Alicia Tamariz, con su padre, Juan Tamariz, en una imagen de las redes sociales.

Alicia Tamariz, con su padre, Juan Tamariz, en una imagen de las redes sociales. @alicia_tamariz

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"Ser una ramita de tu árbol": la conmovedora carta de Alicia, hija de Juan Tamariz, 4 días después de la muerte del mago

"Has vivido para la felicidad de tantos... Qué suerte la mía haberte tenido tan cerca", destaca la artista musical a través de las redes.

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Cuatro días después del triste fallecimiento de Juan Tamariz, ocurrido el pasado 18 de agosto a los 83 años, el dolor por su partida se transforma en una emotiva declaración de amor filial y admiración artística de una de las personas más próximas a él.

Alicia Tamariz, una de los cuatro hijos del mago, ha publicado una conmovedora carta abierta para despedir y rendir un sentido homenaje a la figura de su padre.

En el texto, firmado cariñosamente con el apodo "Tu Alizuji", la hija del ilusionista repasa con una sensibilidad exquisita la simbiótica relación que el mago mantuvo durante toda su vida con sus inseparables 52 naipes.

Los "dedos tiernos y traviesos" de su padre

"La baraja y tú. Ese instrumento con el que compusiste, haciendo el amor, las más bellas melodías mágicas. Esa sinfonía de cartoncitos encantados", arranca el escrito, en el que describe la mesa de juego como el escenario perfecto para desarrollar su talento.

A través de diversas metáforas, Alicia ensalza la naturalidad de sus manos y de sus "dedos tiernos y traviesos", que "sin florituras y de genuina naturalidad despertaban lo imposible y nos traían al mundo de lo tangible lo milagroso".

Asimismo, resalta la capacidad única de Tamariz para transformar la trampa en poesía. "¡Cuánto Arte hicisteis juntos! Ellas 52 y tú, enamorados mutuamente, flirteando sobre la aterciopelada cama de tapete erótico y elegante que vestía tu mesa de gala siempre dispuesta para la poesía", subraya en su escrito.

"Se siente la devoción corretear entre ellas jugando con tus diez varitas, que acarician el alma, con trampa y con cartón, una trampa benévola, que deja de ser trampa porque es arte, es ilusión", añade.

"Tu labor, tu servicio, tu regalo"

La misiva de Alicia Tamariz es una verdadera oda a la figura de su padre, así como a la de quienes, como él, han dedicado su vida a jugar con la ilusión.

"Cartón que es carta de los dioses para descifrar sus misterios a través de ti. Y esa infinidad de posibilidades", matiza. "Esa atracción sensual que desprenden, en la comunión entre lo cotidiano y lo divino. Una fiesta sagrada. Una orgía en tus manos".

Asimismo, recuerda con enorme cariño uno de los rasgos más singulares y únicos de Juan Tamariz: su alegría. Y su eterna sonrisa: "Y ante nuestros ojos maravillados y nuestros latidos festejados, la sonrisa, siempre la sonrisa boquiabierta (por tus juegos)", prosigue.

Más allá del mago del sombrero verde o morado y el estuche de violín que asombró a generaciones enteras, la carta de Alicia Tamariz pone en valor la faceta más intelectual, humana y generosa del recordado maestro de la cartomagia.

"Quién sonriera más encantado que frente a tu sombrero verde o morado. Una copa llena de Magia, un brindis con lo soñado. Y la profundidad de tu palabra, humor que esconde sutil revolución", ahonda sobre lo que escondía su gracia y su inconfundible ingenio.

"Filosofía que deja huella en cada brinco, en cada grito inesperado que embriaga el escenario y desnuda los teatros para el goce pleno del encuentro con el espectador. Esa, tu labor, tu servicio, tu regalo", continúa el escrito.

"Te echo de menos, papá"

Alicia recuerda el humor cargado de filosofía del mago, así como su pasión incansable por la investigación y la escritura: "Y tu otra pasión; un papel y un bolígrafo de tinta líquida para plasmar tantas genialidades, haciendo el amor con tu escritura".

"Libros, libros, y más libros. Noches de música y renglones. Ideas y más ideas, cuadernos y más cuadernos", rememora sobre las horas dedicadas por su padre al estudio de la magia, concluyendo que para él dicho trabajo era, en esencia, un "juego divino".

El homenaje culmina con un profundo agradecimiento por la labor de un hombre que, según sus palabras, "ha vivido para la felicidad de tantos", antes de dar paso al abrazo íntimo de la despedida familiar.

"Qué suerte la mía haberte tenido tan cerca. Haberte sentido tan cerca. Ser una ramita de tu hermosísimo Árbol. Te echo de menos, papá", concluye el texto, acompañado por un corazón blanco y otro vendado, reflejo del inmenso vacío que deja una de las figuras más queridas e icónicas de nuestra cultura.