Donald Trump Jr. y su mujer, Bettina Anderson, acompañados de su padre, el presidente de Estados Unidos Donald Trump.

Donald Trump Jr. y su mujer, Bettina Anderson, acompañados de su padre, el presidente de Estados Unidos Donald Trump. @bettina_anderson

Celebrities ESCÁNDALO EN LA CASA BLANCA

Trump da la cara por su hijo Donald Jr. tras salir a la luz que un aliado de Putin pagó su fiesta de boda: "Le devolvió el dinero"

Según el presidente, su primogénito ha reembolsado ya las cantidades que Umar Kremlev, el magnate vinculado al Kremlin, asumió por partes del enlace.

Más información: Escándalo en la Casa Blanca: un oligarca ruso con vínculos con Putin financió una fiesta de la boda del hijo de Trump

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Dos islas privadas en Bahamas, traslados en helicóptero, partidas de beer pong entre palmeras, sesiones de DJ a pie de playa y un cielo caribeño iluminado por un espectáculo de fuegos artificiales de 70.000 dólares.

Lo que Donald Trump Jr. (48 años) calificó en su pódcast como una fiesta de boda “fantástica e íntima” tras dar el 'sí, quiero' a la modelo Bettina Anderson escondía en la trastienda una factura nupcial total de seis cifras. Una cantidad astronómica que no salió del bolsillo del novio, sino de un magnate ruso vinculado a Vladímir Putin.

Detrás del despliegue caribeño, desarrollado en el mismo escenario donde se rodaron célebres entregas de James Bond, emergió una sombra incómoda: Umar Kremlev, magnate ruso del boxeo, hombre fuerte del deporte bajo el paraguas del Kremlin y acreedor de la Orden de la Amistad otorgada por el presidente de Rusia.

Donald Trump, sobre los pagos: "Está permitido"

Según una investigación del medio ProPublica, Kremlev asumió una porción determinante de los costes a través de una sociedad radicada en Dubái y vinculada a la Asociación Internacional de Boxeo (IBA), entidad que él preside y que cuenta con la financiación del gigante energético estatal ruso Gazprom.

El desembolso incluyó el alquiler de la isla principal, cuyo coste roza los 100.000 dólares por noche, el citado show pirotécnico y la puesta a disposición de su propio personal operativo para coordinar la compleja logística de la fiesta.

El presidente de Estados Unidos no acudió al enlace. Entonces, justificó su ausencia en la gestión de la crisis con Irán.

"Si bien deseaba mucho estar con mi hijo, Don Jr., y con la nueva integrante de la familia Trump, su futura esposa, Bettina, las circunstancias relacionadas con el gobierno y mi amor por los Estados Unidos de América no me lo permiten", escribió en Truth Social.

Ahora, cuando la información de quién pagó las facturas del 'sí, quiero' de su hijo ha salido a la luz, Donald Trump se ha visto obligado a frenar el escándalo desde el Despacho Oval.

En un intento de restar gravedad al asunto, el mandatario aseguró a la prensa el pasado viernes, 18 de septiembre, que su primogénito ya ha resuelto la transacción: “Según tengo entendido, le devolvió el dinero”.

Trump restó trascendencia a la financiación externa del casamiento argumentando que es común que un allegado sufrague una celebración. “Está totalmente permitido”, subrayó, tal y como recoge la CNN ante las preguntas sobre la idoneidad del polémico mecenas.

Además, apostilló con ironía que su hijo probablemente “no hizo una verificación de antecedentes”.

Donald Trump Jr., el día de su boda con Bettina Anderson.

Donald Trump Jr., el día de su boda con Bettina Anderson. @donaldtrumpjr

Un séquito ruso en el Caribe

La fiesta reunió apenas a un medio centenar de invitados. Entre la comitiva destacaban figuras centrales del clan familiar como Eric Trump y Jared Kushner, mezclados con socios de negocios.

Pero también estuvo presente el propio Kremlev, flanqueado por un grupo de ciudadanos rusos que, según asistentes citados por la investigación, se mantuvieron marcando distancias con el resto del pasaje.

Esa presencia fue deliberadamente omitida en las narraciones públicas del enlace y en las galerías de imágenes difundidas por la familia. Solo la instantánea subida a Instagram por una amiga de la novia dejó constancia del magnate, al que se aprecia al fondo del encuadre.

Ante la controversia, el portavoz de Trump Jr. no ha desmentido la aportación económica de Kremlev, pero ha calificado al oligarca como un “amigo personal” con quien comparte afición por las cacerías y el boxeo. La misma versión que han dejado caer desde el entorno del empresario ruso.

Días después, en un comunicado conjunto en la red social de Anderson, la pareja defendió el regalo de dos noches de fiesta adicionales tras la ceremonia formal: “La amistad no requiere un motivo político. Y a veces, un regalo de bodas es simplemente un regalo de bodas”.

Donald Trump Jr., con su prometida,

Donald Trump Jr., con su prometida, GTRES GTRES

La geopolítica del favor

Sin embargo, tan llamativa camaradería tropieza con el análisis de los expertos en inteligencia. Para las agencias estadounidenses, que llevan más de una década vigilando las maniobras de captación e influencia de Moscú en los círculos de poder de Washington, los desembolsos de gran calibre a perfiles con proyección pública jamás son inocuos.

Si pago tu boda, tarde o temprano me deberás algo”, sintetizó un exagente de contrainteligencia a ProPublica.

En ese sentido, la figura de Trump Jr. no es secundaria: posee un patrimonio de unos 300 millones de dólares y ejerce un peso político creciente en el diseño de la Administración republicana. Ha sido una pieza decisiva en la elección de JD Vance para la vicepresidencia.

Apenas un mes antes de aterrizar en las Bahamas para el festejo, Kremlev había recibido el reconocimiento de Putin por su contribución a las relaciones internacionales. El contraste entre la holgura financiera del novio y la aceptación del mecenazgo de un oligarca estrechamente ligado a la inteligencia de su país abre interrogantes sobre la permeabilidad del entorno presidencial.

Entretanto, desde el aparato de justicia de la Administración la consigna es el distanciamiento. Preguntado sobre si la fiscalía se plantea indagar en los flujos financieros de la boda, el fiscal general Todd Blanche ha zanjado el debate de manera contundente. La Casa Blanca “no sabe quién es esta persona” y no hay materia que indagar. “Cuando dices: '¿Estoy investigando?', ¿qué se supone que estoy investigando?”.