Decía Maquiavelo que todo cuanto ocurre en el mundo en cualquier época guarda genuina semejanza con lo sucedido en tiempos antiguos. El presente no se puede entender sin analizar previamente el pasado. Las reminiscencias clásicas, ya sean griegas como romanas, son evidentes en una civilización occidental que siempre ha sido catalogada como heredera del neoplatonismo.

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Pero, ¿hasta qué punto aquello de lo que disfrutamos a día de hoy tiene un origen romano? El escritor madrileño Paco Álvarez, especializado en el fin de la República romana, analiza diferentes aspectos rutinarios de la ciudadanía del Imperio para compararlas con la población contemporánea. Lo hace en su libro Somos romanos: descubre el romano que hay en ti (Edaf), donde pretende que el lector descubra cómo no solo los acueductos o la filosofía romana han llegado hasta nuestros tiempos. "Mi propósito es mostrar lo romanos que somos todavía en los objetos que utilizamos diariamente", ha declarado a EL ESPAÑOL.

Por poner un ejemplo, resalta cómo tras el paso de los siglos muchas de las rutinas y costumbres romanas se han ido perdiendo aunque ahora se hayan ido retomando progresivamente. Uno de los casos más relevantes es el de la educación de las mujeres y la educación mixta, que a partir de la Edad Media quedó en el olvido completamente.

De la misma manera, Álvarez matiza que algunos de los inventos actuales que ya estaban presentes en la Antigua Roma no tienen ligación alguna: "Creamos objetos y años más tarde descubrimos que los romanos ya tenían utensilios parecidos".

¿Bares en la Antigua Roma?

Se llamaban Thermopolia y eran locales muy similares a los bares que uno frecuenta hoy en día. Allí los romanos bebían vino —la cerveza era una bebida bárbara por aquel entonces— y tomaban frutos secos, aceitunas o incluso pan con queso como tapa. Para evitar emborracharse, por otra parte, mezclaban el vino con agua.

Thermopolio en Herculano. Aldo Ardetti

Julio César se depilaba antes que nadie

La depilación contemporánea está sujeta a un planteamiento patriarcal en el que la mujer ve casi como un imperativo higiénico eliminar el vello de su cuerpo. No obstante, este "acto masoquista" también estuvo de moda entre los hombres. Al parecer, el militar Julio César, quien destacó entre otras cosas por sus campañas en la Galia, era un adepto de la depilación.

Según comenta el escritor, el motivo por el que se depilaban estaba relacionado con el estatus y la jerarquía: "Quien podía llevar a cabo esta práctica tenía los medios y el tiempo para ello".

¿Orgías y bacanales?

Paco Álvarez escribe que "a pesar de lo que la propaganda cristiana y las películas de Hollywood han proclamado siempre, Roma no era Sodoma ni Gomorra, era, en lo que respecta al sexo, bastante parecida a nuestra sociedad europea occidental".

Además, pese a que no estuviese tan regulada como ahora, se practicaba y se reconocía libremente la homosexualidad. El propio Adriano, emperador 'sevillano', se enamoró del joven Antínoo. Asimismo, la prostitución, conocida como la profesión más antigua de la historia, o la pornografía, también estaban presentes en el Imperio romano.

¿Divorcio en la Antigua Roma?

Muchos piensan que el matrimonio es una ceremonia cuyo origen radica en el cristianismo. Lo cierto es que en Roma los ciudadanos también se casaban. Petronio, político romano, escribió una frase que ha llegado hasta nuestros tiempos: "Te puedes casar o quedarte soltero, pero te arrepentirás de las dos cosas".

Al igual que uno se podía casar, también cabía la posibilidad de divorciarse. Una ley impulsada en la época de Augusto en el siglo I a.C promulgó que la mera voluntad de uno de los cónyuges era suficiente para que la separación fuera efectiva.

Los primeros pasos de cebra

Los pasos para peatones no son un invento reciente, ni mucho menos. En todas las ciudades de la Antigua Roma existían y estaban construidos con losas de piedra cortadas de forma rectangular y colocadas perpendicularmente al tráfico. Eran de la misma altura que las aceras por lo que los viandantes podían cruzar sin ningún tipo de complicación. En cuanto a los carros, se veían obligados a frenar para alinear las ruedas con los carriles que quedaban libres entre las losas.

Paso de cebra en la ciudad de Pompeya.

Sistema de reciclaje

El reciclaje y el cuidado del medio ambiente es un tema que está teniendo cada vez mayor calado en la sociedad actual. De todos modos, el Imperio romano también apostó por el reciclaje hace dos milenios. Por ejemplo, el vidriero ambulante recogía el cristal roto de los objetos cotidianos romanos y los entregaba en talleres donde se fundían y se producían nuevas piezas.

Se debe aclarar que los romanos no contemplaban el reciclaje como un recurso para proteger a la madre naturaleza: buscaban, más que nada, beneficiarse de un material que se había roto.

Comida para llevar

Los bares también preparaban comida para que los clientes se lo pudiesen llevar a casa —cabe destacar que muchos romanos no tenían cocina en sus casas—. Igualmente, tal y como se menciona en el libro, hay evidencias de servicios que enviaban a domicilio los pedidos, como si de las actuales Glovo o Deliveroo se trataran. 

El WhatsApp del Imperio Romano

La aparición de internet ha servido para la creación de distintas aplicaciones de mensajería instantánea. Sin embargo, los romanos se las ingeniaban para poder dotar a su ciudadanía de un servicio que cumpliera las mismas funciones. Podían escribir en una tableta que se guardaba en un estuche cualquier mensaje o recado que quisieran enviar. Una vez escrita la información, el mensajero recogía la tableta y lo llevaba al destinatario. Tras ser recibida, la conversación podía continuar infinitamente a través de las idas y venidas del mensajero.

Por si fuera poco, Paco Álvarez menciona que en dichas tabletas no solo se utilizaban palabras. Muchas veces se añadían dibujos que recuerdan a los emoticonos actuales. Uno de los más frecuentes era el dibujo de una ánfora para representar el vino.