Carlos Herrera.
Carlos Herrera, 69 años: "El ejercicio sin dieta no sirve de nada. Yo, si aumento de peso, no tomo alcohol, ni pan ni dulces"
"La tentación de comprarse una talla más es el principio del fin", sostiene el periodista y locutor de radio sobre el aumento de peso.
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A las tres de la mañana, cuando el país aún duerme, Carlos Herrera (69 años) ya está en pie para encarar la rutina implacable de la radio matinal y completar sus habituales 15 kilómetros diarios de caminata.
El comunicador almeriense ha convertido el equilibrio entre la buena mesa (es un reconocido foodie amante del vino y el buen yantar) y el movimiento constante en su sello de identidad. Sin embargo, ni siquiera la disciplina de madrugar y devorar distancias a pie libra al locutor de las embestidas de la báscula tras las épocas de fiesta, verano o festejos.
Herrera no maquilla la realidad cuando la ropa empieza a apretar. En su caso, cuando llegan los kilos de más, nunca opta por resignarse. Tampoco cede ante el cambio de vestuario. No. Lo suyo es tomar medidas drásticas.
"Comprarse una talla más es el principio del fin"
El periodista aplica un freno de mano inmediato en cuanto detecta el primer aviso en la cintura. "Cuando no me abrocha el botón del pantalón, me cabreo mucho conmigo mismo", ha confesado ante los micrófonos de la COPE.
Para el locutor, la autocomplacencia no es una opción: "Con el peso yo me castigo a no caer en la tentación de comprarme una talla mayor, porque si lo haces seguirás expandiéndote. La tentación de comprarse una talla más es el principio del fin".
Ese punto de inflexión suele llegar tras los excesos estivales, justo cuando el calendario aprieta con citas marcadas en rojo como la Feria de Almería. "Si voy, no entro en los pantalones", bromea el comunicador.
Su hijo, Alberto Herrera (34), ratifica esa filosofía familiar al señalar que su padre siempre rehúye los milagros de última hora y la clásica operación bikini: "En junio no puedes ponerte perfecto para julio con ocho kilos de más", sentencia el propio locutor, apostando por la constancia antes que por los atajos imposibles.
Su 'Ramadán' personal: la disciplina
Para reconducir los excesos y regresar a sus dimensiones habituales antes de arrancar el curso, Herrera se recluye en Madrid para someterse a lo que él mismo define con humor como su "Ramadán personal", una cura de choque de 10 a 14 días donde el régimen es categórico: restricción absoluta de "alcohol, pan y dulces".
Durante ese periodo de purificación, los platos calóricos desaparecen de la mesa para dar paso al pescado, al tiempo que quedan desterrados los carbohidratos pesados como el arroz, la pasta y la patata.
"Con eso y con un poco de ejercicio, las dimensiones vuelven a su ser", asegura sobre este plan que, aunque él plantea como una penitencia temporal, coincide con las pautas de alimentación saludable al eliminar azúcares refinados y potenciar las grasas de calidad.
"El ejercicio sin la dieta no sirve de nada"
La experiencia acumulada le ha llevado a estructurar una visión muy clara sobre el cuidado físico a las puertas de los 70 años. Para el periodista, la actividad física y el control en la cocina forman un binomio indivisible donde ninguna parte funciona por separado. "El ejercicio sin la dieta no sirve de nada, y la dieta sin el ejercicio tampoco", asevera con contundencia.
Sin renunciar al disfrute ni al hedonismo que abandera en sus redes sociales, para Herrera, el secreto de su vitalidad no reside en las dietas milagro, sino en saber compensar a tiempo. Un método propio para seguir disfrutando de la vida sin tener que cambiar de armario.