María José Martínez durante el US Open de 2011.

María José Martínez durante el US Open de 2011. Getty Images

Tenis TENIS

Ser madre y tenista, ¿compatible?

Tras tener una hija hace tres años, María José Martínez cuenta en EL ESPAÑOL cómo le ha cambiado la vida y la forma de compaginar el final de su carrera con la maternidad. 

Rafael Plaza Dubái

En mayo de 2010, María José Martínez llegó a formar parte de las 20 mejores del mundo en individuales y dobles. El dato no es cualquier cosa, porque significa que fue capaz de conseguir compaginar con éxito las dos modalidades, con toda la exigencia que eso conlleva. La española, campeona de la Copa de Maestras una temporada antes (2009) junto a Nuria Llagostera, sufrió un puñado de lesiones en 2013 y se apartó del circuito porque fue madre. La llegada de su hija, sin embargo, no le quitó la idea de continuar con su carrera, al revés.

Ahora, cerca de cumplir los 35 años, Martínez sigue peleando en lo más alto de la élite sin que la maternidad haya sido un problema. Tras ganar la primera ronda del torneo de Dubái al lado de Andreja Klepac (6-4 y 6-4 a Jelena Jankovic y Anastasia Pavlyuchenkova), la española se sentó con este periódico para explicar cómo es capaz de compaginar las necesidades de su hija con su vida en el circuito, etapa que se acerca al final.

LA DECISIÓN

“Decidí volver a jugar después de ser madre porque acabé con mal sabor de boca mi último torneo. Fue malo, amargo, con una lesión. No remontaba y me tuve que acabar operando. No me quería despedir del tenis de esa forma, así que me animé a intentarlo y aquí estoy. Ahora me gustaría despedirme a lo grande. Mi hija tiene tres años y en septiembre empezará en el colegio. Mi idea es jugar este año y como mucho otro más, así que no será un problema e intentaremos compaginarlo de la mejor forma posible. Mis objetivos son clasificarme para la Copa de Maestras de Singapur y ganar un Grand Slam”.

LOS CAMBIOS

“Es un cambio en todos los sentidos. Las prioridades cambian mucho porque tú ya no eres la primera, no piensas tanto en ti misma y además dependes de alguien. También te cambia la vida en el ámbito profesional. Es cierto que no empecé a competir hasta que la niña tenía 10 meses, pero la disponibilidad de tu tiempo es distinta: para entrenar, para prepararte, para todo en general…”.

LOS VIAJES

“En mi caso, gracias a la ayuda de mi marido puedo permitirme seguir viajando. Podemos decir que la niñera es mi marido. Él tuvo que dejar su trabajo cuando decidí seguir compitiendo. La llevamos a la guardería y en casa tengo tiempo para prepararme, pero no entreno como lo hacía antes. El hecho de viajar sin ella es muy diferente. En Australia estuve un mes sola y se hizo duro.

Hay giras que son cómodas para que venga con nosotros. La de ahora de Doha y Dubái, Indian Wells y Miami, la otra de verano por Canadá, Cincinnati y Nueva York… el hotel suele estar cerca y todo es más sencillo. En Australia, por ejemplo, lo pensamos y acabamos descartándolo porque eran demasiadas cosas: el jet lag, tres torneos, recuperarse luego a la vuelta a España. Aunque la verdad es que lleva bien los cambios horarios. La ponemos a dormir, lo hace y puede estar dormida 12 horas del tirón. En ese sentido, tenemos mucha suerte”.

EL DÍA A DÍA

“Me intento organizar la jornada, entrenando pronto por ejemplo. Ellos se quedan en la habitación y cuando he terminado intento estar con ella para que mi marido haga un poco de físico en el gimnasio y desconecte. Nos organizamos así. Cuando juego partido nos cuadramos para que duerma. Por ejemplo, hoy he jugado a la una y ha sido imposible, pero con casi tres años empieza a comportarse y sabe estar callada en la pista, a comprender un poco más.

Ahora empieza a entenderlo todo. Al acabar el partido me dice: ‘Mami, ¿has ganado?’. Y le respondo: ‘Sí, he ganado’. Entonces se vuelve loca: ‘¡Bien! ¡Viva!’. Es increíble lo inteligente que es. Se entera de todo, lo observa todo y se queda con los detalles. Ahora está empezando a chapurrear palabras en inglés”.

FUTURO

“Desde que era un bebé tiene la raqueta en casa. Ahora ya tiene dos y le va pegando. A mí me gustaría que supiera jugar, pero a partir de ahí… si quiere dedicarse o no es cosa suya. Si quiere hacerlo tendrá mi apoyo, pero no voy a presionarla. Yo jamás le digo nada. Cuando me dice que juguemos nos podemos las dos a pelotear un poco, pero es algo que sale de ella. Me encantaría ser su entrenadora si decide jugar el día de mañana, pero seguro que chocaríamos porque las dos tenemos mucho carácter”.