Mariano Barbacid es el jefe del Grupo de Oncología Experimental del CNIO.

Mariano Barbacid es el jefe del Grupo de Oncología Experimental del CNIO. CNIO

Salud

Así quiere usar Barbacid los 30 millones que pide para curar el cáncer de páncreas: "Sólo hay financiación hasta abril"

El investigador ha puesto esa cifra sobre la mesa para finalizar los desarrollos preclínicos de su innovadora terapia y poder testarla en pacientes.

Más información: La odisea de Mariano Barbacid, 'purgado' en el CNIO y referente contra el cáncer de pancreas: "Es exigente pero jamás grita"

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Las claves

Mariano Barbacid solicita 30 millones de euros para llevar a fase clínica su innovadora terapia contra el cáncer de páncreas.

La investigación del CNIO ha logrado eliminar y controlar tumores en ratones, pero necesita más fondos para avanzar a ensayos en humanos.

Actualmente, el equipo cuenta con financiación solo hasta abril y requiere inversión para optimizar la terapia y superar las etapas clínicas.

La colaboración entre sector público y privado es clave, mientras España invierte menos en I+D respecto a otros países europeos.

Mariano Barbacid, el bioquímico español que puede revolucionar el tratamiento del cáncer de páncreas, pide 30 millones para hacer realidad este sueño.

Desde que presentó los resultados de su estudio en ratones que eliminaba y mantenía a raya el tumor más de seis meses después de finalizado el tratamiento, ha resaltado la necesidad de más financiación para avanzar en su objetivo.

"Hacen falta 30 millones de euros para empezar y determinar si en fase merece la pena seguir", comentó en aquel momento.

Aprovechando el altavoz mediático que le ha dado el logro, ha resaltado esta cifra como la que hará posible finalizar su investigación.

El premiado científico trabaja en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), donde es jefe del Grupo de Oncología Experimental.

Su investigación ha sido posible gracias a diversas y variadas ayudas y subvenciones tanto públicas como privadas, desde los fondos NextGeneration de la Unión Europea y de la Agencia Estatal de Investigación o el Instituto de Salud Carlos III hasta la Fundación CRIS contra el Cáncer.

Sin embargo, avanzar a una nueva fase de trabajo y poder ensayar la terapia en humanos requiere nuevos desembolsos.

"Tenemos financiación hasta abril de este año y para continuar con los resultados que tenemos necesitamos inversores", explica Carmen Guerra, miembro del Grupo de Oncología Experimental del CNIO y coautora principal del trabajo.

"Ahora, para las fases de química se han calculado entre 7 y 10 millones [de euros]", comenta a EL ESPAÑOL. "Los estudios preclínicos ya los tenemos financiados por la Fundación CRIS para los próximos tres años".

Los 30 millones, continúa, "son para los ensayos clínicos".

El camino que recorre un compuesto químico hasta que es aprobado como un fármaco es largo. Cómo de largo es depende de muchos factores y, sobre todo, de la financiación de cada paso.

El camino al éxito

Normalmente, se empieza con una idea para resolver un problema. Por ejemplo, diseñar una proteína que bloquee la expresión de un gen fundamental para que las células cancerígenas se reproduzcan.

Una vez fabricada esa molécula, se testa en cultivos de células cancerígenas. Si da buenos resultados, se prueba en modelos animales, ratones por lo general.

Este es el punto donde se encuentra la investigación del CNIO. El equipo de Barbacid combinó un fármaco ya conocido (afatinib) y uno en investigación (daraxonrasib) con otro desarrollado por una pequeña biotecnológica, Vega Oncotargets (SD36).

En realidad, esta empresa es una spin-off, una compañía creada por el CNIO y la Fundación CRIS contra el cáncer para poder captar fondos para desarrollar nuevos medicamentos.

"Calculamos que necesitamos dos o tres años más de colaboración con la biotecnológica" para optimizar la terapia antes de probarla en pacientes, comenta Guerra.

Hay dos razones fundamentales. La primera es que quieren buscar mejores fármacos. "Cada uno por separado funciona muy bien pero tienen cierta toxicidad e inconvenientes. Por ejemplo, el degradador de STAT3 (SD36) no se puede dar por vía oral, hay que inyectarlo".

Además, afatinib es bastante tóxico y, aunque daraxonrasib "es muy bueno, ya se han obtenido moléculas que son mejores".

La segunda cuestión es que la terapia en ratones se ha probado en tumores primarios con una mutación, pero no con más mutaciones y en cánceres metastásicos.

"El tumor en ratones no es tan agresivo como el que te vas a encontrar en el paciente", apunta la investigadora.

Guerra apunta que ya tienen otras moléculas en investigaciones preliminares "que probablemente podamos llegar a patentar incluso en abril, pero el proceso es lento: dos o tres años parece mucho tiempo pero se pasan en seguida".

La parte del león está, sin embargo, en los ensayos clínicos. Probar un compuesto en ratones es mucho más barato que hacerlo en personas.

Hace falta infraestructura, logística, capacidades de producción... De ahí que casi todos los ensayos clínicos los realizan empresas farmacéuticas.

Un estudio publicado en la revista JAMA Internal Medicine calculaba el coste del desarrollo clínico de 59 terapias aprobadas en Estados Unidos entre 2015 y 2016.

El punto medio se encontraba en 19 millones de dólares (16 millones de euros al cambio actual), si bien el coste podría dispararse a 100 veces más.

Con todo, el coste de los 18 medicamentos oncológicos aprobados fue muy superior: 45,4 millones de media (38,42 millones de euros).

Otro trabajo, publicado en la revista Clinical Trials, especificaba el coste de cada fase clínica.

En terapias oncológicas, la fase 1 de ensayos clínicos suponía un gasto de 4,5 millones de dólares (3,8 millones de euros).

En esta fase, el fármaco se suele testar en unas pocas personas voluntarias para comprobar su seguridad.

La fase 2, en la que se muestra si el fármaco es eficaz frente a la enfermedad, alcanzaba los 11,2 millones de dólares (9,5 millones de euros).

En la fase 3, que determina cuál es el beneficio para el paciente y por tanto necesita muchos más participantes, se estima en 22,1 millones de dólares (18,7 millones de euros).

Son costes, por lo general, inasumibles para cualquier institución investigadora mundial. Lo más frecuente es desarrollar una fase 1 que sirve para atraer el músculo inversor de las farmacéuticas.

Transferencia del conocimiento

Tomemos el ejemplo de otra terapia en investigación frente al cáncer de páncreas. MSC-1 fue desarrollada por Joan Seoane, jefe del grupo de Expresión Génica y Cáncer del Vall d'Hebron Instituto de Oncología.

Se trata de una molécula que se dirige a LIF, una proteína que genera una inmunosupresión local que permite crecer a algunos cánceres.

"Diseñamos un fármaco para bloquear LIF. Creamos una spin-off del VHIO e ICREA para desarrollarlo, hicimos la producción, la toxicología y la farmacología, incluso un ensayo en fase 1 en el que vimos señales clínicas y la caracterización molecular".

Los buenos resultados de MSC-1 en esa primera fase clínica atrajeron la atención de AstraZeneca, que adquirió la molécula para continuar con las siguientes fases. Actualmente, se ha cerrado la fase 2 y se están recopilando sus resultados.

La experiencia de Seoane en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center de Nueva York, donde estuvo trabajando seis años, fue fundamental para que la investigación del Vall d'Hebron no se quedara en los estantes de un laboratorio.

"Nosotros fuimos la primera spin-off del Vall d'Hebron y la primera con retorno a inversores, lo que genera un ciclo virtuoso: la inversión genera un producto que genera, a su vez, inversión para poder seguir investigando nuevos desarrollos".

Es lo que se conoce como el término de transferencia del conocimiento, algo que en España está avanzando en los últimos años "aunque seguimos con bastante desfase respecto a países como EEUU, Reino Unido o Suiza".

Lecciones como la de Seoane en el VHIO sirven para que avances como el de Barbacid y Carmen Guerra puedan llegar algún día a los pacientes.

"Lo de menos son los beneficios económicos, lo que nos interesa es curar al paciente", recuerda la investigadora.

La colaboración entre el sector público y privado es común en todas las áreas científicas. Con todo, Barbacid aprovecha siempre que puede su posición mediática para exigir una mayor inversión pública en investigación.

No es para menos. Nuestro país invierte sensiblemente menos en I+D que Alemania, Suecia, Reino Unido y otras naciones de nuestro entorno.

Mientras que la inversión media de los países de la OCDE se sitúa en el 2,7% del PIB, la de España está en el 1,5%.

Este porcentaje, sin embargo, es un récord absoluto para nuestro país, que prevé doblarlo para 2030.