El humorista de Venga Monjas y escritor Xavi Daura.

El humorista de Venga Monjas y escritor Xavi Daura. Moeh Atitar.

Libros Entrevista al humorista y escritor

Xavi Daura: "El español tiene una relación estrecha con sus testículos; ahí toma sus decisiones"

El integrante de Venga Monjas presenta su primera novela, 'Bravo', un retrato hilarante de un español feroz que se ve atrapado en una misión: ser el seleccionador de fútbol del país. 

No arrancaremos párrafo con esa cursilería -cierta- de que el humor tiende puentes; pero hay una novela que el español medio -hasta que el que no se siente así- debe leer urgentemente para rebajar la tensión asfixiante de estos días. Uno pasa las páginas y empieza a respirar más limpio; uno pasa las páginas y empieza a sonreírse de medio lado por las chorradas que nos edifican. Xavi Daura -humorista y miembro del dúo Venga Monjas- nos presenta a Rafael Bravo, un modelo de hombre ibérico que nos suena mucho: testiculario y pánico, ternura y dudas, traumas viejos, mentirijillas que se hacen gordas y un afán irracional por ganar a toda costa.

Se trata de un tipo que se anda preparando para ser el seleccionador de fútbol de España en el Mundial de Rusia, pero la presión le hace caer fulminado por un ataque de ansiedad. Al acudir a la psicóloga para arreglar sus tuberías emocionales cuanto antes, hace un repaso -honesto, trágico y desternillante a la vez- por su propia vida: su infancia en un pueblo de la Extremadura profunda, cómo le azuzaron a ser la clase de macho que debía ser -cerveza y peleas: no fueran a confundirlo con una niña-, cómo se acabó pirando a Japón, cómo fue construyendo un concepto extraño del honor, por qué tanto pavor a decepcionar a la nación. 

El retrato que hace Daura en Bravo (Temas de Hoy) es hilarante, ágil, brillante sin sacar músculo, cañí y sofisticado a la vez. Orbita alrededor de las grandes filias masculinas pero hace algo mucho más interesante que parodiarlas: intentar entenderlas y trufarlas de contexto, de humanidad, de afecto y de cachondeíto

“Mi vida ha sido una serie imparable de buenas decisiones tomadas desde mis cojones, los mejores consejeros que tengo”. ¿Qué relación tiene el hombre con sus testículos?

Bueno, pues ahí lo llevas (risas). Concretamente, el hombre español tiene una relación muy estrecha con sus testículos porque se supone que es ahí donde se concentra… de entrada, se concentra la testosterona, y eso conlleva la toma de decisiones. Es decir: en España hay que tomar las decisiones desde los huevos. Me gustaba mucho empezar el libro así porque sentaba las bases de “vale, este personaje es este tipo de hombre” y a partir de aquí vamos a ver cómo es más por dentro, qué tipo de corazón tiene y poco a poco ir descubriendo que es una persona normal, como cualquier otra, y que tiene sus cositas. Intenté bajarlo al mundo real y que se desnude un poco emocionalmente. El libro empieza así para hacer el contraste con el ataque de ansiedad que le da al principio: para mí es eso. Es un tipo que nunca ha dudado de nada, que siempre ha ido pa’lante y que de repente se encuentra con que la misión que le encomiendan no está seguro de hacerla. Y se agobia.

El testiculario efervescente contrasta también con eso de “joder, tengo miedo”, y no ser capaz de reconocerlo delante del grupo. O de uno mismo. O con la certeza de que el “¿a que no hay huevos?” nos lleva directamente al riesgo físico o a la muerte.

(Risas). Sí. Eso lo puedes aplicar al tipo de política que estamos viendo hoy en día, al carácter español más arraigado (se podría decir “rancio”). Estos señores que parece que estén viviendo en una huida hacia adelante: “Yo digo que esto es así y punto”. Y si se dan cuenta de que no es así, lo tienen que negar. De eso tiene mucho el personaje de Rafael Bravo. Me interesaba mucho su relación con España. Tomando notas para la novela, me salió una frase que era como “el español no reflexiona, sólo reacciona”. Hay una gran falta de reflexión en este país.

¿Qué crees que tiene el fútbol para que haya gente que se pegue e incluso que se mate por él?

Pues mira, yo particularmente nunca he sido nada futbolero, y al pillar este libro y abordar un tema que no es mi tema, me puse a investigar y descubrí gratamente que el fútbol en realidad es muy bonito.

Eso dicen.

Sí, ¿no? Es muy épico y tal, decían. Ahora lo he visto. Y creo que es por el hecho de que está pasando en vivo y no hay trucos: lo que es es lo que ves.

Es visceral.

Sí, y eso tiene algo muy auténtico que no se puede copiar ni imitar. Es tan básico como valiente. Y es apasionante observar los estilos que tiene cada jugador, la manera en que defiende o ataca, cómo se desenvuelve. Para alguien a quien le gusta el deporte, es muy completo. Mi manera de explicar por qué el fútbol me parece tan interesante a estas alturas es esta: siempre he sido muy cinéfilo, y me gusta el cine comercial y el independiente, pero hay un punto de admiración por el cine de autor. El tema es que documentándome sobre el fútbol he descubierto que cada jugador es como si fuese un autor…

Vaya, ha crecido la cosa bastante.

Total, total (risas). Una serie de autores sin conciencia de ser autores. Cumplen sencillamente con su deber de jugador. Pero tienen un estilo. Once autores juntándose con otros once autores y durante hora y media juegan un partido y hacen algo único, en vivo, que no se puede cortar ni pegar. Es interesantísimo a nivel creativo.

¿Qué convierte a un hombre en un hombre a ojos de la sociedad? En el libro se dibujan ciertos elementos: la cerveza, las pelotas, el fútbol…

El valor, pero es una forma de decir “los huevos”. El ganar. En la novela se aborda bastante el concepto de ganar. En un momento dado, la psicóloga le dice: “¿Tú por qué quieres ganar?”. Y esta pregunta es curiosa de contestar. “Hombre, porque es mi obligación como futbolista...”. Bueno, pero más allá de esto, ¿por qué quieres ganar? ¿Es que te van a pagar más? No. Es una cosa de honor.

“Honor”, esa palabra tan antigua.

Claro, y remite a algo más antiguo aún que no sabemos bien qué es. Te pones a pensar y dices: ostras, es verdad que el ganar es una manera de engañar a mucha gente (risas). A quien no le importa perder, realmente, tiene mucho ganado.

Alguien que no tiene nada que perder es libre, ¿no? Como Joker.

Exacto. Joker es muy buen ejemplo. Es el absoluto ejemplo de alguien que se encuentra con el héroe, y el héroe tiene ese rollo de ganar, de querer triunfar por encima del mal, y el otro dice “bueno, venga, yo voy a intentar hacer el mal, pero si me sale mal tampoco pasa nada… me seguiré riendo”. Sin duda el fútbol es algo que está formado por Batmans. Ningún Joker. Pero porque tiene que ser así. Si de repente hubiera jugadores a los que les da igual perder, sería una ruina para ese equipo. En realidad es eso… ¿por qué, por qué lo de ganar? Y es verdad que al fin y al cabo, a pesar de que se estén moviendo millones de euros, aficiones y tal, esto es un juego.

¿Puede el feminismo matar al macho ibérico?

Sí, y de hecho creo que ya se están haciendo grandes avances, afortunadamente.

A veces parece que como respuesta al feminismo están saliendo muchos reaccionarios bestiales, machos ibéricos que antes guardaban silencio y ahora, como se sienten amenazados, se golpean el pecho en público.

Sí, a ver, yo creo que la figura del macho ibérico tiene su encanto. Está bien que haya ahora una conciencia de “tío, no puedes ir así por la vida, sobrándote con todo el mundo y creyéndote mejor que los demás”. Pero sin embargo, de vez en cuando te encuentras con algún personaje entrañable y dices “vale, este tío es un flipado pero no es peligroso”. Y cuando te sientas con él y hablas a pesar de que sois gente muy distinta… pues lo ves. Eso me parece bonito. Para mí el feminismo es parecido al ecologismo que estamos viendo ahora. Estés más o menos concienciada con reciclar y con colaborar en el medio ambiente, son cosas que caen por su propio peso. Si el mundo empeora en cuanto a condiciones de vida, perdemos todo. Yo creo que el feminismo tiene mucho de eso: si todos podemos estar colaborando en una misma dirección, no veo que nadie pierda. Si alguien va en contra de eso, se está cerrando puertas, como quien dice.

¿El fútbol tiene poco humor?

Yo creo que tiene bastante.

Hay cositas con las que poca broma, muchas veces.

(Risas). Sí, pero dentro de eso hay mucho humor. Dentro de la gente que va tan a muerte… La gente que dice “hoy jugamos contra no sé quién”. ¡Que hablan como si ellos jugaran! Hablan en primera persona. Pepe Rubianes tenía un monólogo que hablaba de eso: algo como “la gente a la que le gusta el fútbol… ¡están locos! Hoy ‘hemos perdido’. Hoy ‘hemos ganado’. Es como: tú no has hecho nada, loco. Y además estás gordísimo, no haces nada de deporte...’. Tiene mucho humor eso. Y el humor tiene su propio rollo, su propia mitología. Cuando estaba Cristiano Ronaldo en el Madrid, por ejemplo. Y el Guardiola-Mourinho: esa época era muy tensa, de “ostras, qué villano y héroe...”. Parecía de cómic de Marvel.

Y yo creo que ellos mismos se daban cuenta de toda la broma que había. Igual ellos luego se encontraban en una comida y se llevaban bien, pero de cara a la afición sí que había como mucho show. Y para mí, lo más divertido del fútbol sin duda es El Chiringuito. El programa, ¿sabes? Me parece increíble. Ni nosotros con Venga Monjas podemos llegar a ese nivel de surrealismo y de delirio que tienen ellos. Por una parte les veo como señores muy metidos en el fútbol pero por otra parte veo que son muy conscientes de la guasa que ello conlleva. El equipo técnico del programa… me parece que son genios. Tienen un tipo de realización… es muy creativa y es muy humorística. Y mola porque funciona tanto para un público que vive mucho el fútbol y se lo toma muy en serio como para gente que lo vive de forma más liviana, como entretenimiento.

Decías lo de Cristiano Ronaldo y pensaba en cuando fue condenado por fraude fiscal y aquí a la afición le daba igual, ¿no? De repente, más sagrado que nuestra madre. ¿Cómo de loca es la mitomanía futbolera? ¿Cómo de irresponsable? A muchos se les erige como héroes ejemplarizantes en muchos sentidos.

Total. Claro, yo al venir de Barcelona lo veo más con el Barça. A mí me sorprendía mucho y me parece bastante tóxico el hecho de que el Barça sea un ejemplo tan importante para los niños de Cataluña, y no hace falta rascar mucho: te pones a mirar y estafan a Hacienda, están metidos en líos, en cosas muy turbias… joder, eso me parece un ejemplo pésimo… esta cosa de “hay que ganar, ganar, ganar”. La verdad, no creo que sea bueno para los niños. Me parece divertido, pero no bueno.

¿Es que nadie va a pensar en los niños?

(Risas). Es que yo creo que todo esto viene porque de pequeño a mí se me daba mal jugar al fútbol y los deportes, en general. Bueno, y los estudios. Todo lo que tuviese que ver con el colegio se me daba mal. Por eso, de forma natural, empecé a asumir que… bueno, que no voy a sacar nunca un diez, que no voy a marcar nunca un gol, y eso me daba cierta paz. “Mientras tenga mis amigos y pueda estar ahí pasándomelo bien, realmente me da un poco igual ganar o perder”. Yo he crecido así y por eso más de mayor no lograba empatizar con la gente que siempre se afana en acertar.

¿Cómo se relaciona la ideología con el fútbol? Pienso ahora en Piqué.

Me parece muy peligroso relacionar deporte con política. Por ejemplo: el enfrentamiento Barça-Madrid: pasa lo que pase en el campo me parece interesante, pero que eso se lleve a las calles… es muy peligroso. Yo como barcelonés nunca me he sentido maltratado por ningún madrileño, siempre me he sentido muy acogido aquí en Madrid, pero sí que es cierto que por culpa del fútbol existe ese mito de “uy, te van a canear”. O al revés. Cierta sospecha. Y es como “no, hombre, no”. Hoy en día es más por el tema político, que es ya esquizofrénico y va mucho más allá del fútbol. Da mucha pena y es así como muy… polémico todo el rato. Agotador.

¿Sobre qué temas no se puede hacer humor en España ahora mismo?

Sobre muchos temas. La cosa está en que humor puedes hacer de lo que quieras…

Hay un humor que se paga caro.

Sí, por eso hay que saber hacerlo. Todo tiene su vueltecita. Por ejemplo, el tema de Cataluña que es muy tenso y tal, yo como humorista catalán sé que tengo como ese privilegio de poder salir al escenario y hacer bromas sobre Cataluña. Y eso me parece bien pero sé que tengo que ir con cuidado. No puedo decir cualquier cosa. Pero eso es el humor: es no poder decir cualquier cosa, sino encontrar el ángulo y la forma de decir algo que nos alivie a todos sobre un problema grave. Y hay maneras de poder hacer humor de lo que quieras. Pero yo como catalán veo a un humorista no catalán haciendo bromas sobre Cataluña y por lo general creo que me voy a reír, si las bromas son buenas, claro.

Mira lo que pasó en La Resistencia con Iggy Rubín y Ortega Lara.

Claro… eso ya es el humor en la televisión y en programas que tienen un audiencia importante. Tú como humorista tienes que ir viendo dónde estás en cada momento. Si algo en un show de monólogos en un bar, eso es estupendo porque puedo tirar millas. Pero si voy a un programa de tele hay que ser un poco consciente. Dicho esto: lo que pasó en La Resistencia con Iggy Rubín me supo muy mal porque sus chistes eran muy buenos. No eran chistes de ofender por ofender. No estaba defendiendo a ETA, obviamente. Eran bromas bien pensadas que pilló Vox y montaron la de dios. “Esto lo podemos llevar a los juzgados...”. Claro, eso acojona. Lo hablas con el equipo legal del programa y dicen “mira, no quiero que Iggy Rubín termine en la cárcel, vamos a quitar el programa”. Y eso es muy fuerte. Es sorprendente que se lleguen a estos puntos. Yo siempre he dicho que el público tiene el derecho e incluso “tiene que” ofenderse.

¡No pasa nada por ofenderse…!

Es una reacción normal. Pero claro, en este caso lo pillaron como herramienta política y se volvió demasiado complejo.

¿Crees que un buen humorista tiene que tener pocos amigos?

No, yo creo que no, un buen humorista tiene que tener muchos amigos.

Pero entonces no puede disparar en todas direcciones.

Claro, pero es que yo creo que los amigos del humorista tienen que ser comprensivos. Un humorista tiene que tener buenos amigos (risas). Digo lo de los amigos porque mis mejores bromas me salen hablando con amigos, son una buena fuente de inspiración.

¿En qué consiste ser español?

Muy buena pregunta (risas). Ser español es mirar al frente. 

Espero que no Cara al sol, claro.

No, no. Pero es muy español lo de no reconocer tus errores, y eso me parece muy peligroso. Pero por otro lado está la parte bonita que es que el español sabe reírse bastante de sí mismo, creo. Por lo menos lo simula.

Me acuerdo de los atentados yihadistas y los memes sobre el tipo aquel... 

Sí, con el comunicado del terrorista este que vivía en España, ¿no? Justo. Un terrorista así muy fuerte, ¿no? (risas). Y la reacción masiva que hubo fue cachondeo máximo. Los terroristas se debieron quedar en plan “hostia, no nos esperábamos este rollo tan chorra, no se lo están tomando en serio”. Creo que un ejemplo perfecto de lo que significa ser español es el chiste este de “va un inglés, va un italiano y un español...”. Hay un problema y el español siempre propone una chorrada o una barbaridad que obviamente no es la solución y que es una cosa muy imperfecta pero es la que te hace gracia. Hay ese punto cachondo de decir “bueno mira, por lo menos tenemos esta conciencia de que no somos perfectos”. Es lo que te decía de asumir desde pequeños que igual no eres un ganador, y no pasa nada. Eso me gusta mucho. Pero claro, tampoco lo llevemos al terreno del conformismo.

¿Y en qué consiste ser catalán?

A mí de ser catalán me gusta mucho el punto este individualista que tenemos, aunque seguramente a mucha gente no le guste reconocerlo. Te diría que en Barcelona, más. Somos como gatitos. Como que nos gusta estar a nuestra bola. Y eso me parece guay. Sí que para trabajar en equipo no somos fáciles (risas). Pero me gusta esto de “bueno, yo no me voy a meter con lo que estás haciendo y tú no te metas con lo mío”. Luego vengo a Madrid y admiro mucho el sentimiento de equipo que hay aquí, y los planes que se hacen. Yo soy más de “ay pues mira, es que no me apetece salir”, y quedarme en casa viendo alguna serie. Esto es muy catalán, yo creo. En Cataluña nos gusta mucho (y esto no lo he escuchado en ninguna otra parte) lo de estar tomando cañas y decir “bueno, hacemos un pensamiento, ¿no?”. Que significa: “Oye, cada uno a su casa ya, ¿no?”.

No existe lo de “bueno, la última, ¿no?”.

Eso es, allí no existe lo de “la última”. Aquí es eterno.

Saber parar.

Eso. Eso es muy catalán.

Tres personajes que para ti definan España.

Bertín Osborne: es un personaje de Will Ferrell en la vida real. Julio Iglesias, aunque es un tópico pero es cierto. Y Manuela Carmena: es verdad que se relaciona mucho con Madrid pero representa muy bien la parte más tierna de España, ¿no? España tiene un punto muy tierno dentro de toda su maldad, porque en España hay mucho odio y mucho extremismo. Pero siempre queda ese punto tierno de merendar (risas).

¿Con qué futbolista te tomarías tú una caña?

Con Luis Enrique. Me parece que es un tío como que se sabe administrar muy bien lo que comparte y lo que no, y para mí tomar una caña implica compartir, sin complejos. Él tiene lo de medir muy bien su imagen pública. Y su look como de detective que tiene me parece muy interesante. Es muy misterioso Luis Enrique. Sí, me gustaría tomar algo con él aunque seguro que me impondría muchísimo y me cortaría mucho yo.

¿Y a quién harías ministro de Cultura?

A Javier Cansado. Estoy seguro de que a él no le haría ninguna gracia ser ministro de nada, pero me parece un tío extremadamente inteligente, muy, muy sencillo y muy entrañable y generoso. Eso es lo que debería ser cualquier persona que esté en un cargo de poder. Generoso en general.