Craig Cunningham saluda a sus compañeros.

Craig Cunningham saluda a sus compañeros. Twitter

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La historia de Craig: vuelve a la pista de hockey tras sufrir un infarto y perder una pierna

El jugador de los Tucson Roadrunners estuvo a punto de morir hace cuatro meses, pero se ha recuperado milagrosamente y ya se fija nuevos retos en el futuro. 

8 junio, 2017 00:08

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El deporte, a menudo, avala la literatura de superación. Se convierte, en muchas ocasiones, en un libro de Jorge Bucay repleto de frases rimbombantes. Ya saben, “cuanto más difícil es la victoria, mayor es la felicidad de ganar (Pelé)”; “cuanto más sueñas, más lejos llegas (Phelps)”; o “no se trata de si te derriban; se trata de si te levantas (Lombardi)”. En definitiva, sentencias de éxito con las que alimentó su niñez Craig Cunningham. Él, desde bien pequeñito, siempre impulsó su deseo por convertirse en jugador profesional de hockey. Pero, una vez en lo alto, cayó involuntariamente. El pasado 19 de noviembre, en un partido con los Tucson Roadrunners de la AHL (segunda división), sufrió un ataque al corazón y estuvo a punto de morir -incluso le tuvieron que amputar una pierna-. Cuatro meses después, ha vuelto a ponerse los patines.



La vida de Craig se paró en seco ese 19 de noviembre. Hasta entonces, había recorrido la senda del éxito con voluntad y sin altibajos. Cunningham, como la mayoría de los niños en Canadá, empezó a jugar a hockey y alimentó su talento en busca de divertimento. Sin embargo, su destreza le dio para llegar a ser profesional. Debutó con los NiteHawks en 2005, pasó cinco años en los Vancouver Giants y jugó en la NHL (primera división) con los Boston Bruins y los Arizona. Es decir, a lo largo de su carrera, siempre había sido un jugador voluntarioso, pero sin estrella. Y también ahora, antes de sufrir ese ataque al corazón, justo cuando disfrutaba como capitán de los Tucson RoadRunners.



Hasta ese 19 de diciembre, su vida había sido la de un jugador profesional de clase media: era conocido entre los aficionados al hockey, pero no llegaba mucho más allá. Pero entonces, por desgracia, todo cambió. En un partido contra los Manitoba, se desmoronó en la pista y tuvo que ser atendido por los servicios médicos del pabellón. Durante 90 minutos, trataron de reanimarle. Y lo consiguieron antes de trasladarlo al hospital, pero su última imagen fue la de un jugador tumbado en la pista y con la camiseta rasgada.



Al llegar al hospital, fue atendido, pasó nueve días en coma y volvió a abrir los ojos. Craig, entonces, no se acordaba de nada. No sabía qué hacía allí. Después, eso sí, fue reconstruyendo la escena. Sabe que acudió al estadio, que escuchó el himno y que jugó. Pero ahí terminaban sus recuerdos. Cunningham sufrió un ataque al corazón y cayó al suelo sin motivo aparente. Su corazón “estaba sano y era joven”, declararon los médicos posteriormente en conversación con los periodistas.



La desgracia, sin embargo, no acabó ahí. Tras el ataque al corazón, unos problemas sobrevenidos provocaron que los médicos tuvieran que volver a intervenir. “Tenemos que amputarte la pierna, Craig”, le dijeron. Y él aceptó. No le quedaba otra. Cunningham tuvo que asumir entonces que ya no podría volver a jugar al hockey. Dijo adiós involuntariamente a su deporte, a su pasión y a su principal fuente de ingresos. Es decir, a su vida al completo.



“Tras aquello, los primeros dos o tres meses fueron difíciles. Me miraba al espejo y me decía: ‘¿Y ahora, qué?’”, se preguntó Craig durante un tiempo. Hasta que volvió a encontrar auxilio en el futuro. Cunningham se mentalizó: él quería volver. ¿Cómo? Eso ya lo vería, pero lo que tenía claro es que no se iba a quedar postrado en su casa, eso bajo ningún concepto. Y a eso dedicó sus esfuerzos.



Cuatro meses después, el pasado 31 de marzo, volvió a una pista de patinaje y grabó su vuelta. Entró en el vestuario, recuperó sus patines y se los puso. “Me costó un poco, es difícil adaptarse a la falta de control”, declaró. Pero él no pierde la fe. Sabe que probablemente no vuelva a jugar al mismo nivel, pero se resiste a pensar que no podrá competir de nuevo. “Siempre he pensado que hay que seguir hacia delante y tratar de llegar al límite. Eso es lo que quiero ahora, exigir a mi cuerpo hasta los límites que pueda”, sentenció.



Seguramente, su última frase no pertenezca ni a Pelé, ni a Maradona, ni a Jordan, ni a Federer, pero su espíritu de superación trasciende al de todos ellos. Él no tendrá tanta repercusión. Fue un jugador normal, un tipo que amaba su deporte y que, de un día para otro, se encontró fuera involuntariamente. Sin embargo, no se ha rendido. Se ha vuelto a levantar en apenas cuatro meses. ¿Que no podrá hacer de aquí en adelante?