Carlos Sobera, en 2023

Carlos Sobera, en 2023 Jesús Briones GTRES

Corazón

Carlos Sobera, 66 años, sobre sus estudios: "Hice Derecho y rechacé ser juez en el País Vasco. Era peligroso y no quería"

El conocido presentador relata el dramático motivo que le empujó a dejar su carrera en la judicatura.

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Es uno de los rostros más familiares y queridos de la pequeña pantalla en España. A sus 66 años, el de Barakaldo se ha consolidado como un indiscutible peso pesado del entretenimiento gracias a su carisma en formatos de éxito como First Dates o Supervivientes.

Sin embargo, detrás de su característica sonrisa y su icónico arqueo de ceja, se esconde un pasado académico brillante y una decisión vital impulsada por el instinto de supervivencia que cambió su destino para siempre.

Mucho antes de que los focos y los guiones formaran parte de su rutina diaria, el rumbo profesional de Carlos Sobera apuntaba directamente a los tribunales.

Tal y como ha revelado en diversas entrevistas, el presentador vasco es licenciado en Derecho por la prestigiosa Universidad de Deusto.

"La idea de estudiar Derecho me resultaba atractiva. He sido muy pragmático toda mi vida", reconocía al repasar sus inicios.

Durante su etapa universitaria, Sobera demostró ser un estudiante destacado, hasta el punto de plantearse seriamente opositar para juez.

Las aptitudes las tenía y la oportunidad no tardó en llamar a su puerta: solicitó una beca al Gobierno vasco para acceder a la judicatura y, de hecho, logró ganarla.

Pero fue en ese preciso instante de éxito académico cuando la cruda realidad política y social de Euskadi en los años 90 frenó sus aspiraciones en seco.

"Cuando estudié derecho, pedí una beca para ser juez al Gobierno Vasco. Lo rechacé, no quería ser un héroe", confesó de forma tajante el comunicador.

En aquel momento, la figura de los magistrados en el País Vasco estaba en la diana de la banda terrorista ETA.

Aceptar la beca implicaba, por imperativo legal, pedir destino en territorio vasco.

"Por un lado, pensé que si me presentaba y la ganaba era un desastre porque no lo quería. Y después, lo peligroso que era entonces", reflexionaba Sobera echando la vista atrás.

El terrorismo no fue para él una amenaza abstracta; le tocó vivir de cerca sus letales consecuencias.

Como ha recordado en varias ocasiones, el asesinato del juez José María Lidón, quien fue su profesor en la Facultad de Deusto, supuso un golpe devastador.

ETA acribilló al magistrado en el garaje de su casa, un suceso atroz que le hizo replantearse su futuro.

"Cuando conoces a alguien que se lo cargan por tener un cargo público, te preguntas: '¿dónde estoy viviendo?'", relató en televisión.

Lejos de vestir la toga, Sobera decidió refugiarse temporalmente en la docencia.

Entre 1987 y 1997, impartió clases de Derecho de la Publicidad en la Universidad del País Vasco (UPV).

Sin embargo, tampoco fue un camino de rosas. La universidad era entonces "un espacio de confrontación" donde se vivían "amenazas y pintadas", según relató el propio presentador a Bertín Osborne en el programa Mi casa es la tuya.

Los inicios profesionales de Carlos Sobera

Para evadirse, el comunicador llevaba años cultivando una "doble vida". Mientras ejercía de profesor, su verdadera vocación crecía fundando grupos de teatro y haciendo sus primeros pinitos como guionista y presentador en la cadena autonómica ETB.

"Sencillamente, me faltaba vocación de jurista", explicó en el Diario de Pontevedra. Al borde de los 35 años, decidió dejar atrás el miedo, las leyes y las aulas para mudarse a Madrid y apostar sin red por la interpretación.

A pesar de que la fama masiva no llamó a su puerta hasta rozar los 40 años con ¿Quién quiere ser millonario?, esa madurez le ayudó a gestionar su arrolladora popularidad.

El resto es historia viva de nuestra televisión, aquel joven estudiante que renunció a la magistratura para no convertirse en un héroe trágico, acabó conquistando a millones de espectadores cada noche, demostrando que los giros más inesperados son los que nos conducen a nuestro verdadero lugar en el mundo.