El pasado mes de mayo entraba en vigor en Ucrania la ley sobre “la condena de los regímenes comunista y nacionalsocialista”, donde se recoge “la prohibición de la promoción de sus símbolos”, según los términos del texto aprobado hace ya dos años en la Rada Suprema, el parlamento ucraniano. Esa ley ampara lo que en tierras del país del este europeo se ha venido a llamar “Leninopad”, es decir, “la caída de Lenin”. Dicho de otro modo, la caída de los monumentos dedicados a Vladímir Illich Uliánov, Lenin.

Este proceso, que presenta ecos similares a los del debate en España sobre la aplicación de la Ley de la Memoria Histórica en casos como el de la reciente retirada del medallón de Franco de la Plaza Mayor de Salamanca, lo han seguido de muy cerca en el último año y medio el fotógrafo suizo Niels Ackermann y el reportero francés Sébastien Gobert.

El libro Looking for Lenin o “Buscando a Lenin”, es producto de ese trabajo. Una selección de las decenas de imágenes de estatuas maltrechas de Lenin que han producido para ese volumen formarán parte de las que se exhiban en la próxima edición de los Encuentros fotográficos de Arlés, una de las citas internacionales más relevantes de la fotografía.

Documentar la caída

Ackermann y Gobert viven en Ucrania. Han asistido en primera fila a los convulsos tiempos que azotan el país, enfrentado desde hace tres años a un desafío independentista animado por Rusia tras los cambios políticos surgidos al fuego de las protestas de la Plaza de Maidán. En ese contexto percibieron el “Leninopad” y se lanzaron a documentarlo.

Las estatuas caídas de Lenin han sido robadas, vandalizadas, desmembradas, arrancadas de su pedestal, abandonadas en desguaces, basureros y pasillos de museos, olvidadas, fundidas y transformadas en nuevos monumentos destinados a glorificar la nueva identidad nacional ucraniana. Así es cómo el artista Alexsander Milov transformó en Odesa (suroeste ucraniano) una estatua de Lenin en un monumento a Darth Vader.

“Este caso permite ver el sentido del humor ucraniano, además de la evolución e historia reciente del país, porque Vader ya es parte de la historia del país”, comenta Ackermann a EL ESPAÑOL. Alude el fotógrafo al ciudadano de la ciudad portuaria que cambió su nombre por el de Darth Vader para poder presentarse a las elecciones presidenciales como candidato del Partido de Internet de Ucrania en 2014.

5.500 estatuas

En sus días de república soviética, Ucrania albergaba 5.500 estatuas de Lenin. Ese número estaba muy cerca de igualar los 7.000 monumentos de Lenin que había en toda la Rusia soviética. “Rusia es 34 veces más grande que Ucrania, por lo que esas más de 5.000 estatuas en Ucrania convertían a este país en el país con más estatuas de Lenin por metro cuadrado del mundo”, dice Ackermann. Él es el responsable de hacer las fotografías a lo que queda de esas representaciones del líder soviético publicadas en Looking for Lenin.

Estatua de Lenin sin busto fotografiada en el pueblo de Shabo, cerca de Odesa

Estatua de Lenin sin busto fotografiada en el pueblo de Shabo, cerca de Odesa Niels Ackermann Lundi 13

“En Ucrania había tantas estatuas de Lenin porque había que convertir a los ucranianos a la idea soviética, por eso había estatuas en cada pueblo, en cada fábrica o en cada escuela”, explica Ackermann. La independencia en Ucrania de la Unión Soviética, de la que se cumplen 27 años el próximo de julio, ya estuvo seguida por la destrucción de muchas de esas estatuas. “Cayeron entonces más o menos la mitad, pero entre los años 90 y las protestas de Maidán, no pasó gran cosa”, abunda el fotógrafo.

Como en España

Él y Gobert se han ocupado de documentar la segunda y aparentemente definitiva oleada que limpiará Ucrania de representaciones de Lenin. No lo hará sin levantar un difícil debate que, según Ackerman, resulta similar al que se conoce en España por la Ley de la Memoria Histórica. “Me imagino que en España también hay una serie de interrogantes como los de Ucrania, porque hay un pasado doloroso, pero que no es necesariamente doloroso para todos, y donde se plantea la cuestión: ¿Destruimos un símbolo de propaganda o destruimos una herramienta pedagógica? Es una cuestión muy complicada”, plantea el fotógrafo,

Las fotos no han sido creadas ni recreadas, no tocamos nada. Llegábamos al sitio y no desplazábamos ningún elemento, no utilizábamos ni el flash. No interveníamos en nada

Encontrar cada una de las estatuas costaba, de media, una semana a Ackermann y Gobert. El suizo, armado de su cámara con un objetivo 35 milímetros, tenía que tomar sus clichés muy rápido, por regla general. En muchos casos tenían que ganarse la confianza del guarda del desguace o vertedero ucranianos en los que suele descansar ahora Lenin. “Muchas veces había que trabajar en cinco minutos porque el guardia que se ocupa del lugar donde está el Lenin no quiere que le molesten ni nada”, cuenta el fotógrafo.

Busto de Lenin en un trastero

Busto de Lenin en un trastero Niels Ackermann Lundi 13

“Las fotos no han sido creadas ni recreadas, no tocamos nada. Llegábamos al sitio no desplazábamos ningún elemento, no utilizábamos ni el flash. No interveníamos en nada. Hemos seguido criterios periodísticos muy estrictos”, afirma. “Muchas veces llegábamos al sitio y la gente que nos acompañaba nos decía: 'esperen, esperen, que les muevo esto o lo otro para que se vea mejor'. Pero nosotros decíamos que: 'no'”, abunda. Con esta filosofía de trabajo dan cuenta en su libro de la falta de espacio que hay para Lenin en Ucrania.

Propaganda en vertederos

El resultado son imágenes en las que se percibe una cierta búsqueda estética. Sin embargo, “la idea era mostrar el destino de estas estatuas después de que hayan cumplido su papel de propaganda”, precisa Ackermann. “Sobre el pedestal, esos monumentos son un objeto de comunicación política con un mensaje concreto y deseado por las autoridades, pero en un trastero, en un vertedero, en un garaje o en un maletero de un coche se convierten en una suerte de mensaje propagandístico invertido que va contra aquello que se deseaba en un principio”, aclara el fotógrafo.

La ley de descomunistización hace ilegal en Ucrania la simbología comunista, ya no es posible que Lenin esté en lugares públicos, puede estar en espacios privados, pero no en la calle

Alude Ackermann, entre otras cosas, a las cinco cabezas de Lenin que asoman en el maletero de un coche fotografiado hace un año en Krivói Rog (centro ucraniano), no lejos de las zonas separatistas prorrusas, la República Popular de Donetsk y la República Popular de Luhansk. El vehículo fotografiado pertenece a uno de los muchos grupos nacionalistas activos en la defensa del Gobierno de Kiev en el conflicto del este ucraniano. Las partes o lo que quede de los monumentos de Lenin no siempre acaban siendo vendidas. Muchas veces acaban abandonadas a su suerte no lejos de donde cayeron o fueron destruidas.

“La ley de descomunistización hace ilegal en Ucrania la simbología comunista al igual que la simbología nazi. Ya no es posible que Lenin esté en lugares públicos, puede estar en espacios privados, pero no en la calle a la vista de todos, esto ha hecho que la caída de las estatuas haya entrado en una fase organizada”, comenta Ackermann.

Él y Gobert empezaron a interesarse por el "Leninopad" con la caída de la emblemática estatua de Lenin que ocupara la Plaza de Besarabia de Kiev, el 8 de diciembre de 2013. “Esa estaba hecha en el mismo cuarzo que el mausoleo de Lenin en Moscú o la tumba de Napoleón Bonaparte de París, es una piedra con cierto valor en sí”, señala Ackermann. En la misma noche en que cayó, la estatua desapareció. Ackermann y Gobert saben que está en manos de un coleccionista que no quiere exponerse. No les dejó fotografiar al Lenin que tenía secuestrado.

Especular con Lenin

Puede que ese coleccionista esté tratando de especular con ese monumental cuerpo de Lenin. No será el único. Ackermann cuenta que uno de los muchos alcaldes ucranianos que los autores de Looking for Lenin visitaron en su búsqueda de restos del líder soviético, tenía la estatua de su ciudad muy bien preservada en un almacén. “Ese acalde nos dijo que quería venderla y que había un grupo de interesados en China dispuestos a comprarlo. Lo conservaba muy bien para poder sacarle cuanto más dinero mejor”, comenta Ackermann sin dar más detalles.

Estatuas de bronce como esa han sido robadas, también de piedra, no es sorprendente en Ucrania, uno de los países con mayor corrupción del mundo

Una de las estatuas más grandes de Lenin en Ucrania era la erigida en Járkov, en el Este del país. Medía 8,5 metros de alto y era de bronce. “En este caso hablamos de decenas de toneladas de bronce, un material que vale dinero, que se puede fundir y vender”, dice el coautor de Looking for Lenin. “Estatuas de bronce como esa han sido robadas, también de piedra, no es sorprendente en Ucrania, uno de los países con mayor corrupción del mundo”, agrega.

UNA PIERNA DE LENIN

Sin embargo, ni la conservación improvisada, ni el abandono, ni el robo o contrabando pueden resumir el fenómeno del Leninopad. Algunas de las estatuas también han habilitado un proceso de reciclaje y transformación artística. El Darth Vader de Milov es un ejemplo. Los hay otros más claramente identificables con la identidad tradicional ucraniana, como esos Lenin transformados en cosacos, población guerrera originaria de la estepa de Ucrania.

Un número importante de estatuas de Lenin yacen abandonadas en Ucrania

Un número importante de estatuas de Lenin yacen abandonadas en Ucrania Niels Ackermann Lundi 13

Sólo la pierna de una representación de Lenin de metal en la ciudad de Sumy (noreste ucraniano) sirvió para crear otra estatua en honor a la leyenda deportiva local Volodimir Golubnichi. Este vecino de Sumy nacido hace 81 años fue dos veces campeón olímpico en la prueba de 20 kilómetros marcha. Sin embargo, ganó esos oros defendiendo los colores de la Unión Soviética. No pocos asocian todavía su nombre al espacio ruso.

Los ucranianos aún luchan por apropiarse de su nombre como un elemento más de su identidad nacional. Al parecer, tienen poco éxito. Golubnichi ha dicho que la estatua que le han puesto en su ciudad no se le parece.