Blon, en la presentación de la Red Bull Batalla de los Gallos.

Blon, en la presentación de la Red Bull Batalla de los Gallos. Gianfranco Tripodo Madrid

Cultura

Blon, el rey ‘gallo’ sin corona: “Siéntate conmigo y rompemos clichés del rap”

Lo llaman - y también se llama a sí mismo- ‘Rey sin corona’. Vallecas, territorio donde poco valor tiene la sangre azul, es testigo del preámbulo del Juego de Tronos que se vivirá en el Wizink Center este sábado. Allí, Pablo Pérez (Blon), junto a los otros 15 mejores freestylers de España, se batirá en duelo para saber quién será el que gobierne durante 2018. Ese título tiene otro premio: poder representar a nuestro país en la final Internacional de Argentina.

La Batalla de los Gallos se ha convertido en un fenómeno social y musical que crece a pasos agigantados. Hace apenas unos años, este tipo de competiciones se celebraban en parques o canchas de barrios. Como si de un flash back se tratase, la empresa de bebidas energéticas abrió sus puertas de par en par en las pistas de baloncesto de la zona vallecana de Pacífico.

Allí esperaba Blon. Tranquilo, como de costumbre, pero con un nerviosismo que va por dentro. Sabiendo que esta puede ser su última gran oportunidad para subir al trono que, por unas cosas u otras, siempre se le ha negado.No oculta sus ansias por ganar. Sabe que es favorito. Se sabe, además, favorito. “Puede ser que sea uno de mis últimos cartuchos, aunque tenga 27 años, pero llevo ya muchas ediciones y esto quema un poco”, cuenta.

La adrenalina se dispara en los 16 gallos que graban los vídeos promocionales. Es normal. Vuelven a colgar el cartel de no hay billetes de un recinto que algunas estrellas del indie, del pop o del rock no han logrado hacerlo. Y el mismo cosquilleo que sus compañeros, siente el principal favorito para esta edición. “Ha pasado de ser un hobbie a ser una profesión. Hay vídeos que lo ven dos millones de personas. Es una forma de vida para muchos chicos de las calles”, dice un Blon que mira hacia el parque -que tantas horas de su vida ha llenado- encharcado después del diluvio que nos ha acercado de golpe al otoño.

Pero para llegar a Madrid ha tenido que sudar la gota gorda. Al igual que en un deportista de élite,la cabeza tiene que estar ágil, tiene que tener estímulos suficientes para que en 60 segundos las rimas tengan el suficiente ingenio para que 14.000 personas hagan mucho ruido. “Cada día he hecho un entrenamiento intensivo. Durante cuatro horas me he preparado para dar el salto”, explica en medio del alboroto propio de decenas de balones de baloncesto en pleno Media Day.

En apenas ocho minutos, si tiene suerte y pasa a la final, habrá vomitado todo tipo de argumentos, desvalijando al que tiene delante. Todo vale. No hay reglas. Insultos, menosprecios, pero siempre con respeto y, a sabiendas que todo queda en el escenario. “Venimos a esto. Es complicado, pero nosotros sabemos diferenciar la persona de los personajes. Pongo el mismo ejemplo: el boxeo es parecido; todo se queda ahí. Nos podemos llevar mejor o peor cada uno, pero sabemos que las rimas no tienen nada de verdad”, se defiende.

Entre la xenofobia y la homofobia

De hecho, el juez social del siglo XXI, que no es ni más ni menos que Twitter, puso el grito en el cielo por las rimas. Machismo, homofobia y xenofobia se entremezclaban entre permanentes gritos de los asistentes. De hecho, Blon la reconoce. “Existe, no hay duda. Es algo que tenemos que cuidar y empezamos a ser un ejemplo. Son rimas que se nos escapan porque estamos a mil por hora y es inevitable, pero que la gente no se piense que lo hacemos a mala fe”.

Lo dice alguien que se dio un beso con otro de los freestylers más famosos del mundo, Arkano -abanderado del feminismo y en permanente lucha contra la homofobia-. En plena batalla y después de un (“voy a cumplir tu sueño rapero / te robo un beso como Casillas a Sara Carbonero"), besó los labios de su contrincante. “Este vídeo lo ha visto más de un millón y medio de personas. Hemos hecho campaña contra el acoso escolar y nadie nos ha venido a preguntar. Casi siempre se saca lo malo”, explica con mira desafiante.

El hip-hop, género que siempre ha estado en entredicho por su contenido poco agradable a las altas esferas políticas y empresariales, nació como protesta en Estados Unidos y por eso, el freestyle quiere continuar con su esencia. “No sé si acabaré en la cárcel por mis rimas”, bromea. “Tenemos y debemos seguir respetando esta cultura”. De hecho recuerda su juventud. Lo sabe él y lo sabe cualquiera que haya vestido con ropa ancha.

Apoyado en un muro, mientras le reclaman a varios metros en otra entrevista, dice indignado todo lo que ha tenido que pasar por pertenecer a una cultura urbana que no ha estado siempre bien aceptada: “El rap siempre ha estado perseguido, pero yo solo digo una cosa: siéntate aquí conmigo, tomemos un café y tumbemos clichés de nosotros”. “Hay ingenieros, matemáticos, filósofos y personas con alta cualificación que batalla, no somos delincuentes”, subraya.

El gallo diferente

Si uno mira el elenco de freestylers que hay en España y se detiene en su trayectoria, queda claro que Blon es un tipo diferente. Su estilo es diferente al del resto. El del ingenio, el de la ironía, el de una mente en la que habita un escritor. De hecho, de poesía.

Hace pocos meses lanzó su primer trabajo como escritor. “Eterna Mente” es el libro en el que recoge algunas de sus poesías, porque a él “siempre le encantó” esta rama de literatura. A pesar de la fugacidad de sus rimas en los escenarios, también le gusta plasmar sus pensamientos en un papel a base de versos.

Dentro de unos años, cuando su etapa como gallo haya pasado, quiere seguir escribiendo libros, llevando por el resto del mundo el freestyle y componiendo música. Antes tendrá que pasar cuatro rondas para intentar conseguir la corona que aún le falta. Hagan sus apuestas, hagan ruido para Blon.