Si bien es cierto que no hay individuo que no conozca a Aníbal, el estratega cartaginés que puso en jaque a toda Roma y que casi la hizo caer, la figura de su padre y sus hazañas son todavía desconocidas para una inmensa mayoría. Amílcar Barca, nacido en el año 275 a.C., combatió, al igual que su hijo, a las tropas romanas hasta el punto de que si se le hubiera permitido podría haber cambiado el curso de la historia.

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Isaac Asimov opinó sobre el joven general que "la suprema desgracia de Cartago fue que Amílcar Barca naciese demasiado tarde". Tan solo tenía seis años cuando empezó la Primera Guerra Púnica y para cuando le nombraron comandante en jefe, a los 28 años, ya era demasiado tarde. Llevaban 18 años de guerra para cuando Amílcar entró en escena.

El escritor Luis de la Luna Valero publica este septiembre su nuevo libro, Las campañas militares de Amílcar Barca (Ediciones Salamina), donde narra exhaustivamente los logros del hombre que consiguió retrasar la caída de Cartago. Honrado, recto, justo, disciplinado y fuerte físicamente, el historiador griego Polibio lo consideraba "el comandante más capaz militarmente de ambos bandos". De hecho, llama la atención que un estratega de tal nivel pase tan desapercibido en la historia. "Aníbal apaga a su padre, del mismo modo que Alejandro Magno apaga a lo que consiguió Filipo III de Macedonia", señala el autor a este periódico.

Amílcar Barca desembarcó en Sicilia en el año 247 a.C. Tuvo que conformarse con pequeños ejércitos, muy inferiores a las tropas romanas, aunque supo emplear adecuadamente a cada hombre. La técnica de guerrilla desangró a los romanos y detuvo la conquista de la totalidad de la isla. "Esta táctica no solo no fracasaba sino que desconcertaba a los romanos por su movilidad", analiza Luis de la Luna. Además, el conocimiento del terreno y la facilidad para emboscarlos en el paraje causaba muchas bajas entre las filas romanas.

Asimismo, aprovechaba cualquier fenómeno meteorológico para herir a sus enemigos. Tras tres años combatiendo, Almícar encabezó un ataque sorpresa por la noche sobre la ciudad de Érix, sitiando a los romanos."Sus tácticas tuvieron éxito pero este triunfo moderado llevó de nuevo a un estancamiento de la guerra que hizo que Roma comenzara a pensar seriamente en construir una flota de guerra", indica el escritor. Tal y como comenta a este periódico, se habían percatado de que era "el primer general que les hacía frente".

Los invictos se retiran

Los romanos se vieron obligados a reinventarse para que la guerra con Cartago llegara a su fin y organizaron una nueva flota que fuera capaz de vencer a los cartagineses enemigo en el mar. Finalmente, en Cartago triunfó la facción del Senado favorable a firmar la paz tras verse desbordados por la incursión romana. De esta forma, los soldados que se encontraban en Sicilia y nunca habían sido derrotados por Roma, se tuvieron que seguir las órdenes de retirada. Estaba claro que al margen de los romanos, los cartagineses también tenían grandes problemas, en este caso internos, que dividían a la población respecto a la guerra.

"Posiblemente con un hombre como Amílcar Barca tan decidido, enérgico, dotado de un talento militar descomunal y con un buen ejército apoyado por una república unida y a su favor, el conflicto bélico habría podido tomar otros derroteros", opina el escritor.

Parte de un fresco del Palazzo del Campidoglio que representa a Aníbal cruzando los Alpes.

Señala el autor que Amílcar quedó muy resentido tras la Primera Guerra Púnica y que la guerra en Sicilia fue uno de los detonantes de que años más tarde iniciara su expansión por la Península Ibérica. "La idea de Aníbal de ir desde la Península hasta Italia atravesando los Alpes era en realidad de su padre", aclara de la Luna. Amílcar Barca estaba convencido de que podía vencer a Roma.

De esta manera, entró en la actual España desde el sur y avanzó con rumbo firme hacia el norte. No obstante, en el año 229 a.C., en una escaramuza contra rebeldes oretanos capitaneados por el caudillo Orisón, Amílcar Barca murió. Pero su sueño siguió con vida unos años más. "Su muerte, como les sucediera a Filipo y Alejandro, dejó en manos de su hijo Aníbal Barca el desarrollo y ejecución de tan ambiciosos planes, que tuvieron como consecuencia la Segunda Guerra Púnica", concluye Luis de la Luna Valero.