La disparatada cifra de 16 títulos del Grand Slam a los que Rafa Nadal llegó este domingo al vencer en la final del Abierto de los Estados Unidos a Kevin Anderson le deja en una posición envidiable en la historia, que por supuesto va a luchar por seguir agrandando en las próximas temporadas. Esta vez, sin embargo, quiero rescatar algo sobre lo que estuve pensando mientras veía la victoria del español sentado en el inmenso estadio Arthur Ashe junto a grandes leyendas de nuestro deporte.

Con 31 años, y tras más de una década a sus espaldas en el circuito, no es ningún secreto. Nadal tiene un don único: ponerle al público una raqueta en la mano. Rafa logra conectar con la gente cada vez que salta a una pista de tenis. Rafa te hace sentir alegría, miedo, presión y euforia. Rafa consigue emocionar, como se emociona él ahí abajo durante todas las fases que atraviesa en sus partidos, tengan o no curvas. Rafa cuenta con esa distintiva capacidad, que ha acompañado a algunos jugadores a un nivel más bajo y que otros grandes de siempre no tuvieron nunca de su lado.

El domingo, el mallorquín hizo sentir a las casi 23.000 personas que ellos también estaban jugando la final contra Anderson. Los saques del sudafricano, la tensión en las oportunidades de break, las derechas paralelas de Nadal, el puño cerrado en cada celebración… La mayoría de los que estábamos allí presenciando el cruce vivimos en nuestra piel lo que vivió Rafa en la suya. Estoy seguro de que ocurrió lo mismo en los millones de hogares donde se siguió el partido. Ahí, Rafa también es muy diferente al resto: no solo transmite emociones a los que están viéndole en directo en la pista, es que se mete a través de la pantalla de la televisión y llena el salón de gritos, tensión y aplausos.

Lógicamente, el jugador también se alimenta de eso. El tenis es uno de los deportes más solitarios que existen, quizás no haya otro igual. La pista. La red. La raqueta. La pelota. Tu rival. Tú. Conectar con el público es energía positiva, un importante motor que también entra en juego a la hora de la verdad. En Nueva York, donde está la pista más grande del planeta, ir de la mano de más de 20.000 personas hacia el título debe ser una sensación incomparable a cualquier otra. Rafa lo sabe mejor que nadie.

***Manolo Santana fue ganador de Wimbledon y del Abierto de los Estados Unidos, es uno de los grandes tenistas de la historia de España y director del Mutua Madrid Open