Verónica Forqué, Premio Goya de Honor.

Verónica Forqué, Premio Goya de Honor. Cortesía de Alberto Roldán. Fundación AISGE.

Cultura En primera persona

Verónica Forqué: “No estoy a favor de prohibir nada: ni los toros, ni las drogas"

"A la gente de derechas le interesa más el dinero que la cultura" / "Admiro a Woody Allen y no me interesa su vida privada" / "Las mujeres de mi generación no somos de sexo sin amor" / "Estamos muy puritanos: tantos años con un gobierno de derechas se notan".

Es la mujer más pizpireta del cine español, Verónica Forqué: la recordamos con el cabello rojizo de la era Almodóvar, con los ojos inmensos, verde transparente, y las pestañas juguetonas a la conquista del mundo. “Es muy buena la pestaña, yo estoy a favor, ¡viva la pestaña!”, decía en Kika. La vocecita aguda y la palabra suelta; pretendidamente dramática o cómica, y, en cualquier caso, sentida: verbo franco de folclórica pop, niña de sonrisa dulce que se agarra fuerte a la alegría.

Ella le regaló el tono a Shelley Duvall en la versión española de El resplandor (Stanley Kubrick), ella trabajó con Trueba, con Berlanga, con Pilar Miró y con Mercero. Lo mismo resucita en las tablas a Valle-Inclán que a García Lorca, que a Mihura. Lo que le echen. Qué divertida siempre, qué natural, qué generosa en sus comisuras. Acaba de recibir el premio Feroz de Honor y no queda otra que citarla para celebrarla: “Qué heavy eres, Verónica”.

Yo deseaba mucho tener una niña y vino María. Fue el mayor momento de éxtasis de mi vida. Todo cambió para mí, también, cuando hice con Mercero La guerra de papá. Y Qué he hecho yo para merecer esto, con Pedro. Me dio a conocer a los directores de cine de mi generación y le debo muchísimo a esa película. Creo que son los tres grandes instantes de mi vida, los que me han convertido en la mujer que hoy soy.

Nací en 1955, tenía 20 años cuando murió Franco. Lo recuerdo muy bien. Debuté en el teatro con 19 años en la compañía de Nuria Espert, haciendo las Divinas palabras de Valle. Estábamos de gira en noviembre cuando Franco murió. Lo celebramos muchísimo. Hicimos un fiestón. El mayor cambio después de la muerte del dictador lo noté cuando entró el primer gobierno socialista. Yo estaba haciendo el Ay Carmela de José Luis Gómez en el teatro, e íbamos a pueblos pequeños, y en todos los pueblos había teatros preciosos… fue una revolución, se construyeron gracias a esa primera etapa del socialismo. Y la Seguridad Social… en fin, España cambió y empezó a brillar, y los españoles perdimos el miedo. Vivíamos siempre un poco asustados. No se podía leer lo que se quería ni ver las películas que uno quería ver.

Me dolía tanto que estuviese prácticamente prohibido representar obras de García Lorca… su familia no quería que mientras siguiese viviendo Franco se representaran sus obras. Nosotros hicimos el ejercicio en la Escuela de Arte Dramático. Uno sobre los poemas de Lorca de Poeta en Nueva York, y tuvimos que ir todos los compañeros a Nerja, donde vivía Isabel, la hermana de Federico, a rogarle que nos dejara presentar la obra.

Yo nunca fui a un colegio de monjas, mi madre no quiso. Fui a un colegio laico, al liceo italiano, y teníamos bastante información, bastante educación sexual para el momento. Recuerdo que cuando empecé a tener relaciones con mi primer novio, conseguir la píldora era muy complicado. Menos mal que tenía un médico progre que me daba la píldora (risas). Porque si ibas con tu receta te miraban mal, con eso de “hay que ver, tan joven y ya...”.

Verónica Forqué en Kika.

Verónica Forqué en Kika.

De adolescente tuve una autoestima malísima. Pero para mí fue muy importante, a la edad de 21-22 años, descubrir las filosofías orientales donde el pecado no existe, donde lo que tú haces, lo bueno, lo malo, luego de alguna manera vuelve a ti y tienes que aprender de ello, aprender de las lecciones, pero no con sentimiento de culpa. Nadie te manda al infierno. La meditación, descubrir su poder sanador y el camino del espíritu, interiorizar la idea de que estamos aquí un rato… ¡me ayudó tanto! Estamos aquí en la vida, y la vida es como un gran escenario donde tú tienes que interpretar tu personaje. La meditación te ayuda a verte a ti mismo, a reconocerte internamente. Eso fue un paso importantísimo.

¿Que si sabemos ya por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo, como decía la película de Manuel Gómez Pereira? (Risas). Se ve clarísimo. El amor de verdad siempre es de los dos, siempre es recíproco. Y el sexo, bueno… las mujeres no somos de sexo sin amor. Las de mi generación no. Los hombres son diferentes, ellos tienen biológicamente una necesidad de conquista… y el sexo solo, sin amor, les viene bien, les encanta, pero a nosotras nos deja sensación de vacío si es sólo sexo y el chico no te vuelve a llamar.

Recuerdas que conseguí mi cuarto Goya por Kika, de Almodóvar. Y me hablas de la escena de la violación… ¿que si se podría hacer hoy? Bueno, a mí me pareció que esa escena, como cualquier aspecto de la vida, se puede contar con humor. Sí se podría volver a hacer hoy, estaba contada de manera tierna. No había violencia. Pero sí recuerdo que cuando la estrenamos en Francia hubo voces feministas muy críticas con la película y con esa escena. Yo creo que los creadores no pueden tener ningún tipo de censura, que tienen que contar lo que quieran y de la manera que quieran. Luego ya el público que decida si le gusta o si va a verlo o no. Pero prohibir es lo peor que hay. No se puede prohibir nada. Yo estoy a favor de la legalización de las drogas, así se evitarían esas mafias horribles…

Escena de la violación en Kika, de Almodóvar.

Escena de la violación en Kika, de Almodóvar.

Yo creo que tantos años con un gobierno de derechas se tiene que notar: estamos muy puritanos. Pero no lo sé. Yo veo a la gente joven, que tiene relaciones cada vez más temprano, y tampoco sé si eso es bueno o malo… en fin, yo creo que todo tiene que llegar en su momento. Tampoco se puede banalizar el sexo. A mí, desde luego, ver mujeres desnudas en las revistas no es algo que me parezca bueno ni malo, pero me gustaría ver a hombres desnudos también, ¿no? Quiero ver a hombres desnudos en las películas y no los veo. A ellos no les vemos nada, pero a las mujeres, en cambio, se lo vemos todo. Todavía, mientras somos jóvenes, seguimos siendo objetos sexuales. Aunque esto también es una decisión individual y no se le pueden poner reglas. Cada una debe decidir.

En mi generación se hablaba muchísimo del valor de la lectura. Ahora los jóvenes leen muchísimo menos. La lectura para mí ha sido una fuente de placer y de conocimiento inagotable; y me sigue gustando mucho leer, pero ahora con estas cosas de Netflix todo el mundo se engancha mucho… y todos decimos “estamos leyendo mucho menos”. Va por rachas. Me gustó mucho El arte de amar, de Erich Fromm. Lo leíamos mucho en mi época, en mi generación, y me cambió la cabeza. O Un mundo feliz, de Adolf Huxley. O La filosofía perenne.

Fui directora escénica al frente del montaje de Adulterios, de Woody Allen. Yo creo que es un genio, y, como todos los genios, debe ser muy raro, muy neurótico… pero no puedes demonizar a nadie. Es un ser humano como todos y habrá cometido errores, habrá hecho cosas maravillosas como todos… yo le admiro y no me interesa su vida privada. De eso se tiene que ocupar él y su familia.

Verónica Forqué.

Verónica Forqué.

Yo también he vivido abusos, pero no en relación al trabajo, nunca nada de eso. Cuando era jovencilla viví esos episodios… estás en el autobús, un tío te empieza a seguir, te entra un miedo horroroso y llegas corriendo a tu casa, abres la puerta con el corazón latiéndote a mil por hora… sales corriendo e insiste, ¿sabes?, te dice cosas… Recuerdo que quedé con un chico al que no conocía muy bien, en su casa, para hablar de un corto, y lo que quería el tío era acostarse conmigo. Salí huyendo aterrorizada. De todos modos me parecen peor los hombres poderosos como Weinstein. La mujer le pidió el divorcio inmediatamente, qué disgusto ver que tu marido hace cosas así… a mí eso no me ha pasado nunca.

¿Que dónde está el Harvey Weinstein español? Bueno, no ha sucedido de manera tan obvia, tan flagrante, pero desde luego sí que ha habido muchos casos. Recuerdo una mujer del ejército a la que despidieron al contar su caso, y después recuperó su puesto… y tantas mujeres maltratadas, muchas enfermas, entre comillas,q ue no pueden salir de esa relación de maltrato. Mucha gente dice: “La primera vez que tu pareja te pega un bofetón, te separas”. Pero no es tan sencillo. Las mujeres que trabajan con mujeres maltratadas hacen un trabajo inestimable, las ayudan a entender que ellas no tienen la culpa. Porque ellas empiezan a pensar que han hecho algo mal, que son culpables, y eso es terrible…

¿Que si es difícil ser actriz a partir de los 40 años…? Pues evidentemente, todas las mujeres en el mundo audiovisual, en el cine, cuando pasan de los 50 encuentran menos oportunidades a la hora de acceder a buenos personajes. Las historias están escritas por hombres, los productores son hombres, los directores son hombres… y a ellos les gustan más las de 28 que las de 58, que lo comprendo hasta cierto punto. Pero cuando dejamos de ser interesantes a nivel sexual, nuestro personaje se ancla en la madre, en la tía, en la abuela. A mí lo que más me molesta es que el trabajo que las mujeres hacen en las familias es un trabajo que no se valora a ningún nivel: ni material ni espiritual. Nadie agradece a la madre que haga la comida, o que pase la aspiradora, o que tenga la ropa limpia para todo el mundo… ¡es un trabajo enorme! Y cuando llegan de trabajar fuera de casa y preparan la comida del día siguiente… ¿es que ellas no están cansadas? El trabajo del hogar no está compartido para nada con los hombres.

Verónica Forqué en Qué he hecho yo para merecer esto, de Almodóvar.

Verónica Forqué en Qué he hecho yo para merecer esto, de Almodóvar.

Las mujeres no sólo somos madres, aunque se nos haya querido encasillar en ese papel. Tenemos muchas otras cosas que hacer en la vida. Pero eso sí, cuando tu marido escribe es como “silencio, que papá está escribiendo, todo el mundo callado”, pero las mujeres se ponen a crear cuando todo el mundo se ha acostado… es esto que decía Virginia Woolf en Un cuarto propio. En cualquier caso, yo creo que el feminismo es un movimiento imparable.

Te acuerdas del episodio de Fernando Trueba y todo esto del nacionalismo español. Bueno, yo conozco muy bien a Fernando. Es un hombre muy bueno, muy inteligente… él se siente de una manera y todo el mundo tiene derecho a sentirse como quiera. Yo, en mi caso, me siento una persona que vive en este mundo y sí que amo mi país, hay cosas de España que me encanta, pero hay otras con las que soy crítica. Los nacionalismos en general son pasos hacia atrás. El mundo ha de ser cada vez más solidario y quitar fronteras. Todos somos iguales. Los más poderosos debemos ayudar a los que tienen menos oportunidades. Vivimos en un país de derechas, y la derecha se metió muchísimo con él, con Fernando… igual que el PP con la gente del cine. Se han metido mucho con nosotros y nos han tratado bastante mal.

¿Que si lo del PP y el cine es una historia de desamor? Pues sí que va a serlo. A la gente de derechas le interesa más el dinero que la cultura o el ver películas, o las obras de teatro. Hay esa tendencia, aunque habrá gente de derechas que no, claro, pero en general… Los 40 años de Franco nos hicieron mucho daño. Dejaron al país en un secano cultural brutal, y los mayores exponentes de la cultura fueron asesinados por el Régimen, o tuvieron que exiliarse, o fueron quitados de sus puestos y mandados a un pueblo lejano a hacer algo diferente.

Verónica Forqué en Shirley Valentine.

Verónica Forqué en Shirley Valentine.

España es un país pobre. En la época de Franco había mucha gente pobre que tenía que ocuparse de alimentar a su familia… y los libros vienen después, claro, porque primero hay que sobrevivir. La cultura se ha dado más bien en clases burguesas que ya tenían su vida solucionada a un nivel más esencial, como es comer y mandar a tus hijos a un colegio bueno. En mi casa siempre ha habido muchos libros, soy muy afortunada. Miguel Hernández es uno de mis poetas preferidos… y acuérdate, era un hombre que criaba ganado, que era muy pobre, que tenía que encargarse de las ovejas… pero que gracias a los curas de Orihuela pudo seguir estudiando. En la iglesia hay gente muy buena. Ha habido sacerdotes muy de izquierdas y sigue habiéndolos: han dado mucho calor y mucho apoyo a la gente pobre. ¿Y Machado? ¿Que tuvo que irse a Francia y murió en un pueblo? Pobrecito… con su madre… viajaron los dos, murió su madre y murió él enseguida. Es un final muy triste y eso es un poco la imagen de lo que ha sido nuestra cultura.

Cuando el “No a la guerra” yo estaba en casa, vi los Goya desde la tele. No me lo podía creer, me dio mucha alegría y subidón, porque surgió de forma espontánea… si yo hubiese estado allí, también me habría puesto el cartel de “No a la guerra”. Todos a la manifestación. ¿Por qué un colectivo no va a poder manifestarse de forma pacífica contra una cosa tan terrible? Es verdad que aquello generó como cierto desprecio hacia el cine español… pero hacia Aznar no, a Aznar se le ha perdonado. España en general no es muy generosa con sus artistas, no los cuida hasta que son viejecitos y salen muy mayores en películas o escenarios… aquí nos subimos al carro de lo nuevo, de lo último, de lo que llega. Forma parte del carácter del español, es un poco envidioso. Hay un momento de admiración, pero después llega el regustillo de “uy, ahora le va fatal, no le llama nadie ni le ofrece un trabajo”.

Veronica Forque 018 © Alberto Roldán. Fundación AISGE

Veronica Forque 018 © Alberto Roldán. Fundación AISGE

Yo siempre creo en la solidaridad, en que la Seguridad Social vaya a mejor, en que la educación vaya para arriba. Veo que los partidos de izquierda están atravesando grandes crisis. La derecha lo ha hecho mejor ahí, porque lo tienen muy claro: si tienen crisis no se nota, no nos lo cuentan o no lo vemos, pero la izquierda, por esta cosa de la ideología de decir lo que se piensa… pues aquí tenemos el resultado, una izquierda muy desunida y que no consigue llegar al poder.

Soy vegetariana. Cómo no, si los animales son criados y matados para su comercio, es enormemente cruel… yo creo que no están en el mundo para que nosotros nos los comamos. Están ahí igual que estamos nosotros, forman parte de la naturaleza, pero bueno, esto es algo que pienso yo, si todos tomáramos conciencia de lo que se hace con los animales que comemos… seguramente nadie comería animales. ¿Has visto los criadores industriales de pollos o de vacas? Las jaulas, las etiquetas puestas en la oreja… cómo les ponen la cosa esa, de acero, en la teta para sacarles la leche… me da una pena muy grande.

¿Los toros? Bueno, yo no soy de abolir ni de prohibir. Me quedo con que lo mejor es tomar conciencia y que sea la propia sociedad la que vaya diciendo lo que quiere ver y lo que no. A mí personalmente ver sufrir a un animal me disgusta. Pero ya te digo que tampoco los prohibiría, me pasa como con las drogas. Yo no estoy a favor de prohibir nada. ¿Que a quién haría yo ministro de Cultura? Uy, pues yo soy muy fan de Ángel Gabilondo. Él es independiente, aunque estuvo en candidatura con el PSOE. Es un hombre al que me gusta mucho escuchar.