El escritor Ray Loriga.

El escritor Ray Loriga.

Libros Entrevista al ganador del Premio Alfaguara

Ray Loriga: "Tampoco me voy a morir si se independiza Cataluña"

"El problema no es si Podemos, es si Queremos" / "Me molesta que España se crea que 'cultura' son los actores de cine" / "La belleza es uno de los comandos del alma: ni siquiera hay que poseerla" / "La mitología antes era más fácil: si Hemingway ahora estuviese echándose selfies en la Floridita con cuatro turistas y su daiquiri, se acabaría su magia". 

Nuestro optimismo no está justificado, no hay señales que nos animen a pensar que algo puede mejorar. Crece solo, nuestro optimismo, como la mala hierba, después de un beso, de una charla, de un buen vino, aunque de eso casi ya no nos queda”. Rendición (Alfaguara), de Ray Loriga, es la historia de una familia de refugiados -integrando al niño Julio, un hijo de prestado- que tiene que abandonar su hogar y caminar hacia una suerte de tierra prometida: una ciudad protegida y transparente, henchida de alegría.

No hay dolor, tampoco intimidad. Es una casa tan idílica que se hace extraña. La conciencia te expulsa de allí, como un cuerpo escupe un órgano mal trasplantado. ¿Quiénes somos cuando se nos desnuda de las circunstancias? Ésa es la cuestión que plantea la novela ganadora del Premio Alfaguara. Loriga se pone orwelliano y brillante. Parece que se ha decidido a brotar sólo por ahí, como un tallo verde en las páginas. Habla sin enseñar los dientes. Casi murmura para sí cuando se explica. Se ha sacudido la estrella del rock y ahora sólo es un hombre cansado. 

¿Quién sería Ray Loriga si tuviese que abandonar España, si tuviese que cambiar sus circunstancias, que es la gran pregunta que plantea el libro?

De eso hablamos: uno no sabe quién es ni quién va a ser hasta que realmente llegas a adaptarte a otra situación. Uno puede pensar que es un escritor, en mi caso, otro está con su trabajo, su casa, su coche, su vida, pero todo eso se tambalea cuando el país se deja atrás, incluso para ir hacia un futuro mejor, que es el caso de esta historia. Que no los llevan a un campo de concentración, ni a un campo de refugiados… sino a un mundo mejor, pero que no es el tuyo. Un mundo en el que no te reconoces, que no es tu espejo, no es donde te has estado mirando todo este tiempo. El libro nace de alguna manera de esta reflexión, intenta indagar qué parte de nosotros es lo aprendido, lo conseguido y a lo que nos hemos acomodado, o si hay algo más que pudiese trasladarse a otra circunstancia.

¿Cuándo fue la última vez que se sintió expulsado?

De clase, todo el tiempo (ríe). Me echaban mucho de clase, pero nunca entendí bien ese castigo, porque era casi lo que quería. Era un regalo. No, no me he sentido expulsado, a lo mejor autoesquinado, más bien, que es un poco lo que le pasa al personaje de la novela, que no es que le empujen hacia afuera, es que se automargina. Se sustrae de la causa general, pero al fin y al cabo es un acto voluntario.

¿Por qué se ha replegado usted?

Por falta de empatía.

¿Por qué “rebelde” se ha convertido en una palabra peyorativa?

Peor que eso; “rebelde” es una palabra que ha quedado para anuncios de vaqueros o para gafas de sol medio exóticas y de coches que aceleran... Por eso creo que me gusta más la palabra “disidencia” a día de hoy, porque “rebeldía” se ha malversado. Es una marca más de la sociedad de consumo.

¿Hacerse mayor es preferir seguridad a libertad?

En cierta medida no sólo hacerse mayor, es parte del instinto de todos nosotros, es neurológico, es supervivencia. De hecho, incluso los perros… cuando un perro es acogido enseguida intenta mostrar agradecimiento una vez que le dan la comida, y el confort, y el calor. Incluso los niños. A todos nos ha pasado cuando éramos niños, y por los niños que conocemos… cuando van a casa de otros el fin de semana, los padres del otro lado suelen decir “se ha portado fenomenal” y uno piensa “pues en casa nunca, será en la tuya”. Porque te encuentras en un sitio donde no te van a pasar cosas que te pasan en tu casa, probablemente, y entonces te comportas mejor para que te den de comer, te cuiden, e incluso sonríes más. Creo que es un sistema de adaptación estrictamente neurológico y no especialmente filosófico ni cultural: adaptarte a los lugares que te ofrecen condiciones de amparo.

En este caso, el libro es algo crítico con esa seguridad. Es una seguridad incómoda.

Más que crítica… yo a la hora de escribir un libro no me planteo una crítica a la sociedad ni una crítica a una actitud, es más bien una observación. En el caso de la voz narradora, el personaje que cuenta la historia, diría que lo hace desde un ángulo de cierta vulgaridad, no es un hombre especialmente intelectual, no es un gran ideólogo, ni es un héroe, es uno más. Pero uno más que de alguna manera no se adapta a los parabienes de los demás y a los consensos ajenos. No encaja. No sé si eso te contesta.

Le devuelvo una pregunta que hace en el libro. ¿Es suficiente que te pongan la comida en el plato para soportarlo todo?

No debería, pero si está buena y viene acompañada con lo que decíamos antes, seguridad, y también entretenimiento… si sumas 4 o 5 causas de lo que se conoce como “bienestar”, probablemente sea suficiente para la mayoría de nosotros.

¿También para usted?

Sss… hombre, en un sentido sí y otro no. Escribir de alguna manera es un acto de disidencia, y de resistencia al menos personal, íntima. Pero sí, tampoco me tengo por un héroe. No cambiaría la seguridad de los míos por un riesgo mayor, no voy a presumir de eso, a no ser que me enfrentase a una injusticia brutal a mi alrededor, y cuando digo brutal digo el nazismo, por ejemplo. Como decía Woody Allen, la vida se divide entre lo horrible y lo miserable. Pues un poco así. A una cosa nos hemos acostumbrado ya, cuando lleguemos a la otra a lo mejor tenemos que preocuparnos un poco más.

Dicen que se puede sacar a un hombre de su comarca fácilmente, pero que es mucho más difícil sacar la comarca interior de un hombre”. ¿Tiene sentido que el gobierno central se resista a la independencia de Cataluña? ¿Cree usted en el derecho a la autodeterminación?

Esa frase se dice en los guettos americanos. En el Bronx, en Compton… la dicen los afroamericanos, los raperos, sobre todo. “Puedes sacar al negro del gueto, pero nunca sacas el gueto del alma de un negro”. Una vez que has vivido allí hay un esprit de corps, con tus colegas, lo que sea, un rencor hacia el otro lado… el tema de la independencia de Cataluña me supera.

¿En qué sentido?

Me supera porque no es mi pueblo y me cuesta mucho hablar de una casa que no es la mía. Porque no entiendo las motivaciones concretas, más allá de las poéticas, que son muy razonables, y las históricas, que son subjetivas a veces… luego hay una inquina que recibimos otros por sus causas, y no me refiero sólo a los madrileños, sino a los andaluces también. “El enemigo”… después de haber sido parte fundamental del esfuerzo de construcción. Lo más sensato sería un acuerdo. Primero comunicación, y después tanta gente que quisiera acordarlo… no puede ser un acuerdo forzado de los menos sobre los más. Ese es el problema de Cataluña.

Ahora estamos en una vía muerta. Se ha encrespado tanto… hace falta una suma de muchas voluntades para solucionar esta madeja de alguna manera. Esto ya es una cuestión personal, a Cataluña supongo que podré seguir yendo como voy a Francia, bueno, será otro país que no era el que recordabas pero más o menos igual, tampoco me voy a morir si se independiza. Ahora sólo oigo voces que hacen mucho ruido y de las que no entiendo nada.

¿Para qué sirve la belleza?

Pues hombre, servir, servir… según dicen los neurólogos, una vez más, para que te agredan menos. Dicen que los niños y los cachorros de todas las especies son muy bonitos para que no los maten. Por eso son tan monos.

Luego ya se pueden poner feos.

Luego ya, que se pueden defender por sí mismos, sacan los dientes y se pueden incluso cabrear. Para que no te maten de pequeño… (ríe). La belleza en la vida es de las cosas más agradables que hay. Es muy subjetiva, claro, pero la idea de la belleza es uno de los comandos del alma, es de las cosas que nos hacen sentir bien, per se, ni siquiera hay que poseerla, la belleza.

Qué hermoso eso.

Un cuadro, o un árbol… no tienes por qué comprarlo, no tienes por qué tenerlo, y sin embargo lo disfrutas igual. De hecho, las joyas… no es que sean especialmente bellas, sólo son caras. Son piedras. Hay mucha belleza alrededor y no hay que pagar con ella.

¿Para qué sirve Dios?

Para darle vueltas (ríe). No lo sé muy bien, supongo que si tanta gente nacida en lugares tan remotamente separados y tan distintos, con comidas diferentes, animales distintos… junglas, desiertos, Himalaya… todas las culturas acaban teniendo una sensación de Dios de alguna manera, es que algo hay en el alma humana o en el cerebro -que en eso somos todos muy parecidos- que precisa de ello. Para rebatirlo, para creerlo, para dudarlo.

¿También es neurológico?

Llega un momento en el que no puede ser estrictamente cultural, estrictamente aprendido. Hacer el experimento de poner a dos niños en la Luna, criarlos allí y ver si algún día acaban diciendo que eso que gira ahí es el Dios Sol. Algo de nosotros necesita saber qué hay en ese umbral, en ese lugar que no conocemos del todo.

¿Puede un escritor ser recordado sin mitología personal?

Sí, lo que pasa es que curiosamente los escritores que han conseguido tener un éxito en crítica y público estando escondidos, como Salinger o Pynchon, al final han creado la mitología del secretismo. Está muy bien pensado, porque te hace todo el trabajo de promoción, pero también es una representación, de alguna manera, como una magia. Está mal que lo diga yo ahora, porque estoy con el Premio Alfaguara, pero no debería hacer mucha falta el escritor para vender un libro. No es que los escritores seamos gente fascinantes en persona. Yo lo que quiero decir en estos tres últimos años de mi vida, es esto (coge el libro). Pero tampoco puedo sentarme y decirlo así. Sí intento no ser un escritor -que lo respeto, lo hacen otros colegas- de los que están en la tele y hablan de todos los temas, ¿sabes…? El sanatodo.

No es lo mismo. Hemingway tiene mitología, Bukowski tiene mitología… y Blas de Otero no.

Sí, tienes razón. Hablas de la mitología sino de la presencia mediática.

No tanto de opinar, sino de ser.

Sí, me he desviado de tu pregunta. Es verdad que quizá antes era más fácil para esas figuras, porque se veían menos… ahora es más difícil mantener ese misterio.

Se las podía imaginar más.

Sí, pero si Hemingway ahora estuviese echándose un selfie todo el día en la Floridita con cuatro turistas con su daiquiri, acabaría la magia de eso. Y lo mismo con Bukowski. Te lo imaginas borracho, tirado, con juergas. O Jack Kerouac y su pandilla. O incluso, no hay que irse a los americanos, aquí tenemos el mito de Larra y su disparo en el pecho con la camisa blanca, ¡por amor! Pavese se suicidó por amor, el mito de Virginia Woolf, Silvia Plath…

Incluso Lorca.

Lorca, el pobrecito mío, a su pesar. El fenómeno Lorca, aparte de que es un magnífico poeta, es que vas a Rusia y saben Lorca, vas a EEUU, vas a China y “ah, Lorca, que lo mataron en la guerra civil”, aunque no le hayan leído en su vida. Es como Eva Perón, “Evita”, se podrían hacer hasta musicales de lo que se ha hablado de Lorca. Espero que no sea necesario suicidarse ni que te maten para trascender.

Estaría bien morir de viejo.

Pues sí. De viejo y tranquilamente. Pero es verdad que todo escritor… se le puede crear cierta leyenda, y a veces es muy pesada, a veces tienes que estar como desmintiéndola todo el rato.

Como le ha pasado a Sabina en el último disco, que ha renegado de la imagen del canallita.

Claro, es que empiezas a una edad… y tienes un aspecto x, dices unas cosas determinadas, y eso lo compra la gente y ya es el producto que esperan siempre. Bruce Springsteen… esperas que te cante Born in the USA, o Bob Dylan, que como no toque Blowin in the wind… poco más y la gente pide que le devuelvan el dinero. Ha escrito tres mil canciones, dejadle que cante la que quiera.

¿El PP teme a la cultura o sólo la desprecia?

Por decirlo suave, no ha tenido una reacción muy sensata… cuando digo la cultura, quiero diferenciar lo que yo considero la cultura de un país y lo que creo que la gente considera cuando escucha “cultura”. Cultura no son los actores de cine, como se cree España. Cultura es patrimonio, es desoxidar las cañerías de creación, conservatorios, escuelas de arte, galerías, restauración… todo un abanico: teatro, danza. Hay una cosa que me molesta mucho, y es que el término “cultura” se haya identificado con actores.

Con los Goya.

Sí, con actores. Y con nombres y apellidos, muchos de ellos. Me parece grotesco. Un país como España, que vive en gran medida del turismo, tiene que saber que la cultura es uno de nuestros activos fundamentales. El sol, la playa y un espectro cultural que incluye conciertos y todo tipo de expresiones… unas más populares, otras más de vanguardia, todo un tejido. Y no sólo el PP, sino que en general los gobiernos. Para ellos nunca ha sido prioridad.

Vive cerca de Génova. ¿Qué tal con sus vecinos?

Nos llevamos bien (ríe)

¿Nadie pide azúcar, ni nada?

Me cruzo con ellos a menudo en los cafés, porque llevo a mi hijo al colegio y luego me tomo un café, y suelo coincidir con alguno… “buenos días”, cordial. No tengo mayor problema. Luego me aterra un poco cuando veo dónde están algunos de ellos, algunos de Génova.

¿En la cárcel, se refiere?

Algunos, sí. Es una putada, quiero decir, es una putada para todos que ellos estén en la cárcel. Para ellos y para nosotros también.

¿Por qué España se parece más a Pablo Motos que a Enrique Vila-Matas?

Igual que orque América, que es un país donde tienen a Thomas Pynchon, Don DeLillo y Philip Roth, Trump es el presidente, qué le vamos a hacer. Supongo que por el más bajo denominador común. Y eso pasa. Los lugares de la literatura, y Vila-Matas es un escritor que me encanta, desgraciadamente ocupan un pequeño nicho en la sociedad, no son la clase dominante. Quizá está bien que así sea para nosotros los escritores, porque no creo que Vila-Matas ni yo tengamos ganas de dar mítines ni de arrastrar a la gente como el flautista de Hamelin.

Vio dos veces a Franco en tu vida. Una vez en la Plaza de Oriente y otra en la Plaza de Colón.

Sí, que me lo han dudado y es verdad.

Yo me lo he creído.

“Serías muy pequeño”. Sí, muy pequeño era, pero me acuerdo. Mi padre tenía una oficina en la Plaza de Colón, una agencia de publicidad, y estaba ahí el Cine Carlos III, que ahora es el Platea este… nos llevaban de chiquitos y veíamos el desfile ahí debajo. Y luego otra vez un tío mío, que era falangista -mi padre no, mi padre se cabreó de hecho, porque era como el rojo de la familia-, nos llevó a unos cuantos primos.

¿Ve herencias de esa sociedad franquista en 2017?

Es bastante saludable dentro de todo que con la deriva que ha tomado Europa, Francia, Grecia… países que han sido ocupados por los nazis, tengan un Amanecer Rojo o un Frente Nacional. En España acabamos hartos de Franco y yo no veo que se reproduzca ahora de ninguna manera. Habrá casitos aisladísimos…

Y una Fundación con ingresos muy altos. 

Sí, bueno, eso no lo sé. Pero yo no he visto en todos estos años presencia del franquismo en la calle, ni en las conversaciones.

¿Podemos?

El problema no es si Podemos, es si Queremos. Ahí la cuestión.