Wawrinka, durante el partido contra Carreño en Indian Wells.

Wawrinka, durante el partido contra Carreño en Indian Wells. Paul Buck EFE

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Wawrinka no da opciones a Carreño en Indian Wells

El suizo priva al español de su primer final de Masters 1000 (6-3 y 6-2) y jugará por el título este domingo contra Roger Federer (6-1 y 7-6 a Jack Sock). 

Fin del sueño. El sábado por la mañana, Stan Wawrinka acabó con la aventura de Pablo Carreño en Indian Wells (6-3 y 6-2) y se clasificó para disputar la final del primer Masters 1000 de la temporada, en la que se medirá a Roger Federer (6-1 y 7-6 al estadounidense Sock) por el título de campeón. La derrota del gijonés, en ningún caso, desmerece una semana que el próximo lunes llegará a su punto culminante, cuando Carreño ascienda hasta el número 19 del mundo y se coloque como tercer español de la clasificación (por detrás de Rafael Nadal y Roberto Bautista). Ante el suizo, sin embargo, no hubo historia alguna: en algo más de una hora, Carreño estaba camino del vestuario. [Narración y estadísticas]

"La mayoría de las veces sé que cuando empiezo a ganar partidos en un torneo empiezo a tener confianza y una buena sensación con la pelota", explicó Wawrinka después de alcanzar su cuarta final de Masters 1000. "Normalmente, estar en una semifinal o en una final quiere decir que voy a jugar un buen partido. No significa que gane siempre, pero sé que voy a jugar un buen tenis".

Con la experiencia de su parte, Wawrinka se plantó en el encuentro sabiéndose candidato indiscutible a la victoria. Si habitualmente los partidos pasan por su raqueta, como no puede ser de otra forma con un tenis así de arrollador, de ataque llevado al límite, ante Carreño el favoritismo del suizo se multiplicó por dos, consecuencia de la trayectoria de uno y otro en cruces de la máxima exigencia, diametralmente distinta.

El español, de todas formas, jugó sus primeras semifinales de un Masters 1000 con descaro, sin dejarse impresionar por el escenario (la central de Indian Wells, en la que ya ganó a Pablo Cuevas el pasado jueves salvando dos puntos de partido), por el rival (campeón de tres grandes) o por la recompensa (el pase a la final). Respaldado por los resultados anteriores, que le colocaron en las manos la confianza que exhiben los mejores cuando disfrutan de varias victorias seguidas, Carreño peleó con Wawrinka como pudo, a veces mirándole a los ojos, a veces buscando una alternativa, obligándole todo el tiempo a ganarle el partido en lugar de regalárselo, que quizás habría sido lo normal.

Carreño se lamenta durante la semifinal de Indian Wells.

Carreño se lamenta durante la semifinal de Indian Wells. Larry W. Smith Efe

Pese a todo, sucedió que Wawrinka encontró amparo en el saque y eso le permitió gestionar con seguridad los instantes cruciales del partido, en los que Carreño intentó buscarle las cosquillas (por ejemplo, un 15-30 en el primer juego del duelo y otro tanteo idéntico en el arranque de la segunda manga). Inteligente, el español empleó la táctica más lógica: poner a correr al número tres del mundo para provocar que se saliese del carril al perseguir bolas esquinadas, posiblemente la peor situación para un jugador que disfruta reventando la bola desde las dos alas de su juego.

A Wawrinka no le importó lo más mínimo tener que moverse. Sin perder fiabilidad, el suizo escupió ganadores desde todos los lados de la pista, de derecha y de revés, y antes de la hora ganaba 6-3 y 4-2, con la victoria completamente bajo control. Carreño, que se fue ganando solo 10 puntos al resto (de 46 disputados) y no se procuró ni una sola opción de rotura, compitió más de lo que dijo el marcador, pero acabó inclinándose una vez más ante un top-10 (15 derrotas en 15 enfrentamientos) y se marchó a Miami con un sabor de boca que se irá volviendo más dulce según vayan pasando las horas. No es para menos.