A diferencia de lo que se suele pensar, los espectáculos de gladiadores no eran únicamente eventos donde participaran los esclavos. El honor y la gloria estaban en juego, justamente lo que un emperador romano ansiaba. Lucio Aurelio Cómodo, máximo dirigente del Imperio romano entre los años 180 y 192 d.C., bajó a la arena en numerosas ocasiones para combatir, igualándose con el resto de los hombres sobre los que reinaba.

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Si bien estamos acostumbrados a imaginar a los emperadores como testigos del espectáculo de los gladiadores, lo cierto es que no solo se dedicaban a mirar a los hombres que luchaban por su vida. Cómodo, que durante su juventud había viajado por los límites orientales de su territorio, estaba obsesionado con la figura mitológica de Hércules.

"Aparte de su leyenda y sus atributos de guerrero incansable, Hércules era muy popular entre los gladiadores y el público", explica María Amparo Mateo Donet, autora del recién publicado libro Gladiadores: Una breve introducción (Alianza). Mateo Donet es doctora en Historia Antigua y ofrece en su nueva publicación un recorrido histórico de lo que significaron los gladiadores, lejos de cualquier mitificación contemporánea. Por poner un ejemplo, no siempre había víctimas en estos duelos de origen etrusco.

Espectáculo romano ofrecido por Cómodo.

En este sentido, recalca que no solo los esclavos y las clases más bajas participaban en estos juegos. "Hablamos incluso de ciudadanos del orden ecuestre y senatorial, que llegaban a renunciar a su rango para combatir", recalca la escritora. Cómodo, por su parte, vestía a menudo la indumentaria de gladiador adoptando el nombre Hércules cazador, su ídolo. De hecho, todavía se conservan representaciones del emperador en escultura con los atributos del héroe, como la piel de león cubriéndole la cabeza o el bastón.

735 combates

Se estima que los gladiadores libraban al año alrededor de seis combates y su esperanza de vida se situaba en los 27 años. Del emperador romano se registran en los textos hasta 735 participaciones en la arena. No obstante, cabe señalar que se tomaban medidas de seguridad para que Cómodo no sufriera ningún daño. Además, estas luchas no eran sino una especie de exhibición que no debieron causar demasiado interés en las gentes de la ciudad.

Dion Casio, político e historiador romano, deja constancia de que para Cómodo, este "hobby" era un juego más: los animales le eran presentados en redes y solía empuñar una espada de madera. Una vez finalizado su particular recreación, comenzaba la auténtica competición.

Además de enfrentarse a bestias de todos los rincones del Imperio, también blandía su espada contra otros hombres. "Él mismo elegía a sus adversarios cuidándose de que ninguno fuera un gladiador renombrado, sino personas del público carentes de cualquier tipo de formación en este sentido y a menudo armadas con espadas de madera", señala la autora.

Busto de Cómodo como Hércules, con la piel de león, la clava y la manzana de las Hespérides.

"En una ocasión incluso hizo descender a la arena a todas las personas que por enfermedad o accidente habían perdido el pie izquierdo y les ofreció como elemento defensivo una esponja", añade. De esta forma, el emperador siempre salía victorioso y masacraba a todos sus oponentes sin piedad.

Por si fuera poco, pretendió que por el triunfo se le pagara la suma de un millón de sestercios. Durante años siguió luchando activamente en estos eventos, ya fuera con personas o con animales —una vez llegó a cazar cien osos desde un podio alzado, evitando cualquier peligro—. En resumen, tal y como indica la escritora, la admiración que sentía por los verdaderos gladiadores se disfrazaba en ocasiones de envidia. "Alguno llegó a sufrir las consecuencias de este sentimiento, como el gladiador que montado a caballo consiguió matar a un león directamente en la arena; la aclamación del público fue tal que el emperador, temeroso de que este adquiriese mayor fama que él, mandó que lo ejecutaran", apunta.

De todas formas, pese a la locura de la cual se le acusa y sus extravagancias, Cómodo fue un hombre querido por la plebe. Sus numerosas celebraciones y fiestas entretuvieron a una plebe agradecida que incluso pudieron ver a su gobernante divertirse en ellas. Su intención había sido desde un principio hacer de esta antigua costumbre una representación más emocionante y feroz, para lo cual la muerte del vencido venía a reflejar "un recurso importante que fue imponiéndose cada vez con más fuerza".

Otros emperadores

Cómodo no fue el único emperador en luchar como lo hacían los gladiadores. La mayoría conocía el carácter propagandístico de estos rituales y muchos visitaban recurrentemente los anfiteatros. Calígula, Tito, Adriano, Lucio Vero y Didio Juliano también se batieron en la arena.

Portada de 'Gladiadores: Una breve introducción'. Alianza

Evidentemente, al igual que sucedía con Cómodo, el espectáculo estaba manipulado. "Debieron tomarse medidas de seguridad para evitar daños fatales y posiblemente los contrincantes no desplegaron todo su potencial, por miedo a las represalias posteriores".

Calígula fue, al igual que Cómodo, otro de los gobernantes más queridos por el pueblo. Además, trató de mostrar su poder con grandes obras públicas y metió mano en los juegos que tanto le entretenían. Llegó a enviar un ungüento a un gladiador que había sobrevivido a un combate con una herida superficial que resultó ser un veneno y lo mató. Los juegos no eran juegos si al emperador no le satisfacía. 

Con el paso del tiempo, los espectáculos de gladiadores fueron decayendo. La sociedad se transformó y los emperadores abrazaron nuevas costumbres y creencias. Con un territorio que menguaba cada vez más, había que decidir estratégicamente en qué gastar el dinero. Para el siglo IV d.C., estos juegos se consideraban ya cosa del pasado y se extinguieron hasta ser un mero recuerdo de épocas anteriores.