bercy

Nadal, vendado a cuartos de París

El español vence 6-3, 6-7 y 6-3 a Pablo Cuevas, pero acaba con un vendaje en la rodilla derecha, donde hace unas semanas sufrió una carga de estrés.

París (enviado especial)

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“¡Que venga el fisio!”. El grito de Rafael Nadal se escuchó con claridad bajo el techo del antiguo Palacio de los Deportes de París y provocó un escalofrío en su banquillo. Tras perder la segunda manga de su partido de octavos contra Pablo Cuevas, el español pidió que le vendasen la rodilla derecha, la misma que le ha provocado algunos problemas aislados durante la temporada y la misma por la que tuvo que renunciar a jugar en Basilea tras sufrir una carga de estrés en la gira asiática. La sorprendente victoria del número uno (superó medio cojo 6-3, 6-7 y 6-3 al uruguayo) le clasificó para disputar los cuartos de final del último Masters 1000 del año ante Filip Krajinovic (6-2, 3-6 y 6-1 al francés Mahut), pero abrió un buen interrogante por el camino: ¿cómo está la parte más débil del cuerpo de Nadal? [Narración y estadísticas]

“Es obvio que mi rodilla no está el 100 %”, explicó el campeón de 16 grandes nada más acabar el partido en la sala de prensa, a la que llegó sin pasar por la ducha. “No me preocupa lo que pueda tener porque sé lo que hay. Me miré después de Shanghái y sé lo que hay”, prosiguió Nadal, que tras ese torneo se sometió a unas pruebas para ponerle nombre a sus problemas en la articulación. “El motivo de colocarme el vendaje es porque me sujeta un poco más la rodilla, tampoco es que me haya ayudado mucho. A veces, la venda te sujeta la rótula un poco más alta y te da una sensación de mayor estabilidad”, explicó el número uno, que rehusó entrar a analizar en profundidad las limitaciones que el dolor le provoca. “Sinceramente, estoy en medio de un torneo y no me apetece mucho hablar de si me limita o no me limita porque tengo un rival enfrente mañana. Estoy aquí para intentar hacerlo de la mejor manera posible y voy a tratar de seguir adelante”.

A principios de la semana, Cuevas se recompuso en París después de una racha malísima de 10 derrotas consecutivas. El uruguayo, que empezó el año mejor que nunca (título en Sao Paulo y cuartos de final en Indian Wells), no consiguió ganar un partido desde Roland Garros y se fue hundiendo cada vez más, sumando golpe tras golpe, decepción tras decepción. La victoria en su estreno en Bercy ante el ruso Khachanov le dio energías para sacar la cabeza y respirar un poco y la clasificación para octavos después de ganarle a Albert Ramos terminó de espantar el fantasma de esa crisis de resultados que le dejó en blanco más de cinco meses.

Antes de que todo se enredase, la puesta en escena de Nadal avisó a Cuevas de lo que tendría que hacer para aspirar a la victoria, a la que el mallorquín puso un precio altísimo. De arranque, el uruguayo se empeñó en hacerle daño a su contrario por la zona del revés, huyéndole descaradamente a la derecha, y vio a Nadal desarmarle con un chaparrón de pelotazos que aterrizaron de todas partes, tan atinado estuvo el balear para cambiar las direcciones con puntería y abrir la pista por los dos costados, generándose oportunidades para rematar el punto a placer, sin oposición alguna.

El número uno, que cedió por primera vez su saque cuando tenía todo bajo control (6-3 y 2-1), dejó que Cuevas se enganchase al partido con un break inesperado. El uruguayo le puso muchas ganas, sacó fenomenal (acabó con 11 aces y un 70% de puntos ganados con primero) y dejó algunos tiros que la grada recibió aplaudiendo de pie. Nadal pareció no inmutarse cuando todo se apretó, fue sobreviviendo a tirones y aterrizó en un desempate que no debería haber disputado, y que sin embargo terminó perdiendo para meterse en un lío importante. 

Con problemas de movilidad, sin poder apoyarse bien y dando respingos, dos errores en la red (para perder una ventaja de 4-2 y para dejar a Cuevas con un 6-5 que el uruguayo transformó en el segundo set) condenaron a Nadal a jugar el parcial definitivo. Apareció entonces el vendaje en la rodilla derecha, con el que se encendió la preocupación. Compitió el español con mucha garra (3-0 y dos pelotas para 4-0), perdió de nuevo la ventaja que se había fabricado (3-2) y acabó con la pierna diciéndole basta, pero ganando de milagro un cruce que no estuvo nunca en su mano, y que incomprensiblemente se le escapó a su rival.

Así, Nadal jugará el viernes con Krajinovic, un completo desconocido para el gran público que este curso ha ganado cinco Challengers. El número 77 del mundo está ante la oportunidad de su vida, y ahora más que nunca: el español tiene en su mano el pase a las semifinales, donde debería estar si se impone el peso de la lógica, aunque asaltará el duelo condicionado por el estado de su rodilla y por el poco tiempo de recuperación que tendrá (menos de 14 horas) hasta el inicio del cruce. ¿Suficiente?