Miki de OT y Ana Torroja.

Miki de OT y Ana Torroja.

Cultura Un lenguaje para todas

Miki de OT contra Ana Torroja y la RAE: él sí apuesta por el lenguaje inclusivo

La guerrilla cultural de la semana ha sido la pertinencia -o no- de la palabra “mariconez” en la canción Quédate en Madrid de Mecano: decían María y Miki, de Operación Triunfo, que la palabra no les gustaba nada por su fondo homófobo y que preferían no pronunciarla. Mejor “estupidez”. Sin embargo, su autor, José María Cano, no aprobó la censura de su texto y los chicos tuvieron que entonar la original. Cuando terminaron, el público les lanzó vítores y cánticos de “¡estupidez, estupidez, estupidez!”, apoyando así la reflexión de los concursantes.

Miki aclaró que no querían “juzgar a un grupo o a una persona por una sola palabra cuando han sido un referente en la música”: “Es una palabra que nos molesta mucho, pero porque ahora no concebimos una sociedad donde esa palabra no sea considerada ofensiva hacia un colectivo”. Hubo algo más, un gesto fundamental. El joven pidió la palabra durante un segundo porque tenía un mensaje subyacente que lanzar: “Sólo quiero decir una cosa: desde el primer momento, María y yo queríamos hacer un homenaje a Mecano a todo lo que significa Mecano para todas nosotras. Así que muchísimas gracias”.

Con ese “todas nosotras”, de alguna manera, lanzaba un dardo inteligente a favor del lenguaje inclusivo y en contra de toda la morralla clasista, homófoba, racista y sexista que hemos asumido lingüísticamente desde que el mundo es mundo. Es una problemática abierta y aupada por el pensamiento crítico del movimiento feminista: ¿por qué el genérico tiene que ser el masculino; por qué el masculino es neutro? ¿Y si en un grupo hay más mujeres que hombres, por qué sigue siendo incorrecto referirse al conjunto en femenino?

"Las ministras" de Sánchez: incorrecto

Lo vimos en el reparto de carteras del Gobierno de Sánchez: la mayoría de ministerios estarían dirigidos por una mujer, pero, sin embargo, la RAE pronto recordó que era incorrecto hablar de “las ministras” de Sánchez. “Ese recurso induce a confusión al estar el valor genérico del masculino gramatical fuertemente asentado en el sistema lingüístico del español (y de otras lenguas románicas) desde sus orígenes”, explicaba la Academia. “En el sistema morfológico del español, como en el de otras lenguas próximas, el femenino de los sustantivos que designan persona es el término marcado de la oposición de género, lo que implica que su referencia incluye solo mujeres”, subrayó. 

El masculino es, según los popes de nuestra lengua, “el término inclusivo para aludir a colectivos mixtos, o en contextos genéricos o inespecíficos”. El activismo feminista, no obstante, ya emplea a menudo este femenino genérico como forma de romper los moldes académicos y de construir realidad. Porque eso es lo que hace el lenguaje: cercar el mundo, edificarlo desde la palabra. Lo decía también la vicepresidenta Carmen Calvo: “Lo que no se nombra no existe”, lanzó, antes de instar a la RAE a elaborar un informe sobre cómo ha de ser una Constitución feminista e inclusiva, lo que despertó las iras y los desaires de algunos académicos, que amenazaron con abandonar su sillón. En los próximos días recibiremos los resultados del informe. 

Pero el cambio ya está aquí y cada vez cala más deprisa: el Instituto de la Mujer, por ejemplo, ya ha recopilado guías sobre el uso de lenguaje no sexista. Los manuales incluyen cambios tales como “corregir el enfoque androcéntrico de nuestras expresiones”. Por ejemplo, si el uso habitual es “en la fiesta, los médicos y sus mujeres”, el uso recomendado es “en la fiesta, el personal médico y sus parejas”. Proponen crear referentes femeninos. Por ejemplo: si el uso habitual es “el ganador obtendrá un televisor”, el uso recomendado es “la persona que resulte ganadora obtendrá un televisor”. Otros puntos son la ruptura de estereotipos -dejar de decir “el coche de papá” para hablar de “el coche familiar”- o el uso de las barras -ahí “profesor/a”, “decano/a”, etc-.