La civilización cartaginesa fue un pueblo que se desarrolló en el Mediterráneo occidental bajo la tutela de una gran ciudad como Cartago. Sin duda fue un gran pueblo que vio la Península Ibérica como un verdadero hogar. Y, sin embargo, en España se ha vertido todo tipo de falacias que han construido una "leyenda negra" acerca de esta sociedad.

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Cabe destacar que Cartago, ubicada en la actual Túnez, fue una ciudad donde se elevaron los primeros rascacielos de Occidente. Ante la escasez de suelo edificable, la ciudad fenicia contaba con edificios de hasta seis pisos.

El escritor Luis de la Luna Valero ha publicado recientemente un nuevo libro, Las campañas militares de Amílcar Barca (Ediciones Salamina), donde narra exhaustivamente los logros del hombre que consiguió retrasar la caída de Cartago y donde profundiza sobre esos prejuicios antipúnicos de la gente respecto a la civilización cartaginesa. El autor explica que si conseguimos abstraernos de esa leyenda negra, "la objetividad histórica nos permitirá apreciar, en toda su verdadera dimensión, la grandeza de la civilización púnica; siempre, eso sí, con sus luces y sus sombras".

Muro fenicio aparecido durante las obras para recuperar la histórica taberna de la Cueva del Pájaro Azul, un templo subterráneo en la calle San Juan de Cádiz, junto a la Catedral. EFE

Los romanos, en todo momento, trataron de desprestigiar al pueblo púnico. Resaltaron constantemente los defectos de los cartagineses e insistieron en su avaricia, los sacrificios humanos que llevaban a cabo y los describieron como un pueblo que tendía a la traición. Al fin y al cabo, tal y como declara Luis de Luna Valero en una entrevista concedida a EL ESPAÑOL, "la historia la escriben los triunfadores".

Cartago fue un enemigo difícil de combatir para los romanos, y tras la victoria, el pueblo púnico fue arduamente criticado y ridiculizado por la nueva civilización que emergía en el Mediterráneo.

¿Roma, griega o cartaginesa?

El escritor comenta a este periódico que cuando Roma comienza a tener contacto con los fenicios no era sino una potencia militar: "Roma es un pueblo grande, con unos soldados muy eficaces pero no es una civilización sofisticada". Cartago tenía una gran flota y un comercio marítimo que Roma no podía concebir en aquel entonces. Fue gracias las guerras púnicas, a partir del siglo III a.C., cuando los romanos comenzaron a fijarse en el modo de vida de su contrincante.

"Cuando se enfrentan a Cartago se dan cuenta de lo que es la verdadera agricultura y de que los barcos son esenciales", explica el autor. Los cartagineses fueron quienes explotaron los recursos agrícolas como los cereales, los viñedos, los frutales o los olivares. "Sus tratados de agricultura, como el escrito por Magón, serían luego estudiados, copiados y adaptados por el mundo grecolatino", describe Luis de Luna Valero.

Ruinas púnicas de Cartago.

De esta manera, Roma prefirió ensalzar la cultura clásica y griega para ensombrecer la enorme influencia que tuvo la civilización cartaginesa en la cultura romana posterior. Querían tapar la figura de Aníbal y del pueblo que les había puesto contras las cuerdas.

El nombre de Hispania

Uno de los motivos que impulsó al Imperio romano ocupar la Península Ibérica fue el hecho de que Cartago lo hubiera hecho anteriormente. Habían demostrado que era una tierra rica de la cual podrían sacar recursos que beneficiara al Imperio.

De hecho, existe la teoría de que el nombre de España provenga de la civilización cartaginesa. Si los autores griegos llamaban Iberia a la Península Ibérica, los romanos la llamaban Hispania. Así es como ha trascendido el nombre hasta derivar en España. No obstante, el hecho de que el término Hispania no sea de raíz latina ha llevado a la formulación de varias teorías sobre su origen.

El autor se inclina por una teoría no demostrada, la cual el nombre de Hispania derivaría de Isphanya, denominación que daban los fenicios y cartagineses a España. Según algunos expertos, el término significaría "la costa o tierra del norte", lo cual tenía lógica ya que estos territorios provenían principalmente de las tierras norafricanas. También se especula que Isphanya podría significar "la tierra de los conejos". Luis de la Luna Valero concluye que, en cualquier caso, "los romanos transformaron la Isphanya de los púnicos en Hispania".

Finalmente, Cartago, al igual que el resto del Mediterráneo, fue absorbida por Roma, la cual gobernó durante siglos y con una hegemonía indiscutible los mares y las tierras de Occidente. Su recuerdo, y sus evidencias arqueológicas, empero, han llegado hasta nosotros. Recuperar lo sucedido es tan solo cuestión de tiempo.