C. Tangana en Operación Triunfo.

C. Tangana en Operación Triunfo.

Música Performance

¿Genio o espantajo?: C. Tangana huye de OT y se ríe del programa

  • El músico urbano ha celebrado su última performance en el concurso de TVE: ha dejado al presentador con la palabra en la boca al acabar la actuación y se ha reído de su propio show en redes sociales. 
  • C. Tangana: "El PP no es de derechas"

C. Tangana es uno de los artistas más esperpénticos, sorprendentes y geniales de nuestro tedioso tiempo: se balancea constantemente en esa delgada red que separa lo ridículo de lo sublime, eso sí, con feliz resultado. A nadie deja indiferente. No es un peluche intercambiable más de la industria. Cuando empezó a pegar fuerte en el sector, como él mismo dice en uno de sus temas, “abrió un agujero” para que los traperos entraran, excluidos como estaban de las grandes multinacionales por su condición -buscada- de niños marginales y honestos que lanzaban gallos inteligibles en un barrio más bien ingrato.

Poseían sueños de superación que se canjeaban siempre en dinero, drogas y mujeres. Eran la clase obrera con ínfulas que en cuanto toca billete desdeña su propia conciencia social: pero eso también era un producto con personalidad, y, sobre todo, con estética, aunque de mensaje fuesen flojos. Escuela Yung Beef.

Al poco, la música de C. Tangana fue evolucionando hacia un sonido que él prefirió identificar como “pop urbano”, y desplegó, Sony mediante, una campaña de márketing potentísima que rendía culto a su identidad. Parió un ídolo y convenció al público de que lo era aunque, en la práctica, tocase en salas pequeñas que no acababan de llenarse. El despegue fue inminente. La elaboración de un personaje entre el chaval ibérico -estilo Bardem en Jamón, jamón- y el mafioso resabiado fue decisiva. En los últimos meses le hemos tenido presente gracias a temas como Llorando en la limo, Duro o Booty, su colaboración con Becky G. Ya copa todas las listas de éxitos y coquetea con Latinoamérica. 

El desplante a OT

C. Tangana conjuga la mente empresarial y la performática. Esto último es importante en su huella mediática: nunca renuncia al show. La última de las suyas la hizo anoche en Operación Triunfo, un formato televisivo, a priori, contrario a su marca. Ya avisaba con una foto en Instagram de su presencia en el concurso de TVE: “Escribe aquí todo lo que piensas de que esta noche estrene mi último bolero en directo e OT. 12.00 h. No te cortes. Saraut busta”, tecleó. 

Así fue: se presentó en el escenario acompañado de Niño de Elche a la guitarra, ataviado con pintas de otra época, o quizá rabiosamente de ésta. Traje blanco, chaqueta corta estilo torero, camisa de seda rojo carmín, medallas de oro, gafas de sol y vasito de whisky en la mano. Un cuadro. “Me está quitando la vida muy poquito, poquito a poco. Ay, pregunta la prensa: Puchito, ¿cuál es la maña? Sin cantar ni afinar… pa’ que me escuche toa’ España”, entona con su maltrecha voz, consciente de que era exactamente lo que estaba generando. “Es un veneno que llevo dentro, en la sangre metido, que va a hacer que me mate sin que me haya siquiera querido. Lo hice por ti, mami (…) Yo he nacido bohemio, pero tu amor me ha cambiado, y ahora quiero triunfar y ganar y salir en la tele y en la radio”. 

Pura profecía autocumplida su tema Un veneno. Al acabar la canción, el presentador de OT, Roberto Leal, se dirigió a él desde el otro lado de la pasarela para que mandase unas palabras a los chicos, como acostumbran este tipo de artistas. Sin embargo, C. Tangana se esfumó y Leal se quedó con la palabra en la boca. “Gracias por venir a OT y entender la música como un espacio de libertad y de creación. ¡Se nos va C. Tangana… emocionado! Igual que estamos nosotros emocionados de que haya venido. Hasta luego, Maricarmen (…) Tengo la sonrisa en la cara por lo que acaba de pasar. Estas cosas pasan. Un veneno es lo que me ha entrado a mí ahora”, balbuceó el conductor.

Acto seguido, y ya vía Instagram stories, C. Tangana subió desde los camerinos un pequeño vídeo llorando de risa sarcástica, con la boca abierta, y puso a reventar las redes a comentarios. Lo decía Dalí, otro surrealista: “Que hablen bien o mal, lo importante es que hablen de mí, aunque confieso que me gusta que hablen mal. Eso significa que las cosas me van muy bien. De los mediocres no habla nadie, y cuando lo hacen sólo dicen maravillas”.