Una de las fotos incluidas en el libro GEA, con la obra de Pío Cabanillas.

Una de las fotos incluidas en el libro GEA, con la obra de Pío Cabanillas.

Cultura

Pío Cabanillas, el fotógrafo de los fondos de pantalla

El ex ministro de Aznar publica su primer libro de fotos, un amplio volumen sobre su visión de una naturaleza sin problemas, perfecta, lista para entrar a vivir. Un arte despolitizado y amable. 

Peio H. Riaño

Hay un hombre en España que lo hace todo. Lo canta Astrud y aunque no señalan a nadie, debe ser Pío Cabanillas: hijo del NO DO (y de un ministro franquista y de UCD), Director General de Sogecable (Prisa), Director General de Radio Televisión Española y ministro Portavoz con José María Aznar -tres años- hasta 2002, momento en que regresa a la empresa privada para trabajar como Director General Corporativo de Endesa y como Director General de Imagen Corporativa y Marketing Global de Acciona, una de las grandes empresas del Ibex 35.

Para hacerlo todo en España hay que ser Director General y tener bajo control el caudal informativo: el PSOE exigió su salida de RTVE por “manipulación informativa”. José María García cuenta que cambió de la Cadena Ser a Antena 3 por las presiones de don Pío (senior), a quien Aznar terminó cambiándole por Mariano Rajoy al frente de la portavocía. Y hasta hoy. Mariano es presidente del Gobierno y Cabanillas fotógrafo de paisajes, con tres exposiciones individuales y un libro que La Fábrica publica la semana que viene.

Lo ha llamado GEA, como la diosa griega, y viene a ser el testimonio de alguien con posibles que viaja por todo el mundo con su cámara y se deja sorprender por los paisajes más turísticos e imponentes. Es el nuevo portavoz del medio ambiente sin problemas. La naturaleza es la protagonista y la amabilidad el adjetivo.

Arte amable

No hay amenazas, desastres o peligros que pongan en riesgo el entorno. Son postales de un mundo perfecto, casi pintado, un La La Land del paisajismo, ideal para consumir en la chaise longue del salón, con un buen coñac en vaso balón, al calor de la lumbre de la chimenea que pone a tono la casa de la sierra. Pío Cabanillas es el inventor de los fondos de pantalla.

La Fábrica lanzará al mercado casi 2.000 ejemplares, al precio de 45 euros, de un trabajo que no es habitual en la marca editorial (están manos a la obra con libros sobre moda). El paisaje, dicen desde La Fábrica, no está de moda. El libro lo paga la editorial y si no funciona, repartirán daños. Al parecer, la distribuidora estadounidense de la editorial ya ha pedido una buena remesa de ejemplares para colocarlos allá.

De hecho, Magnum se ha puesto en contacto con él para representarle en el mercado norteamericano. Porque el fotógrafo y ex ministro vende. Y mucho. Mucho más que cualquier fotógrafo. Sus visiones, su mirada, su silencio, es un producto perfecto para empresas. La Mutua Madrileña acaba de comprarle tres piezas grandes.

Arte sin contaminar

El primer libro del flequillo más travieso del aznarismo se divide en tres partes: estructura, forma y textura. Introduce un texto del naturalista Alejandro de Humboldt (Consideraciones sobre los diferentes grados de goce que ofrecen el aspecto de la naturaleza y el estudio de sus leyes), pero no es ni un libro científico, ni un diario de viaje. Son postales de un mundo perfecto, en el que no hay huella humana (acaso algún camino al fondo), nada está contaminado, ni rastro de cambio climático. No hay que olvidar que Aznar, y la FAES, es uno de los grandes baluartes del negacionismo climático, porque cree que es una teoría “científicamente cuestionable”, aunque hay “fuertes intereses creados” cuyo objetivo es conseguir que “la realidad científica no se conozca o sea distorsionada”.

El ex ministro y fotógrafo Pío Cabanillas.

El ex ministro y fotógrafo Pío Cabanillas.

Pío Cabanillas ha encontrado en la fotografía y en la naturaleza, la paz que no tuvo en el Congreso de los Diputados. No hay ni rastro del ruido de sus señorías, ni de su palabrería. Todo está en orden, no hay dramas, ni quiere ver problemas, parece Sebastiao Salgado. “No pretendamos ver a un discípulo de Ansel Adams, ni al eslabón perdido del paisaje, pero tiene gusto y criterio. También muchos medios para viajar por todos esos países”, explica el editor del libro Chema Conesa, cuyo resultado describe como sobrio, inteligente y muy cuidado. “No es un artista, pero produce bonitas fotos”.

El ex ministro hace un salto mortal: de la política a la naturaleza, el lugar ingobernable para el hombre, donde su mandato no existe y sus leyes no sirven. En la naturaleza, el político se pierde. Porque ellos son los impulsores de la polis, creada para que los mejores gobiernen, según la versión aristotélica. O donde la comunidad reunida decide su camino, según la platónica.

Artista político

¿Puede un político que se transforma en artista despolitizar el arte? Despolitizada, aproblemática como para entrar a vivir, sin mácula. Esa es la naturaleza que encuentra en sus viajes. Y él dispara y el arte, muere.

A su padre se le adjudica una frase redonda: “A veces la política se complica tanto, que yo ya no sé si soy de los nuestros”. Puede que los avances del mundo digital hayan democratizado el arte, pero no son suficientes para hacer de una expresión inane una expresión artística. Este libro no es un volumen de paisajes, sino de naturalezas muertas.

Cita a Walt Whitman en cada apertura de capítulo: “Si viajas conmigo, encontrarás lo que nunca cansa. La Tierra nunca cansa. La Tierra es basta, silenciosa, incomprensible al principio, No te desanimes, persevera: hay cosas divinas ocultas”. Para llegar a la verdad, hay que querer mirarla y preguntarse por ella. Así lo hace Edward Burtynsky, artista.