Randolph entra a canasta ante dos jugadores de Joventut.

Randolph entra a canasta ante dos jugadores de Joventut. Efe

ACB

Al Real Madrid le sobra con Doncic y la inercia ante el Joventut

El conjunto blanco se impuso a la Penya (87-70) en un partido de trámite en el que Luka Doncic rozó el triple-doble con 9 puntos, 8 rebotes y 10 asistencias.

Ha llegado ese momento de la temporada liguera donde el Real Madrid únicamente juega por inercia, sin darle importancia al rival o a si juega en casa o fuera. Es lo que tiene conocer el futuro inmediato de la Euroliga -cruce de cuartos frente a Panathinaikos con CSKA o Khimki como rival de semifinales en una hipotética Final Four- y saber que, uno, ya tienes asegurados los playoffs de la ACB y que, dos, muy mal se tiene que dar la cosa para no ser primero de la fase regular. Así es difícil desperezarse, más aún si el rival -en este caso el Joventut- apenas te hace cosquillas incluso cuando juegas a medio gas e incluso así aseguras el factor cancha en las eliminatorias por el título. [Narración y estadísticas: 87-70]

Para su desgracia, la Penya juega a otra cosa, en otra liga. Los problemas internos del club badalonés se trasladaron a la cancha y su verdadera lucha está en la supervivencia a cualquier precio, aunque esa no pasa por el Palacio de los Deportes. Ahí el Real Madrid es dueño y señor, aunque ni tenga ganas de jugar. Porque hoy no tenía ganas de jugar.

Amaneció frío el partido y murió más frío todavía, aunque por el camino el conjunto de Pablo Laso pareció el león de los documentales de La2, que sólo hace caso a los cachorros cuando le calientan más de la cuenta o le amargan la siesta, así jugueteó el Real Madrid con una Penya que por un momento pensó que podía sacar algo de la capital y no se dio cuenta de que en realidad estaba despertando a la bestia.

Chasson Randle jugó minutos de más, esos que no ha tenido en toda la temporada, por la lesión de Facundo Campazzo y la cada vez más inminente vuelta de Sergio Llull que tampoco llegó esta vez. Tavares dominó la pintura casi sin querer, Carroll se dedicó a lo suyo (16 puntos en menos de 16 minutos) y Doncic... Bueno, Doncic fue Doncic.

Ese 26-28 del segundo cuarto aprovechando los bostezos de los madridistas se tradujeron en el primer zarpazo el león. En un visto y no visto, los blancos se fueron al descanso con un marcador bastante más normal (46-32) comandado, como no, por Doncic. El esloveno reboteó, repartió varias asistencias -Carroll y Gustavo Ayón como beneficiarios- y anotó, aunque se quedó a un suspiro de su primer triple-doble de la temporada (9 puntos, 8 rebotes y 10 asistencias).

Mediado el tercer cuarto, quizás el más anodino de todo el partido, llegó la máxima diferencia del encuentro para los blancos (70-47) y aunque bajó hasta los 12 de diferencia a cinco minutos del final (74-62) en el Palacio no hubo ni nervios ni tensión ni mucho menos partido. La inercia le sobra al Real Madrid en la ACB, más si cabe con Doncic en pista.