Dr. Gerardo Conesa.
Los expertos advierten: “En una crisis de este tipo a partir de los 40 años hay que descartar que sea un tumor cerebral”
Los avances diagnósticos, quirúrgicos y terapéuticos permiten abordar cada tumor de forma precisa y personalizada.
Un diagnóstico de tumor cerebral supone un cambio radical, tanto en la vida de quien lo recibe como la de su entorno.
José Luis Martín, que trabaja como paracaidista, padeció una crisis epiléptica durante un salto que activó todas las alarmas. En una revisión posterior, le detectaron un oligodendroglioma, un tipo de tumor cerebral poco frecuente.
“La parte más dura fue contárselo a mi hermana. Pero yo creo que en este tipo de operaciones es muy importante estar arropado y mi familia desde el inicio tuvo muy claro que todo iba a salir bien”, cuenta José Luis.
En casos como el de José Luis, hay un detonante que lleva hasta el diagnóstico.
“En una crisis epiléptica a partir de los 40 años en alguien que no ha tenido nunca una crisis hay que hacer una resonancia magnética e intentar descartar que tenga un tumor”, explica el doctor Gerardo Conesa, especialista en Neurocirugía y director del Instituto de Neurociencias Teknon, en Barcelona.
En otras ocasiones, el diagnóstico puede ser fortuito. Como le ocurrió a otro paciente, el músico Carlos del Amo. “Yo me iba a Nueva York a dar conciertos. Antes me hice todas las pruebas posibles y me dijeron que tenía un tumor cerebral”.
Tratamiento personalizado
Pero el término ‘tumor cerebral’ no permite conocer cuál será la evolución de cada paciente. Bajo esta definición se agrupa una gran variedad de enfermedades, con características, grados de agresividad y tratamientos muy diferentes.
Dr. Gerardo Conesa.
“Habría que distinguir los tumores cerebrales secundarios, que son lo que conocemos como metástasis cerebrales, que vienen de otros cánceres del cuerpo que se diseminan y que llegan al cerebro, y los tumores cerebrales primarios, que son aquellos que sí que crecen directamente de estructuras propias del cerebro”, aclara la doctora Cristina Aracil, jefa asociada del servicio de Neurocirugía del Hospital Universitario Quirónsalud Pozuelo.
La familia más numerosa de tumores cerebrales primarios se conoce como gliomas, dentro de los cuales hay “desde el grado 1, que son completamente benignos, hasta el grado 4, que son los más agresivos”, explica el doctor Santiago Gil-Robles, jefe del Servicio de Neurocirugía del Hospital Universitario Quirónsalud Pozuelo.
A partir del diagnóstico, los especialistas determinan la estrategia terapéutica más adecuada.
Neurocirugía de precisión
La cirugía continúa siendo una de las principales herramientas para abordar determinados tumores cerebrales.
Sin embargo, operar el cerebro plantea un reto especialmente complejo: eliminar la mayor cantidad posible de tejido tumoral sin dañar las funciones neurológicas que se encuentran alrededor.
Cuenta Carlos del Amo que lo que más le preocupaba de tener que someterse a una cirugía “era perder la habilidad de tocar la guitarra”.
Dres. Cristina Aracil y Santiago Gil-Robles.
Afortunadamente, las actuales técnicas de neurocirugía permiten aumentar la precisión de las intervenciones e incluso realizar la cirugía con el paciente despierto.
Así, durante la cirugía, el equipo médico puede comprobar que determinadas funciones cerebrales (como el movimiento o el lenguaje) siguen intactas mientras se trabaja sobre la lesión.
Tras su intervención, recuerda Carlos, “lo primero que hice fue pedir una guitarra en la habitación. En el momento en el que vi que podía tocar los acordes, la recuperación se aceleró”.
El futuro de los tratamientos
Uno de los grandes retos de la investigación sobre el cáncer es conseguir tratamientos cada vez más específicos y eficaces. Para ello, resulta fundamental conocer las características biológicas de cada tumor.
De manera complementaria a la intervención quirúrgica, la quimioterapia o la radioterapia, y en algunos casos concretos de tumores de grado 2, “hay un tratamiento dirigido a una mutación genética específica”, explica la doctora Carmen Balañá, especialista en Neurooncología del Instituto de Neurociencias Teknon, perteneciente al Grupo Quirónsalud.
“En los últimos años hemos pasado a clasificar estos tumores con biología molecular y esto hace que los tumores se hayan separado muy bien, cada uno con su pronóstico y su tratamiento”, concluye la doctora Balañá.
La investigación está permitiendo avanzar hacia una medicina más personalizada, en la que la tecnología permite mejorar la planificación y ejecución de las intervenciones y las estrategias terapéuticas están cada vez más adaptadas a las características de cada paciente.
Este es un contenido elaborado por Marcas Ñ, la sección de Branded Content de EL ESPAÑOL, en colaboración con Quirónsalud.