Madrid sigue ampliando su mapa gastronómico con propuestas que apuestan por los proyectos con identidad propia.
Chamberí, La Latina y Lavapiés suman tres nuevas direcciones que vienen haciendo ruido y más que harán. Querido Martínez, Lava y Martha. son las primeras veces de varios grupos de amigos que han visto en la hostelería su refugio, con el afán de dejar huella con apuestas nada rebuscadas.
En Chamberí ha abierto sus puertas Querido Martínez, el proyecto de los argentinos Federico Morano, Juan Manuel Pons Lezica y Leandro Eiroa, tres amigos que crecieron juntos en el barrio bonaerense de Martínez y que han convertido esa historia compartida en el alma de su primer restaurante.
El nombre nace de una curiosa coincidencia: el local se encuentra junto a Alonso Martínez, un vínculo que terminó por dar forma a un concepto donde la hospitalidad argentina ocupa un lugar central.
Más que un restaurante de inspiración argentina, Querido Martínez busca recrear la sensación de entrar en el salón de casa. La propuesta gira en torno a tres pilares: una cocina pensada para compartir, una cuidada selección de vinos y un ambiente cálido que invita a alargar la sobremesa. El vino, de hecho, es el hilo conductor del proyecto.
Este wine bar cuenta con 40 referencias internacionales, compuesta por vinos de pequeños productores de países como Argentina, España, Francia, Italia, Alemania, Chile o Australia.
En la cocina conviven recetas ligadas a la memoria familiar con guiños internacionales. Entre los platos destacan la milanesa con puré de patata, la entraña con papas provenzal y chimichurri, los paccheri al pomodoro, el pulpo a la gallega reinterpretado o las ya populares patatas brasiáticas con salsa de kimchi y jengibre. Para el final, clásicos como la tarta de queso o la mousse de chocolate completan una propuesta concebida para compartir.
Las patatas brasiáticas de Querido Martínez.
El espacio, diseñado por el estudio Bienal, combina una estética minimalista con materiales cálidos, iluminación tenue, flores frescas, velas y una distribución que alterna mesas, sillones, taburetes y una amplia barra.
Además de su propuesta gastronómica, Querido Martínez aspira a convertirse en un punto de encuentro cultural con programación de música en directo, presentaciones y talleres.
Casi escondida en una pequeña esquina de La Latina, la chef Alice Reydet acaba de inaugurar Lava. Nacida en Annecy, en los Alpes franceses, y criada durante buena parte de su infancia y adolescencia en Madrid, ha pasado por algunas de las cocinas más prestigiosas de Europa, como El Celler de Can Roca, Septime o el restaurante que Alain Ducasse dirigió en el Plaza Athénée de París.
La entrada de Lava desde su terraza.
Hace dos años se dio a conocer en Madrid con la apertura de TonTon, y hace tres semanas iniciaba una nueva etapa con Lava, un restaurante que representa un proyecto plenamente personal y con el que busca desarrollar una propuesta propia tras una experiencia que, según ha explicado la cocinera, fue determinante para su crecimiento profesional, aunque nunca llegó a formar parte de la sociedad del anterior negocio.
"Quiero hacer algo que me guste y sentirme libre" contaba Reydot desde la terraza que atiende en la que aún se puede encontrar sitio y que, si no fuera por las altas temperaturas, estaría más ocupada: "Me ha caído el cielo", confesaba sobre el local, antes ocupado por otra taberna.
Su carta, compuesta por platos sencillos pensados para compartir, como su tartar tonnato y su salpicón de pulpo, irá evolucionando semana a semana, como apunta Reydot. A esto se suma una selección de vinos de proyectos singulares y pequeños que se pueden descubrir por copa y otras bebidas como su frozen paloma.
El salpicón de pulpo de Lava.
La incorporación más reciente es Martha, una taberna contemporánea que apuesta por un concepto desenfadado regentada por una "familia deconstruida".
Pablo Vande Rusten y Mateo Rusconi, hermanos, y Stefano Mascardi, primo de ambos, han querido rendir homenaje a su abuela, Martha. Y a la aventura se ha sumado junto a Alan Schvartzman, amigo y un quinto socio, Juan Ignacio Brom.
Por eso su cocina, en manos de Paul Capra, quien pasó por ABaC, rescata esas recetas que les devuelven al hogar, sencillas y ricas, nada más. De ahí que no falte una "milanesa con noodles".
Pero la barra también es un buen rincón para pasar un buen rato con sus chacinas y laterío, y alguno de sus vinos.
El trío, a pesar de no traer un vínculo cercano con la hostelería, ha juntado sus pasiones y buscan equilibrar la herencia familiar con la exigencia de la cocina contemporánea.
El establecimiento cuenta con una identidad propia a la que el Codoo Studio le ha sacado mucho jugo y pretende consolidarse como uno de los nuevos puntos de encuentro en Lavapiés.
El espacio que ocupa Martha, nuevo en Lavapiés.
El espacio de la barra, al que se suman paralelas unas cuantas mesas, conduce a otra sala con más mesas y un rincón hi-fi dedicado a la música, cosa de Mateo y Steffano, "somos músicos y productores", explica el último.
"El sonido e instalación fue realizado y diseñado de la mano de New Fidelity, una empresa de Alemania", cuenta Steffano, y "nuestro mixer es de Varia Instruments", añade.
Para darle buen uso, han diseñado un programa de actividades que irán compartiendo. Tanto ese como el tercer módulo del local están llamados a ser el place to be para la organización de eventos, incluso cumpleaños con menús cerrados a partir de 25€ (sin incluir bebidas).
