La periodista Sara Carbonero, durante su escapada a Ecuador con su pareja.
La escapada de Sara Carbonero a Ecuador con su pareja, Jota, en su verano más difícil tras la muerte de su madre
La periodista también ha pasado unos días en familia, junto a sus hijos, su hermana y sobrinos, en su pueblo de Toledo, Corral de Almaguer.
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Sara Carbonero (42 años) está pasando un verano, como ella misma lo define en uno de sus stories "de aquí pa' allá". La periodista manchega ha encontrado en los viajes una vía de escape, un pasatiempo para no pensar ni recrearse en el dolor.
Este está siendo, sin duda, su verano más difícil y complicado: el primero sin su madre, Goyi Arévalo, que perdió la vida el pasado 12 de abril tras un tiempo aquejada de una delicada salud. Sara, al igual que su hermana y el resto de la familia, lidia con el duelo.
Las primeras veces sin esa persona clave en tu vida son duras de vivir, ella lo está comprobando. Carbonero está pasando este período estival rodeada de familia y de amigos. Especial mención merece su pareja actual, el empresario José Luis Cabrera.
Dos momentos del viaje de Sara Carbonero.
Estas semanas de relax y desconexión las está viviendo entre su pueblo toledano, Corral de Almaguer, y los distintos viajes con amigas y con su pareja sentimental. Hace unos días, la periodista presumía en redes de sus amigas de siempre, las del pueblo.
"Yo solo pido poder repetir esta foto cada verano y seguir teniendo la suerte de decir orgullosa que conservo a mis amigas desde hace 40 años. Fin. Y con ellas una enorme colección de recuerdos, risas y aprendizajes", posteó.
Y después de cenas y paseos y reencuentros bonitos en Corral de Almaguer, Sara ha hecho las maletas y se ha alejado de su país alrededor de 9.000 kilómetros: se ha escapado a Ecuador con su razón de amor, Jota, como lo llama su entorno.
Y allí, Sara se ha fusionado con la naturaleza. También han encontrado ella y su pareja tiempo para la cultura, y han visitado la Casa Museo Guayasamín, en Quito.
Sara no ha dudado en mostrar los rincones que más le han impactado, con especial atención a obras de gran calado como la efigie de Paco de Lucía y la sobrecogedora serie Mujeres llorando, inspirada en el sufrimiento colectivo vivido durante la Guerra Civil.
Ha aprovechado Carbonero para inmortalizarse junto a este mensaje: "Yo lloré porque no tenía zapatos hasta que vi un niño que no tenía pies", uno de los más célebres del museo en homenaje al gran pintor ecuatoriano Oswaldo Guayasamín.
De todas las piezas, una ha logrado calar de forma muy especial en la sensibilidad de Sara: la efigie de Mercedes Sosa.
Aquella obra, que Guayasamín jamás pudo entregar a la intérprete argentina por su repentino fallecimiento, se ha convertido en el escenario perfecto para que Sara fotografíe a Jota.
Como broche a la imagen, añade una canción repleta de significado para su presente: el clásico Todo cambia.
Sea como fuere, la comunicadora está en un proceso de recuperación, de adaptación a una nueva realidad, una nueva vida: esa que hay cuando se va un pilar fundamental como es una madre. Tiene Sara, como es lógico, la emoción a flor de piel.
Un premio clave
Lo demostró el pasado 31 de mayo, cuando recibió la prestigiosa Medalla de Oro de Castilla-La Mancha, el máximo galardón de su tierra. Un premio cargado de simbolismo que llegaba apenas 49 días después del deceso de su progenitora.
"Este premio llega en uno de los momentos más difíciles de mi vida y quizás sea la señal para recordar que siempre hay motivos para seguir. Como el cariño de mi gente y el orgullo de los tuyos. Parte de esta medalla es de los míos", aseguró Sara.
Y añadió: "Es de mis hijos, que no han podido venir. De mi pareja, Jota, que siempre está conmigo, en lo bueno y en lo malo. Es de mi hermana, de mis amigos: Isabel, Jon, de toda la gente que me apoya y me anima, me ayuda a seguir en estos momentos".
La comunicadora y empresaria recibiendo la medalla.
Con la emoción flor de piel, dedicó esta distinción a su madre: "Sin duda el trozo más grande de esta medalla es para ella, es para mi mami".
Y proseguía, rota en lágrimas: "Ella es la responsable de que sea la persona que soy hoy. Me lo dio todo y yo todo lo que hago es por ella".
Asimismo, echó la vista atrás para recordar la suerte de haber crecido con "raíces fuertes" gracias a sus padres y abuelos, evocando con nostalgia sus veranos en Corral de Almaguer, las subidas al tractor, la tradición de los mayos y la "autenticidad" de la vida rural.
El auditorio contuvo el aliento cuando Sara abordó lo que ella misma denominó "un capricho de la vida": la agridulce coincidencia de enterarse de la concesión de la medalla justo cuando su madre atravesaba una grave enfermedad.
"Al saberlo, sonrió", ha revelado, con la voz quebrada por la emoción. En una sincera confesión, ha admitido que el premio llega en un bache personal muy complejo.
Pese a este periodo de luto, se ha conjurado a sí misma bajo una firme premisa: "Siempre hay motivos para seguir".