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La reflexión de Serrat (82) sobre el edadismo: "Me rebelo contra un mundo que identifica a los viejos con falta de capacidad"

"Con raspones, con abolladuras, aún conservo buena parte de mis ilusiones y convivo con mis achaques, con la ayuda de fármacos y prótesis", reivindica.

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A sus 82 años, Joan Manuel Serrat se niega a habitar el rincón invisible al que la sociedad arrincona a quienes acumulan décadas de vida. Sin solemnidades de cartón piedra ni la retórica complaciente del jubilado célebre, el músico catalán ha cargado contra el descarte sistemático de la vejez. Y lo ha hecho alto y claro.

Su diagnóstico no busca la compasión, sino la impugnación de una sociedad que tiende a confundir el desgaste físico con la inutilidad intelectual.

El escenario para este alegato tuvo lugar hace unos meses durante la clausura del congreso ¿Un derecho civil para las personas mayores? Repensar las instituciones atendiendo a necesidades nuevas, celebrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Barcelona.

"Convivo con mis achaques"

Ante un auditorio convocado para auditar las fisuras jurídicas que desamparan a la población senior, el cantautor tomó la palabra para despojar al envejecimiento de tabúes y eufemismos.

"Tengo 82 años, gozo de buena salud y un estado de conservación más que aceptable", arrancó en una intervención difundida por la institución académica los pasados 12 y 13 de marzo.

Lejos de encastillarse en una trinchera melancólica, el artista expuso su propia anatomía como prueba de resistencia: "Acepto el hecho natural de envejecer y los inconvenientes que la naturaleza y el tiempo demoledor me imponen con el paso de los días", sentenció.

"Con raspones, con abolladuras, aún conservo buena parte de mis ilusiones y convivo con mis achaques, con la ayuda de fármacos y prótesis… Me gusta la vida, estar vivo y sentirme útil", añadía.

Esa reivindicación de la utilidad fue el preámbulo para disparar al centro del problema: el prejuicio estructural que invalida, en muchos casos, la experiencia y el paso de los años.

Joan Manuel Serrat

Joan Manuel Serrat David Zorrakino Europa Press

"Me rebelo contra un mundo donde se identifica a los viejos con la falta de capacidad, de talento o de preparación", subrayó con nitidez, señalando la inercia cultural que condena al ostracismo a quien supera determinada barrera cronológica.

Las palabras de Serrat pusieron voz a los debates de unas jornadas centradas en la urgencia de blindar los derechos de un colectivo en expansión demográfica imparable.

Un marco donde el edadismo —definido formalmente por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como la discriminación por motivos de edad— se mantiene como una de las segregaciones más silenciosas y asimiladas del presente.

Frente a ese repliegue forzado, la estampa de un Serrat "magullado" por el tiempo pero intelectualmente intacto opera como un recordatorio punzante: cumplir años no es un proceso de demolición, en absoluto. En todo caso, es una señal de permanencia.