Raffaela, posando para los fotógrafos en Sanremo, en 2017. Gtres
Gian Luca, el hijo que Raffaella Carrà adoptó en secreto, crea una fundación con su fortuna para ayudar a los desfavorecidos
La artista tomó la decisión de nombrar a su vástago heredero universal y encomendarle la creación de esta oenegé a los pocos días de ser diagnosticada.
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Fue el pasado mes de marzo cuando se hizo público que Raffaella Carrà, fallecida en junio de 2021, había adoptado un hijo, llamado Gian Luca Pelloni Bulzoni, tras ser diagnosticada de cáncer. Este vástago, además, ha sido nombrado recientemente como su heredero universal.
Nada se conocía de la existencia de este hijo legítimo hasta que un tribunal de Roma lo decretó como tal hace unos meses. Entonces, se aseguró que esta condición le otorgaba la titularidad exclusiva de su patrimonio, así como de sus derechos de imagen y de autor de sus obras.
Ahora, se ha hecho público que Gian Luca ha creado una fundación en Italia, como era el deseo de la intérprete de Caliente, caliente, para ayudar a los más desfavorecidos con la fortuna que dejó la Carrà.
Gian Luca fue durante décadas mucho más que el secretario de Raffaella. A su lado, en la intimidad y en el trabajo, ejerció como colaborador imprescindible, confidente y compañero sentimental en una relación tan discreta que solo salió a la luz cuando la artista falleció.
Raffaella junto a su hijo adoptivo, Gian Luca, en una imagen captada en 2016. Gtres
Era el hombre que resolvía, acompañaba y sostenía, la presencia que controlaba el ritmo frenético y la enorme entrega profesional de la diva italiana.
Ahora, ese mismo hombre ha dado un paso al frente para presentar en Italia la Fundación Raffaella Carrà, una entidad solidaria creada con la fortuna que la artista le dejó en herencia y destinada a apoyar a jóvenes vulnerables.
Es, en cierto modo, la última gran obra de una mujer que convirtió la generosidad en una forma de vida.
"La vida fue generosa con ella y quería devolver algo a los menos afortunados", ha explicado recientemente Gian Luca, en unas declaraciones que ha recogido este miércoles, 1 de julio, la revista Lecturas.
La decisión de nombrarlo heredero universal y encomendarle la creación de la fundación llegó en un momento crítico. Apenas unos días después de recibir el diagnóstico de cáncer, Raffaella tomó las riendas de su futuro con la misma determinación que había guiado su carrera.
"Me quedé atónito cuando nos dijeron que tenía cáncer. Al día siguiente, empezó a redactar su testamento", recuerda Gian Luca en la rueda de prensa de presentación.
La artista sabía exactamente qué debía hacerse y quién debía hacerlo. "Conoces perfectamente mi rutina, mi forma de pensar y todo lo que he hecho durante estos años", le dijo, confiándole no solo su patrimonio, sino también su misión.
Él, desconcertado, intentó ganar tiempo: "Tengo que pensármelo". Raffaella, fiel a su humor afilado, le respondió con una frase que hoy él repite con una mezcla de ternura y dolor: "Vale, te doy todo el tiempo que quieras, siempre y cuando me respondas enseguida".
La artista en una imagen de archivo. Gtres
La enfermedad avanzaba y no había margen para la indecisión. La fundación nace con el propósito de continuar las obras de caridad que Raffaella llevaba a cabo desde siempre, casi siempre en secreto.
Gian Luca desvela ahora una faceta desconocida para el gran público: "Hacía muchísimas actividades benéficas, de forma anónima. Ayudaba a cualquiera que estuviera en apuros y también había adoptado a muchos niños, en Perú y en Guatemala. Era muy humilde y discreta".
"Ayudaba a los demás sin hacer ruido, no le gustaba que se supiera lo que hacía", ha agregado. Esa discreción, que contrastaba con el brillo de su vida pública, definía también su manera de relacionarse con el mundo. Rehuía fiestas, alfombras rojas y grandes celebraciones.
Sus aficiones eran sencillas y profundamente humanas: "Organizar cenas en casa, compartir tiempo con las personas a las que quería y pasar la velada jugando a las cartas", recuerda Gian Luca, evocando una intimidad cálida y doméstica que pocos conocían.
La presentación de la Fundación Raffaella Carrà ha contado con el respaldo explícito de la familia de la artista. Su sobrino, Matteo Pelloni, ha confirmado públicamente que Gian Luca es la persona adecuada para liderar el proyecto.
"Gian Luca es la única persona capaz de cumplir los deseos de mi tía. Yo tengo mi trabajo, me dedico a otras cosas, no sabría por dónde empezar. Él, en cambio, contaba con su total confianza y cuenta con la mía", ha sostenido el joven.
Sea como fuere, Gian Luca, que durante años permaneció en la sombra por respeto a la privacidad de la artista, se convierte ahora en el custodio de su última voluntad.
Quién es Gian Luca
La Carrà, en una instantánea tomada en Roma, en 2017. Gtres
El heredero de Raffaella Carrà se llama Gian Luca Pelloni Bulzoni, tiene 60 años, nació en Ferrara en 1964 y reside en Roma.
Es propietario y director de la editorial musical Arcoiris Edizioni Musicali, y acompañó a Raffaella durante décadas en la trastienda de su carrera. Entre otras funciones, este hombre gestionó contratos, repertorios y derechos, y estuvo a su lado hasta sus últimos días.
La orden judicial hace constar que su relación con Carrà fue más allá del plano profesional, hasta el punto de que ella decidió legalmente adoptarlo y convertirlo en su único heredero.
Ese movimiento, que se mantuvo en estricta reserva, encaja con el carácter celoso de su intimidad que siempre mostró la estrella.
Mientras su vida pública se desplegaba sin filtros ante las cámaras, su esfera privada quedaba reducida a muy pocos nombres.
Ella misma había mencionado en entrevistas la cercanía con sus sobrinos Matteo y Federica Pelloni, hijos de su hermano fallecido, pero nunca desveló que hubiese adoptado a Gian Luca.
La orden de Roma despeja la incógnita sobre quién custodiaría su legado creativo y económico, una cuestión sobre la que se había especulado desde 2021.