El refugio de Sonsoles Ónega en un pueblo de Lugo

El refugio de Sonsoles Ónega en un pueblo de Lugo

Corazón

El refugio de Sonsoles Ónega (48 años) en un pueblo de Lugo: una pequeña aldea de 200 habitantes con casas de piedra

La presentadora de Atresmedia desonecta cada verano en este pueblo donde mantiene sus raíces familiares. 

Más información: El pueblo español donde desconecta cada verano Sara Carbonero: 5.000 habitantes, cuna del Quijote y a 1 hora de Madrid.

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En el corazón más verde de Lugo hay un pequeño pueblo donde Sonsoles Ónega vuelve a ser simplemente Sonsoles: hija, nieta y vecina.

Mosteiro, capital del concello de Pol, es esa aldea de poco más de 200 habitantes donde la presentadora ancla sus raíces gallegas y desconecta del plató, las audiencias y el foco mediático.

En Mosteiro el tiempo no se mide en bloques de publicidad, sino en misas, fiestas patronales y regresos de los que un día se marcharon.

El núcleo, compacto y tranquilo, se organiza alrededor de la casa consistorial, la iglesia y unas pocas calles con nombres tan elocuentes como Rúa do Emigrante, Emilia Pardo Bazán o Rosalía de Castro, un guiño constante a la Galicia que escribe y que recuerda.

Allí, entre carballeiras y prados que huelen a hierba húmeda, se levanta la casa familiar de los Ónega, la vivienda de piedra de sus abuelos que la periodista mira como una asignatura pendiente, rehabilitarla algún día y devolverle la vida que tuvo.

Porque, aunque nació en Madrid, el mapa sentimental de Sonsoles se dibuja en este rincón de A Chaira lucense donde también vino al mundo su padre, Fernando Ónega.

Fue él quien le enseñó a amar este pueblo mínimo que no llega a los 1,5 kilómetros cuadrados, perdido en un mar de robles y fincas y atravesado por el murmullo del río Azúmara.

Aquí pasó veranos enternos, corriendo por los caminos de tierra, entrando y saliendo de las casas sin llamar, aprendiendo que la vida va mucho más despacio que en la redacción de un informativo.

El verano en Mosteiro tiene su propio guion, muy distinto al de los destinos de moda. No hay beach clubs ni restaurantes con lista de espera, sino mesas corridas bajo las carballeiras, pulpo, empanada y orquestas sonando hasta tarde.

La Festa do Emigrante, cada 24 de agosto, es el gran momento del año porque regresan los hijos que viven fuera, aumentan las luces encendidas en las casas y la plaza de Galicia se convierte en un pequeño plató improvisado donde todos se conocen y se saludan por su nombre.

En ese contexto, no es extraño que Sonsoles haya confesado en más de una ocasión que sueña con retirarse algún día en este lugar, lejos del ruido pero cerca de los suyos.

Iglesia parroquial de Mosteiro ( Pol)

Iglesia parroquial de Mosteiro ( Pol)

Mosteiro le ofrece algo que ninguna gran ciudad puede darle: anonimato relativo, paseos sin prisa por la Avenida do Río Azúmara, cafés largos con vecinos que la han visto crecer y que la siguen tratando como "a filla de Fernando".

Mientras su carrera se dispara y encadena proyectos en televisión, este pueblo diminuto de Lugo se mantiene casi igual. 

Unas cifras de población que apenas superan los 200 habitantes, una demografía envejecida y una rutina que parece inmune a las modas.

Paradójicamente, esa inmovilidad es precisamente lo que más atrae a la presentadora y lo que convierte a Mosteiro en un filón silencioso para el lector curioso, el pueblo donde Sonsoles Ónega recuerda quién es, cuando se apagan los focos.