Cultura

Pokémon Let´s Go: el síndrome de Peter Pan no existe

Las nuevas entregas de la saga demuestran que la saga es disfrutable por todos los jugadores, tanto veteranos como noveles.

Siguen ahí aunque ya no hagan tanto ruido. Es frecuente encontrarse a un grupo de gente en un lugar icónico de la ciudad, todos mirando el teléfono y clickeándolo con el dedo rápidamente. Están jugando a Pokémon Go, seguramente en una incursión para hacerse con alguna criatura legendaria.



Y en ese grupo hay gente de todas las edades porque la saga, que cuenta ya con más de 20 años de historia y 300 millones de copias de sus juegos vendidos, no entiende de edades. Ahí están los padres acompañando a sus hijos, los niños que conocen por primera vez a los monstruos de bolsillo, los más mayores que han encontrado una nueva diversión en sus paseos y por supuesto, los que se enamoraron de la saga en sus inicios hace dos décadas.



A todos ellos ha buscado el último lanzamiento de la franquicia: Pokémon Let´s Go con sus versiones de Pikachu y de Eevee. Una vuelta a los orígenes, al juego original, sin dejar de mirar al futuro, manteniendo su esencia y sabiendo adaptarse a los nuevos tiempos, los de los dispositivos móviles.


En una entrevista a este periódico Junichi Masuda contaba que su público objetivo eran niños de 12 años sin smartphone. Este puede haber sido el error de Nintendo con el lanzamiento de esta entrega. El título lo puede disfrutar, y mucho, cualquier usuario.



Con un sistema de captura entretenido y recompensas equilibradas por la búsqueda de los Pokémon menos comunes o incluso los variocolor, Let´s Go sabe atrapar y enganchar al jugador. A eso, por supuesto, hay que sumar su ya de por sí entretenido sistema de combate y su historia, tan sencilla y eficaz como lo fue en sus orígenes.

Más allá de eso su estética preciosista y trabajada es apta para todos los públicos porque la gran N quiere crear nuevos fans tan fieles como los de hace 20 años. Eso sí, no se queda ahí. Está lleno de guiños y referencias para los más veteranos, con personajes de entregas que no estaban en el original o pequeñas bromas internas.


Una de las batallas de Pokémon (y en menor medida de la propia Nintendo) ha sido la de luchar contra ese manido tópico de que es un juego para niños. Quizás sea porque jugando a sus títulos el jugador se lo pasa como un niño. Más como cuando en un caso como este se hace un viaje al pasado y se recuerdan aquellas experiencias vividas en la infancia. No significa en ninguna medida que el juego no esté perfectamente equilibrado para todas las edades haciendo lo que mejor sabe la compañía japonesa: divertir.



Es la lucha contra esa acusación de quienes consideran unos juegos más maduros que otros. Esa visión del síndrome de Peter Pan como algo exclusivamente negativo y a evitar, poniendo una presunta madurez por encima del disfrute. La realidad es que la saga Pokémon va más allá: es para todo el mundo, no excluye a nadie. Y Let´s Go es el ejemplo perfecto de ello.

Y con un lavado de cara como el de estas últimas entregas esto se potencia: la saga de Game Freak es la Benjamin Button de los videojuegos: cada vez está más joven. Su renovación de gráficos, en las mecánicas al atrapar a los Pokémon como en el juego de móviles, la desaparición de los combates aleatorios, o los movimientos que sustituyen a las clásicas 'máquinas ocultas' son muestra de ello. La música, retocada, si mantiene su esencia. Como también lo hace el encanto especial que desprende esta mágica saga.