Una paciente se somete a pruebas de imagen en el marco de un ensayo clínico.

Una paciente se somete a pruebas de imagen en el marco de un ensayo clínico. VHIO

Salud

El optimismo frente al cáncer de páncreas va más allá de Barbacid: ya hay "bases sólidas" para grandes avances

Son numerosos los grupos de investigación que están probando diferentes vías para domar uno de los tumores más intratables.

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Por una vez en España, la ciencia está en el centro de la conversación. La ciencia de primer nivel, además, y con potencial para salvar miles de vidas.

El hallazgo del equipo de Mariano Barbacid en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) es una vía esperanzadora, aunque todavía en fase preliminar, para tratar el cáncer de páncreas, el de peor pronóstico entre los relativamente frecuentes.

No es la única. Hay tratamientos experimentales que ya están siendo ensayados y, si bien es un largo camino, se están sentando las bases para mejorar la supervivencia en uno de los tumores más temidos.

"Aunque no se espera una revolución terapéutica abrupta, existen bases científicas sólidas para anticipar avances graduales pero significativos en supervivencia y calidad de vida".

Así lo señala María José Safont, oncóloga médica del Consorcio Hospital General Universitario de Valencia y tesorera de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM).

La doctora apunta que es "poco probable que se produzca un único 'punto de inflexión' inmediato" en el tratamiento, pero sí ve un avance notable a medio plazo por "mejora progresiva y acumulativa de los resultados clínicos".

El cáncer de páncreas será el octavo tumor más diagnosticado en España este 2026, según las previsiones publicadas recientemente por la SEOM.

Serán 10.405 nuevos tumores, distribuidos de forma casi equitativa entre hombres y mujeres.

El problema es que la cifra anual de muertes no es muy inferior: en 2024 se registraron 8.392 fallecimientos. Solo el 10,3% de los hombres y el 12,1% de las mujeres sigue vivo cinco años después del diagnóstico, indican las mismas cifras de SEOM.

María José Safont señala que su mal pronóstico se debe a una combinación de factores.

Por un lado, "se trata de una neoplasia con alta agresividad intrínseca, marcada por una rápida capacidad de invasión local y diseminación metastásica temprana".

Es decir, que el tumor crece muy rápido y puede extenderse a otros tejidos de forma precoz.

Además, suele ofrecer pocos síntomas y muy inespecíficos: dolor de espalda, pérdida de apetito, hinchazón abdominal, coloración amarillenta de la piel...

Esto hace que "la mayoría de pacientes se diagnostiquen en estadios localmente avanzados o metastásicos, cuando la cirugía curativa ya no es factible".

El secreto está en el embrión

Además de su agresividad, el cáncer de páncreas "tiene un microambiente muy complejo, que hace que sea difícil que algunos fármacos lleguen a actuar contra las células tumorales", explica Joan Seoane, jefe del Grupo de Expresión Génica y Cáncer del Vall d'Hebron Instituto de Oncología.

Ese microambiente es altamente inmunosupresor, lo que impide la acción del propio sistema inmune (que mantiene a raya muchos tumores) y de tratamientos que lo potencian, una clase de fármacos que ha supuesto el gran avance frente al cáncer de la última década.

En 2010, Seoane descubrió que ese ambiente inmunosupresor que el cáncer de páncreas comparte con otros altamente agresivos como el glioblastoma lo provocaba una proteína llamada LIF.

"No aparecía en todos los tumores pero sí en algunos, los más agresivos. Por tanto, les tenía que estar dando una ventaja selectiva".

LIF tiene una función muy concreta en el cuerpo de la mujer: facilitar que el embrión se implante en el útero al impedir que el sistema inmune lo reconozca como un agente externo (pues tiene antígenos desconocidos para él, los del padre) y lo rechace.

Seoane diseñó MSC-1 un anticuerpo que neutraliza LIF y lo testó en un pequeño ensayo clínico, que dio buenos resultados.

Pero para realizar estudios suficientemente grandes "hace falta músculo económico, necesitas dinero para infraestructuras y logística, ensayarlo en muchos hospitales para tener una gran calidad de datos, etc."

En estos casos, lo normal es vender el compuesto a una farmacéutica, que tiene recursos para realizar ensayos. MSC-1 fue adquirida por AstraZeneca y acaba de finalizar un ensayo en fase II, cuyos resultados se conocerán pronto.

El fármaco forma parte de una prometedora clase de medicamentos, actualmente en ensayos clínicos, que se dirigen al microambiente tumoral. Pero hay otras opciones en marcha que conforman esas "bases sólidas" de las que habla la oncóloga María José Safont.

Se están probando nuevos esquemas de quimioterapias —potenciadas incluso con vitamina C— que logran mayor eficacia y son mejor tolerados.

Además, está habiendo avances en terapias dirigidas a mutaciones concretas en las células cancerígenas, como los genes BRCA 1 y 2, donde un fármaco ya aprobado, olaparib, ya se utiliza como terapia de mantenimiento.

También se están investigando "aproximaciones innovadoras como terapias celulares, vacunas terapéuticas, anticuerpos conjugados y combinaciones racionales dirigidas a KRAS y vías de señalización asociadas", apunta Safont.

En esta última categoría se enmarca el avance de Mariano Barbacid.

Su experimento ha consistido en tomar un prometedor fármaco en investigación, daraxonrasib, que en ensayos clínicos está logrando duplicar la supervivencia conseguida con la quimioterapia.

El medicamento se dirige al oncogén KRAS, presente en el 95% de los tumores de páncreas.

Pese a obtener una eficacia nunca antes vista en este cáncer, tiene un problema: al final, el tumor continúa creciendo.

Por eso, Barbacid probó con otros dos fármacos, dirigidos a bloquear la misma vía molecular que utiliza KRAS. Los resultados en ratones han hecho historia, pero hay que probarlo en humanos.

Para Safont, su trabajo ilustra "el potencial de estrategias combinadas y dirigidas en modelos experimentales, aportando pruebas de concepto que deberán validarse en ensayos clínicos en humanos".

"La investigación terapéutica en cáncer de páncreas es actualmente muy activa y multidireccional", señala la oncóloga.

Una parte importante de ella se está realizando en nuestro país. Nada menos que 37 grupos de investigación se han unido en la Alianza para la Investigación en Cáncer de Páncreas (Alipanc), para unir fuerzas y compartir conocimiento en este área.

Conforman un grupo heterogéneo donde comparten espacio la investigación básica (la que se produce en los laboratorios) y con la clínica (la que se hace con los pacientes), grupos públicos y privados e investigadores de todo tipo.

"Vamos por el buen camino", apunta Joan Seoane, del Vall d'Hebron. "Se están haciendo muchos ensayos clínicos, y eso es bueno".

Aunque no quiere lanzar las campanas al vuelo y advierte que "hay que tener cuidado con las expectativas", opina que la situación actual puede suponer un punto de inflexión para cambiar, por fin, el panorama del cáncer de páncreas.