Diada. EFE.

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Cultura Política y norma ortográfica

La Fiscalía catalana defiende el orden constitucional sin orden gramatical

La Fiscalía Superior de Cataluña emite un comunicado plagado de imprecisiones ortográficas para instar a los cuerpos y fuerzas de seguridad a mantener el orden constitucional en la región. 

Carlos Mayoral

Uno lleva empapándose de Estado de derecho tanto tiempo, inyectado en vena a través de este o aquel politicucho, que ya ha aprendido a fiar su suerte a esa especie de triunvirato formado por los poderes ejecutivo, legislativo y judicial (tan separados a veces, tan unidos otras, cual familia en Poniente). Por eso, cuando ese mismo uno acude a los papeles para informarse del orden que ha de implantarse en este país nuestro abocado al caos, se percata de que estos órganos no sólo carecen de armas para deshacer este caos sino que ni siquiera cuentan con argumentos para mantener un mínimo orden sintáctico.

A esta conclusión se llega al desenlazar ese regalo en forma de comunicado que la Fiscalía Superior de Cataluña emitió el martes. En dicho comunicado se pretendía recordar las directrices que los cuerpos de seguridad del Estado habrán de seguir el famoso 1-O para mantener el orden constitucional. El problema, aun a riesgo de caer en la repetición, es que poco orden puede imponerse si no se ordenan, mínimamente, los sintagmas de una oración.

Buscando la asfixia

Apenas habíamos desenvuelto el texto cuando ya empezaba a sorprendernos. El primer sobresalto llega al comprobar que coquetearemos con la asfixia durante toda la lectura. Se masca la ausencia de puntos,  comas y cualquier otro signo de puntuación que nos permita coger el aire suficiente como para no desfallecer. Leer este comunicado en alto es una oda al oxígeno, una especie de carrera de fondo que nunca termina. Y lo peor de todo es que la primera coma que te encuentras es la clásica coma asesina.

Es decir, aquella coma que se incrusta entre sujeto y predicado ("El Tribunal Constitucional en su ATC nº 24/2017, de 14 de febrero ha declarado la nulidad..."). Casi mejor caer en la asfixia, se diría un lector con cierta pulcritud ortográfica. Pero el masoquismo es parte de la identidad de este pueblo, y toca bucear en párrafos posteriores para rebozarse en él.

No podía faltar a la fiesta otro de los clásicos dentro del panorama gramatical del siglo XXI: la falta de concordancia entre sujeto y verbo

No podía faltar a la fiesta otro de los clásicos dentro del panorama gramatical del siglo XXI: la falta de concordancia entre sujeto y verbo. Por ejemplo, pueden encontrarse con expresiones como "...la Resolución 306/XI contraviene y menoscaban frontalmente...", lanzando el singular y el plural al aire como un malabarista lanza las mazas en pleno espectáculo circense. Pero no sólo del número viven estas faltas de concordancia. También el género tiene su pequeño espacio.

Así, al encontrarse frases como "...recordó el deber de las autoridades y funcionarios advertidas de impedir...", uno se ve obligado a echarse las manos a la cabeza, buscando en ella el orden que promulga el edicto. Pero probablemente este orden mental termine de perderse cuando la vista se fije en la posición de las mayúsculas. Parece que el criterio que se ha seguido para colocarlas responde al más libre de los albedríos o al movimiento de muñeca de un niño de cinco años. Sólo así puede entenderse que uno se tope con frases como "la sentencia 90/2017 concluye sus Fundamentos jurídicos señalando que..." o "aquellas Comunidades Autónomas con competencia".

El fango gramatical

A medida que va avanzando el texto, los errores de uno u otro signo gramatical se van sucediendo. Lo mismo da si se siguen colocando mal las comas ("La comunicación o informe policial, se remitirá con carácter urgente al Fiscal Jefe de la Fiscalía territorialmente competente") o si se da por finalizado un párrafo con dos puntos (" ...de actividades delictivas..") que ya no sabemos si son suspensivos o si el redactor tenía tantas ganas de acabar con el sainete que colocó dos puntos finales por si con uno no bastaba.

Otro rasgo, en este caso léxico, que llama la atención es la indiferencia con la que el redactor se refiere a los términos referidos a organismos estrictamente catalanes

Otro rasgo, en este caso léxico, que llama la atención es la indiferencia con la que el redactor se refiere a los términos referidos a organismos estrictamente catalanes. A veces los mantiene como término sin adaptar (Cuerpo de Mossos d’Esquadra), otras los adapta al castellano (Gobierno de la Generalidad). Por si la espesura no bastara, estas interferencias complican aún más la comprensión de un lector que, si ha conseguido llegar hasta este punto, ya ha sobrepasado el umbral del héroe.

Pero quizá lo peor no sea el error puntual, presente en cualquier texto, en cualquier ámbito. Lo peor es ese fango gramatical en el que te sumerge la redacción, un sindiós de sujetos, predicados, complementos y vaya el lector a saber qué otros elementos sintácticos, fundiéndose unos con otros sin permitirnos adivinar qué hace referencia a qué, formando una plasta lingüística indigesta que poca o ninguna claridad transmitirá a los verdaderos receptores de la directriz.

Porque en estos momentos de incertidumbre, donde la lucidez brilla por su ausencia, lo menos que les podemos pedir a los actores del esperpento es orden lingüístico. El resto de desórdenes ya los traemos, lamentablemente, bien cocinaditos de casa.