Alejandro Amenábar, en su visita al plató de 'El Hormiguero'.

Alejandro Amenábar, en su visita al plató de 'El Hormiguero'. Atresmedia.

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Alejandro Amenábar (54): "Al principio era inseguro y me daba miedo que no me tomaran en serio. Nunca acabé la carrera"

En su reciente visita a 'El Hormiguero', el director de cine ha recordado que dejó sin terminar sus estudios de Imagen y Sonido en la Complutense.

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Tres décadas después de irrumpir en el cine español como un meteoro, Alejandro Amenábar (54 años) mantiene intacta esa mirada escéptica y curiosa que lo consagró.

Con motivo del 30 aniversario del estreno de Tesis, el icónico filme de terror que se alzó con siete premios Goya y que este año recibirá un pase especial remasterizado en el Festival de Sitges, el cineasta visitó el plató de El Hormiguero para hacer balance de una trayectoria jalonada por los mayores reconocimientos de la industria global.

En su charla con Pablo Motos (61), el director desgranó los claroscuros de sus inicios, recordando el abismo que sintió cuando rodó su ópera prima siendo apenas un estudiante universitario. "En realidad, no acabé la carrera nunca", confesó al rememorar su etapa en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid.

"Al principio me daba miedo que no me tomaran en serio el resto del equipo técnico, era muy inseguro. Era el niñato del equipo, un pardillo", admitió sobre aquellos días en los que, por no tener, no tenía ni un ejemplar del guion a mano: "Perdí el libreto original durante el rodaje y estuvimos días rodando sin él. Luego apareció en un banco de la universidad".

"Vomité el guion de 'Los otros'"

Aquella inseguridad inicial no tardaría en mutar en una intuición narrativa infalible. Al repasar los 25 años de Los otros y los 20 de Mar adentro, el cineasta desveló los entresijos de cómo una producción española terminó conquistando Hollywood con Nicole Kidman al frente y Tom Cruise como productor asociado.

"Yo la historia de Los otros prácticamente la vomité, porque el final lo tenía clarísimo desde un principio y el resto fluyó", explicó sobre la arquitectura de un filme que se construyó enteramente en torno a su desenlace.

"Cuando la enseñé, me convencieron de que el proyecto era más propio del mundo anglosajón. En cuanto la pasamos al inglés, entró Cruise como productor y Nicole como protagonista, cosa que a mí jamás se me habría ocurrido. Con ella al principio no tenía mucha química por la barrera del idioma, pero un día, hablando, surgió la conexión", ha detallado.

Para Amenábar, el peso de un guion radica en sus extremos. "El principio y el final son los más importantes. Hay películas como El Padrino que, con solo ver los primeros minutos, ya sabes que es buena.

Un mal final también puede estropear una gran serie, como ocurrió con Perdidos", reflexionó, admitiendo que en proyectos como Regresión o sus trabajos más recientes encontrar el cierre definitivo fue un auténtico quebradero de cabeza.

El lado 'antiglamur' del Oscar

A sus 54 años, el realizador también hizo gala de una desarmante naturalidad al abordar sus manías y sus fobias más arraigadas. "Fui a ver Tiburón de niño y luego tardé muchísimo en aprender a nadar. Me da muchísimo miedo el agua estancada, los lagos, las piscinas...", reveló entre risas.

Su aversión al peligro contrasta con su extraña relación con el paso del tiempo: "No soy muy de cumpleaños... No celebro los cumpleaños pares. Así me ahorro la crisis del paso de décadas: los 30, los 40, los 50...".

Esa misma sobriedad le ha llevado a protagonizar surrealistas episodios de los que no siempre sale bien parado, como cuando le negaron la entrada a sus propias fiestas en el Festival de Berlín, en los Globos de Oro por olvidar la acreditación o incluso en su propia casa.

"Había una cola de gente, fui a entrar y una chica me dijo que me pusiera a la cola. Le dije que esa era mi casa y me contestó que no, que el dueño de esa casa era Amenábar", bromeó.

Sin embargo, el hito más desopilante de su trayectoria ocurrió apenas 24 horas antes de alzarse con la estatuilla dorada por Mar adentro. "El día anterior a los Oscar tenía una rueda de prensa y empecé a sentirme indispuesto... me estaba cagando, vaya", rememoró por primera vez en televisión.

"Al terminar, me senté para el primer 'canutazo' con Antena 3 y me tuve que levantar a toda velocidad. Nos pilló un atasco tremendo camino al hotel y me quise morir. Menos mal que al día siguiente me dieron el Oscar. El glamur y el antiglamur a veces se dan la mano", dijo.

Frente a los retos del futuro y la sacudida de la inteligencia artificial en la industria del cine, el director se muestra prudente pero abierto al cambio: "Tengo la sensación de que será un cambio radical o no será nada. La IA está aquí para quedarse y lo bueno es saber utilizarla para nuestro beneficio", concluyó.