Varios visitantes ante una de las obras de Kehinde Wiley.

Varios visitantes ante una de las obras de Kehinde Wiley.

Arte pintura política

Barack Obama encarga su retrato oficial al pintor 'choni' de los raperos

El expresidente ha elegido al reconocido pintor Kehinde Wiley, famoso por sus extravagantes motivos y su atrevida revisión del tradicional género. 

Peio H. Riaño

Colores chillones, estampados versallescos, chándal y zapatillas de basket, cadenas de oro, mucho flow y mucho swag. Kehinde Wiley (Los Ángeles, 1977) mató hace una década el género del retrato para resucitarlo sin la etiqueta protocolaria de palacios y parlamentos. Por ello es uno de los artistas neoyorquinos más valorados. No es un pintor de la corte real, sino uno de la corte callejera. A esos tics es en los que quiere verse reflejado el expresidente Barack Obama, que le ha encargado el retrato por el que pasará a la historia, colgado en la National Portrait Gallery del Museo Smithsonian, donde estará acompañado por los otros 43 presidentes.

También Michelle Obama ha encargado el suyo a una artista afroamericana, Amy Sherald (Georgia, 1973). Sherald, como Wiley, también atiende a personajes al margen de las estructuras del poder. “Ambos han logrado un gran éxito como artistas, pero aún más, hacen un arte que refleja el poder y el potencial del retrato en el siglo XXI”, ha explicado Kim Sajet, directora del National Portrait Gallery, que incluyó los nombres de los dos pintores en un dossier que presentó al matrimonio con 20 artistas posibles.

Las salas de los presidentes, en la National Portrait Gallery.

Las salas de los presidentes, en la National Portrait Gallery.

Ambos cuadros costarán 500.000 dólares (incluyendo el evento de presentación) y los pagarán los fondos privados, en su mayoría grandes donantes que figurarán en las cartelas. En España se pagan con fondos públicos.

No es el primer guiño de Barack Obama a la cultura popular. El hito sucedió hace dos años, cuando recibió en la Casa Blanca al creador de The Wire, David Simon, para hablar de “una de las grandes obras de arte de las últimas décadas”. Así definió el presidente a la serie que tumbó la buena conciencia del mundo libre, que él presidió.

Un museo presidencial

El espacio dedicado a la narración presidencial es el corazón del museo y uno de los principales atractivos del mismo. De hecho, acaban de restaurar y poner al día todo el aparato científico de estas salas, tras 18 meses de reformas. El cuadro de Obama será presentado en las paredes del Smithsonian en los primeros meses de 2018 y está llamado a ser una revolución pirotécnica entre la grisura pictórica que recuerda a George Washington, Andrew Jackson, Abraham Lincoln, Theodore Roosevelt, Franklin D. Roosevelt o Ronald Reagan. Formará parte de la estela del retrato rompedor encargado por John F. Kennedy a Elaine de Kooning o la original visión fragmentaria de Clinton hecha por Chuck Close. Precisamente, en el museo cuelgan dos retratos de Obama hechos por Close, temporalmente, que serán retirados cuando llegue el de Wiley. Obama está llamado a no ser uno más.

Retrato de Bill Clinton hecho por Chuck Close.

Retrato de Bill Clinton hecho por Chuck Close.

Ni rastro de la Academia ni de sus gestos, sus retratados posan desafiantes, normalmente en contrapicado o un punto de vista superior al del espectador, al que intimidan. Tan descarados como sus ropas y los estampados y tejidos chonificados que utiliza para los fondos. Es curioso cómo ha sustituido el fondo negro, con el que se suele subrayar la presencia del personaje, con estos patrones estridentes. Su mayor logro es este, el chonismo ilustrado: la renuncia a la tradición traicionándola con lo kitsch, y forzando las fronteras entre verdad y ficción hasta hacer de lo cursi una metáfora de la identidad del cambio.

Arrebato cursi

Obama se ha fijado en Wiley porque forma parte de un proceso histórico de cambio en la modernización de los EEUU, tan anclados en la violencia racista. Los destellos de la cursilería indican que una nueva clase social (y racial) trata de existir, de romper con la opresión. La cursilería, como indica Noël Valis en su ensayo La cultura de la cursilería, es propio de las clases medias, inseguras e inestables, con necesidad de definirse a sí mismas.

Uno de los retratos de Kehinde Wiley.

Uno de los retratos de Kehinde Wiley.

Y todo esto regado con sobredosis de ironía. Perfecto para hacer de Wiley el Leonardo da Vinci del hip hop: por su estudio ha pasado Notorious Big, Grandmaster Flash, Big Daddy Kane, LL Cool J, Ice T, The Furious Five… Y ahora MC Obama. ¡Make-some-noise!

The Virgin Martyr St. Cecilia, por Wiley.

The Virgin Martyr St. Cecilia, por Wiley.

Wiley ha pintado a LL Cool J como lo habría hecho John Singer Sargent, a Ice T como al Napoleón de J. L. David. Ha hecho de los jóvenes afroamericanos santos para una vidriera catedralicia. Es un experto en reventar las tradiciones, en salirse del tiesto: “Es algo que tratamos de hacer siempre los artistas: tirar el pasado, matar al padre y crear lo nuevo. Este es el deseo de deshacerse de las viejas reglas”, explicó en una entrevista con la publicación Interview. Así es como degenera el retrato para devolverlo a la vida. Dijo en la BBC, en 2012, que sería muy interesante retratar a Obama. “He hecho varios estudios en el pasado y desarrollado estrategias diferentes sobre cómo sería”.

La pintora Amy Sherald y uno de sis retratos.

La pintora Amy Sherald y uno de sis retratos. National Portrait Gallery

Bajos fondos, hip hop y el primer presidente negro encargando el retrato oficial al primer pintor negro en retratar a un presidente. El gesto es una defensa de lo impuro como única salvación a la catástrofe del fanatismo racial. Ambos retratos son una grieta contra el odio, una oportunidad para respetar las costumbres y las convicciones de otros, una ocasión contra los radicales que esquilman la pluralidad.

La decisión de Obama abre una puerta muy peligrosa: ¿encargará Donald Trump su retrato a un decorador ruso, para que se lo ponga todo muy dorado?