Pese a que su conversión oficial al cristianismo se diera prácticamente en su lecho de muerte, el emperador Flavio Valerio Aurelio Constantino representa una de las figuras más importantes de la historia de la religión mayoritaria actualmente. Conocido también como Constantino I o San Constantino por la Iglesia ortodoxa, fue el primer emperador en detener la persecución de los cristianos y dar libertad de culto al cristianismo.

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De esta manera, el edicto de Milán del año 313 d.C. sirvió para que el cristianismo comenzara su expansión por todo el viejo continente. La propagación de la religión culminaría cuando Teodosio I el Grande decidió hacer del cristianismo la religión oficial del Imperio. Pero este gran paso para la historia del Imperio romano y de la sociedad actual se debía a un suceso que tuvo lugar un año antes del edicto.

Roma vivía una etapa de inestabilidad política tras la abdicación del emperador Diocleciano. Tal y como escribe Tony Spawforth, catedrático emérito de Historia Clásica de la Universidad de Newcastle, en Una nueva historia del mundo clásico (Crítica), "sin su presencia dominante, el nuevo sistema de poder compartido degeneró en una guerra civil". Finalmente, Constantino I fue proclamado emperador y en una de sus campañas militares experimentó un acontecimiento sobrenatural.

La visión de la cruz.

"En las horas meridianas del sol, cuando ya el día empieza a declinar, dijo que vio con sus propios ojos, en pleno cielo, superpuesto al sol, un trofeo en forma de cruz, construido a base de luz y al que estaba unido una inscripción que rezaba «con este vence». El pasmo por la visión lo sobrecogió a él y a todo el ejército, que lo acompañaba en el curso de una marcha y que fue espectador del portento". Así narró Eusebio de Cesarea la visión que tuvo el emperador en una de sus campañas. Eusebio formaba parte del entorno de Constantino, a partir de entonces empezó a reclutar cristianos para que le asesoraran.

El emperador confirmó y ratificó "bajo juramento" la veracidad de lo relatado por el exégeta. Considera Spawforth que el régimen de Constantino se dio cuenta de lo importante que era para los romanos creer en un milagro que demostrase que la llegada al poder de Constantino era obra de dios. De hecho, llegó a creer que debía su éxito al dios cristiano. En una obra conocida como El libro de los pontífices, que se remonta a principios del siglo VI d.C. afirma que Constantino fue quien encargó la primera iglesia de San Pedro, en Roma. Lo que se sabe a ciencia cierta es que su conversión al cristianismo fue el pistoletazo de salida a un Imperio romano cristiano que conformaría la sociedad occidental actual. Todo tras la visión aquella del emperador.