Cala Ametller, en Sant Feliu de Guíxols (Gerona).

Cala Ametller, en Sant Feliu de Guíxols (Gerona).

Corazón PUEBLOS

El pueblo español ideal para una escapada: monasterio del siglo X, 22.500 habitantes y 11 kilómetros de costas rocosas

Este destino combina su pasado medieval con una costa abrupta que ha servido de refugio a grandes figuras, como la baronesa Thyssen.

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En el corazón de la Costa Brava se alza Sant Feliu de Guíxols, un municipio portuario de 22.500 habitantes que se consolida como el destino perfecto para una escapada de fin de semana.

La localidad ha vuelto a situarse en el foco mediático tras conocerse la noticia del reciente ingreso hospitalario a causa de una neumonía de Carmen Cervera (83 años).

La baronesa Thyssen mantiene un fortísimo vínculo con esta villa marinera, donde posee Mas Mañanas, su espectacular e histórica residencia estival de superlujo, un oasis rodeado de naturaleza frente al Mediterráneo que refleja el idilio de la aristocracia con este paisaje.

Más allá del interés que despiertan sus ilustres vecinos, esta hermosa localidad brilla con luz propia gracias a un catálogo turístico y cultural que atrae a visitantes durante todo el año, desmarcándose de los típicos pueblos estacionales de costa.

Ruinas del Monasterio de Sant Feliu de Guíxols.

Ruinas del Monasterio de Sant Feliu de Guíxols. iStock

Un viaje al siglo X

El gran tesoro monumental del municipio es el Monasterio benedictino de Sant Feliu de Guíxols, un imponente conjunto fortificado cuyos orígenes se remontan al siglo X.

Este complejo arquitectónico es una verdadera lección de historia en piedra, donde destaca de manera unánime la Porta Ferrada, una emblemática fachada románica porticada que constituye una pieza única en el patrimonio europeo.

El pasado cultural de la villa se complementa con su herencia indiana y modernista; paseando por sus avenidas principales se pueden contemplar palacetes de finales del siglo XIX y el llamativo Casino la Constància, un edificio de inspiración árabe que evoca la época de esplendor de la industria del corcho.

Sant Feliu de Guíxols.

Sant Feliu de Guíxols. Nicolas Marqui (Pexels).

Un litoral salvaje esculpido en roca

En el plano puramente natural, el término municipal atesora un relieve litoral abrupto donde la montaña de pinos se hunde directamente en el mar.

Con un litoral que se extiende a lo largo de unos 11 kilómetros de costa, Sant Feliu cuenta con más de 10 calas y playas de perfil rocoso y salvaje, caracterizadas por sus aguas cristalinas y ricos fondos marinos protegidos por praderas de posidonia.

Este tramo combina grandes playas urbanas de arena fina, como la playa principal de Sant Feliu y la playa de Sant Pol, con acantilados de roca granítica y más de una decena de calas escondidas y salvajes que perfilan su abrupto paisaje costero en el corazón de la Costa Brava.

Para los amantes del senderismo, el municipio ofrece tramos espectaculares del Camino de Ronda, que serpentea por el perfil de la costa uniendo acantilados y playas familiares como la de Sant Pol, famosa por sus icónicas casetas de baño de madera de colores.

Sant Feliu de Guixols, en la Costa Brava.

Sant Feliu de Guixols, en la Costa Brava. iStock

Es precisamente desde uno de estos imponentes miradores naturales, junto a la Ermita de Sant Elm, donde a principios del siglo XX se acuñó oficialmente por primera vez el término Costa Brava para describir este indomable paisaje gerundense, consolidando a Sant Feliu de Guíxols como la cuna y el punto de partida idóneo para perderse en el litoral catalán.

Quienes buscan rincones más discretos encuentran refugio en pequeñas calas como Cala Maset, Cala Jonca o Cala Ametller, ideales para practicar esnórquel gracias a la transparencia del agua.

Además, el municipio presume de uno de los tramos más espectaculares del Camí de Ronda, el sendero litoral que conecta Sant Pol con S’Agaró entre acantilados, vegetación mediterránea y villas residenciales decimonónicas.

Para los amantes de la aventura, la experiencia alcanza otro nivel en la Vía Ferrata de Cala del Molí, la única de Europa que discurre directamente sobre el mar. Allí, las olas rompen bajo los pies de quienes recorren sus paredes metálicas suspendidas sobre el Mediterráneo.

La identidad de Sant Feliu también se entiende a través de su pasado industrial ligado al corcho, una actividad que enriqueció a la burguesía local en el siglo XIX y dejó edificios modernistas y noucentistas que todavía hoy aportan elegancia al municipio.

Todo ello se completa con una gastronomía profundamente marinera, donde destacan platos como el tradicional suquet de peix y propuestas populares como la ruta de tapas Ganxotapes, reflejo de una localidad que ha sabido conservar su esencia frente al turismo masivo.