El príncipe Eduardo y su esposa, Sofía, en una imagen captada en 2025 en Kathmandu. Gtres
El príncipe Eduardo y Sofía, desplazados de Wood Farm en Semana Santa: el expríncipe Andrés se ha negado a irse
Cada período vacacional, el duque y su esposa reservan la granja. Este año han tenido que modificar su hoja de ruta y quedarse en Gardens House.
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La tradicional tranquilidad de la finca de Sandringham, uno de los enclaves más emblemáticos de la monarquía británica, se ha visto alterada esta Semana Santa por un episodio tan insólito como revelador del momento que atraviesa la Familia Real británica.
El príncipe Eduardo (62 años), duque de Edimburgo, y su esposa, Sofía (61), se han visto obligados a modificar sus planes vacacionales después de que el expríncipe Andrés se haya negado a abandonar Wood Farm, la residencia que los Edimburgo utilizan para su descanso anual.
El incidente, que podría parecer anecdótico, ha puesto de manifiesto las tensiones internas derivadas del prolongado exilio de Andrés en Norfolk, así como las dificultades logísticas que su situación está generando dentro de la propia institución.
El príncipe Eduardo y Sofía, en una instantánea de archivo. Gtres
Cada Semana Santa, Eduardo y Sofía reservan Wood Farm, una casa de campo situada en los terrenos de Sandringham y conocida por haber sido uno de los refugios favoritos de la reina Isabel II.
Sin embargo, este año se han encontrado con un obstáculo inesperado: Andrés, instalado allí de manera temporal mientras se prepara su traslado definitivo a Marsh Farm, se ha negado a abandonar la propiedad.
Ante la imposibilidad de acceder a su alojamiento habitual, los duques de Edimburgo han tenido que conformarse con Gardens House, una vivienda de ocho habitaciones situada a unos 300 metros de la residencia principal de Sandringham.
Aunque se trata de una casa amplia y confortable, su uso habitual como alquiler vacacional -con tarifas que pueden alcanzar las 4.110 libras por semana en temporada alta- subraya el carácter improvisado de la solución.
Una fuente citada por The Sun resumía la situación con ironía: "Andrés fue desalojado de Royal Lodge en Windsor, pero ahora tiene dos viviendas a su disposición. Va y viene entre Wood Farm y Marsh Farm. Hay que solucionarlo, porque a Eduardo y a Sofía les gusta usar Wood Farm".
La presencia de Andrés en Norfolk no es casual. Tras su expulsión de Royal Lodge en febrero, consecuencia directa de sus vínculos con el financiero estadounidense Jeffrey Epstein, el Príncipe ha mantenido un perfil extremadamente bajo.
Los duques de Edimburgo.
Su caída en desgracia -que incluyó la pérdida de sus funciones públicas y de su tratamiento de Su Alteza Real- ha dejado a la Casa Real en una posición incómoda, obligada a gestionar su reubicación sin provocar un escándalo mayor.
Wood Farm se convirtió así en su refugio provisional, un lugar discreto donde permanecer mientras se acondiciona Marsh Farm, la finca contigua que será su residencia definitiva.
Sin embargo, las obras en esta última se han prolongado más de lo previsto, y Andrés parece haberse acomodado a la vida en Wood Farm, retrasando su salida pese a las necesidades del resto de la familia.
Eduardo se ha convertido recientemente en el primer miembro de la realeza en visitarlo desde que comenzó su exilio en Norfolk hace dos meses.
Según fuentes cercanas, ambos mantuvieron una "conversación discreta" en la que el duque de Edimburgo habría intentado persuadir a Andrés de acelerar su mudanza. Sin éxito, a juzgar por los acontecimientos posteriores.
Mientras tanto, Marsh Farm continúa en plena transformación. Obreros han trabajado sin descanso para preparar la propiedad.
En las últimas semanas, cientos de cajas con sus pertenencias han sido entregadas en la finca, lo que sugiere que la mudanza es inminente… aunque no lo suficiente como para liberar Wood Farm a tiempo para la llegada de Eduardo y Sofía.
Andrés ha sido visto recientemente en Marsh Farm reuniéndose con el administrador de la finca de Sandringham, Edward Parsons, supervisando los avances.
El expríncipe Andrés. Gtres
Sin embargo, pese a estas visitas, continúa pasando la mayor parte del tiempo en Wood Farm, lo que ha generado cierta frustración dentro del entorno real.
La situación se vio aún más alterada el jueves de Semana Santa, cuando dos personas intentaron trepar la valla de Marsh Farm para asomarse al interior de la propiedad.
Las imágenes mostraban a un hombre y una niña encaramados a la verja de 1,80 metros, aparentemente curiosos por ver la futura residencia del Príncipe.
La seguridad actuó con rapidez y la pareja abandonó el lugar sin incidentes, pero el episodio reavivó las preocupaciones sobre la protección de Andrés en su nueva ubicación.
Este incidente, aunque menor, subraya la vulnerabilidad del Príncipe en su actual situación: apartado de la vida pública, pero aún objeto de atención mediática y curiosidad pública.
Mientras el resto de la Familia Real asistía al tradicional servicio religioso de Pascua en Windsor, Andrés permaneció en Norfolk, reforzando la imagen de aislamiento que ha marcado su vida en los últimos meses.
Su ausencia no pasó desapercibida, pero tampoco sorprendió: desde su arresto bajo sospecha de mala conducta en un cargo público el día de su 66 cumpleaños, el 19 de febrero, el Príncipe ha evitado cualquier aparición pública.