Pol García, durante un partido de fútbol.

Pol García, durante un partido de fútbol.

Fútbol

Pol García (30), futbolista: "Me fui de España con 16 años y esto es lo que más echo de menos"

El central tuvo que emigrar desde muy joven para ganarse la vida cumpliendo su sueño de ser jugador profesional.

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Pol García Tena, central catalán forjado lejos de casa, reconoce que su carrera le ha dado mundo, pero también una certeza: España es el lugar que sigue marcando su forma de vivir y de entender el fútbol.

Cuando habla de lo que más echa de menos, la conversación se escapa enseguida del terreno de juego y va directa a la mesa, la calle y la familia.

Nacido en Terrassa en 1995, García salió joven al extranjero, encadenando etapas en Italia y otros destinos europeos mientras se consolidaba como defensa profesional.

Esa experiencia le permitió conocer vestuarios y culturas distintas, pero también le hizo tomar conciencia del peso de su educación futbolística y personal en España.

"Te das cuenta de lo que tienes cuando lo pierdes. Sales fuera pensando solo en crecer como jugador y acabas valorando cosas muy sencillas de casa: cómo se vive el día a día, cómo se habla en el vestuario, incluso el ruido de un bar un domingo por la mañana", admite el defensa.

La mesa como refugio

Si hay un punto de partida cuando se le pregunta qué echa más de menos, es la comida. "Lo primero que me viene a la cabeza es la comida", sonríe García.

"Un buen pan con tomate, un arroz del domingo, las tapas con los amigos… fuera puedes encontrar restaurantes españoles, pero no es lo mismo que sentarte en la mesa de tu madre o de tu abuela".

El defensa reconoce que la gastronomía es, en realidad, una excusa para hablar de pertenencia. "No es solo el plato, es quién tienes delante. En España la comida es la excusa perfecta para juntarte, para hablar de todo y de nada. Cuando estás fuera, muchas veces comes rápido, solo, entre entreno y entreno, y eso lo notas".

La familia ocupa el otro gran espacio de su nostalgia. "Me pierdo cumpleaños, comidas familiares, la típica llamada de 'oye, que hoy nos juntamos todos' y tú estás a mil kilómetros", explica.

"Intento volver cuando el calendario lo permite, pero un futbolista vive del calendario de la competición, no del suyo".

Al hablar del idioma, García subraya algo que muchos compatriotas comparten cuando salen fuera. "Entiendo y hablo otros idiomas, pero desahogarte en tu lengua, hacer bromas en catalán o en castellano, eso no tiene sustituto", afirma.

La calle, el barrio y el fútbol

Más allá de la esfera privada, el jugador destaca el ambiente de la calle en España. "Echo de menos ver la gente en las terrazas, el barrio vivo a casi cualquier hora, el simple hecho de bajar a por el pan y tardar media hora porque te vas encontrando a conocidos", resume.

También el fútbol se vive diferente. "El fútbol en España se respira desde pequeño, está en cada conversación", apunta el central. "Cuando juego fuera, noto el cariño de la afición, pero el ruido, la pasión del fútbol español, eso es único. Sueñas con volver a sentirlo cerca de casa".

Preguntado por el futuro, García no esconde que le gustaría reencontrarse profesionalmente con su país. "Me siento agradecido por todo lo que me ha dado jugar fuera, pero claro que me gustaría volver a España en algún momento", reconoce.

"No sé cuándo ni dónde, el fútbol cambia muy rápido, pero la idea de jugar con mi gente cerca y que mis padres puedan venir al campo sin coger un avión siempre está ahí".

Mientras tanto, se aferra a pequeñas rutinas para mantener vivo el vínculo. "Pongo música de casa en el coche, busco partidos de LaLiga por la tele y, cuando puedo, me escapo aunque sea dos días", concluye.

"Sales al extranjero para crecer, pero España siempre acaba siendo el sitio al que miras cuando necesitas recordar quién eres".